Las joyas de la corona

Gabriela de Saboya nos cuenta qué pasó con las joyas de su familia.

"Acepté la herencia de mi madre cuando falleció. Pero el impuesto de sucesión era altísimo. ¡Casi un millón de francos suizos! Tuve que pedir un préstamo para pagarlo y luego organicé una puja en Christie’s para vender joyas y recuperar parte del dinero”, recuerda la princesa Gabriela de Saboya desde su casa de Suiza. Sus tres hermanos, María Pía, Víctor Manuel y María Beatriz, decidieron renunciar a la herencia. “Pero a mí me daba mucha pena que los objetos de mi madre terminaran en una almoneda pública”, reconoce.

Tras la subasta de Christie’s, tres de sus seis sobrinos le reclamaron dos tercios de la venta. “Los derechos sucesorios habían pasado de sus padres a ellos y cuando vieron que había algo que repartir reclamaron su parte de la herencia. Llevamos ocho años de pleitos”, explica resignada Gabriela.

La reina María José falleció en Suiza a los 94 años. Había salido de Italia en 1946, cuando los italianos abolieron la monarquía y declararon la República. Ella y su marido, Humberto II, se exiliaron en Portugal con sus cuatro hijos. En Italia, además de su vida, dejaron las joyas de la corona. “Eran propiedad de mi familia pero mi padre optó por dejarlas en custodia para no dar la impresión de que salía del país con un tesoro debajo del brazo”, continúa la princesa. Además, los Saboya pensaban que podrían volver pasados dos o tres años. Pero eso nunca ocurrió. Las joyas permanecen desde entonces en una caja fuerte en el Banco de Italia: “Bulgari me dijo que las había visto. ¡Pero de eso hace 30 años! Quién sabe. Igual han desaparecido…”.

El conjunto regio incluye 14 piezas en las que además de brazaletes y collares hay una espectacular diadema que la reina Margarita, su bisabuela, encargó a unos joyeros italianos: “Los Saboya firmamos un documento para que el Estado italiano haga una exposición permanente. Que al menos alguien disfrute de ellas”. De los cuatro hermanos, Gabriela se ha convertido en la guardiana del apellido Saboya. “Me gusta mucho la historia. Desde pequeña realizaba largos viajes con mi padre. Fuimos a Turquía, a la URSS… Él me contaba historias y yo le escuchaba embobada”, recuerda. La vida de los Saboya no siempre fue fácil. Tras el exilio, las chicas de la familia se quedaron a vivir con su padre en Portugal, mientras la reina María José se mudó a Suiza con su único hijo varón. La relación de Gabriela con sus hermanos ha pasado por muchas fases pero lo que más le duele es el contencioso que sus sobrinos Dimitri (58 años), Sergio (53) y Azalea (42) mantienen contra ella para reclamarle dinero. “Lo que tendrían que hacer es ponerse a trabajar”.


*Artículo publicado en nuestra edición impresa de enero.