La infanta Elena de España o cómo ser una verdadera ‘royal’

Una retrógrada ley apartó de la sucesión directa al trono de España a la primogénita de los reyes Juan Carlos y Sofía.

De haber nacido varón otra vida bien distinta le hubiera deparado a la infanta Elena de España. La ley sálica la apartó del puesto de heredera al trono, pese a ser la primogénita, en favor de su hermano pequeño, el actual rey Felipe VI. Quizá España ha perdido a una magnífica reina, pero, sin duda, ha ganado una gran dama de la realeza de las que abundan poco: capaz de aunar cercanía y majestuosidad casi al mismo tiempo.

La tercera en la línea de sucesión a la Corona española –por detrás de su hermano y sus sobrinas, la princesa Leonor y la infanta Sofía– es quizá la más borbónica de todos los habitantes que han pasado por el Palacio de la Zarzuela. Elena es muy parecida a su padre, el rey Juan Carlos. Ambos saben conjugar a la perfección el espíritu campechano con las tareas propias de su condición, un don que solo ellos poseen. Son amantes del buen comer, muy patrióticos y les encantan los toros. Además, la primogénita siempre ha sido el ojito derecho de su padre.

Elena ha sido siempre la perfecta hija de reyes. Sus padres, especialmente su madre, la reina Sofía, amante del linaje y de las tradiciones, no cabía en sí de gozo cuando su hija mayor decidió casarse con Jaime de Marichalar, un aristócrata de una familia de la alta nobleza española. Un amor tranquilo, sin estridencias.

Dicen los que conocen a la infanta que Jaime la fue conquistando poco a poco con carísimos detalles. Lo suyo no fue un flechazo, pero se acabaron casando el 17 de marzo de 1995 por todo lo alto en una de las ciudades con más solera de España, Sevilla.

La pareja ha tenido dos hijos: Victoria Federica y el siempre carismático Felipe Juan Froilán. Sin embargo, la estampa familiar no les duraría mucho. En 2007 la Casa Real anunció de manera oficial “el cese temporal de su convivencia matrimonial” que se ratificaría en un divorcio definitivo años después. Esta separación convertía a la infanta en la primera divorciada de la historia de la Corona Española.

Una infanta de alta costura
El paso de Marichalar en la vida de la princesa dejó huella en la joven. Él, gran amante de la moda y del lujo, logró que Elena sacara lo mejor de sí misma. Sin ser una mujer especialmente bella, Elena se transformó en una royal sofisticada. En aquellos años la prensa aguardaba con ansia sus apariciones públicas siempre deseosa de analizar cada uno de sus barrocos estilismos, inspirados en la cultura española. La hija de reyes que vestía de forma clásica, sin gracia y algo anodina, dio paso a una mujer con los pies en la tierra dispuesta a sacarse el máximo partido.

Para lograr su metamorfosis adelgazó, acudió a talleres de alta costura e invirtió en complementos rompedores. Por fin España tenía un miembro de la realeza que podía hacer sombra a la mismísima Carolina de Mónaco. Especialmente alabados fueron los conjuntos de alta costura que llevó a las bodas de sus hermanos rematados con una exquisita pamela y mantilla. Por arte de magia, la eterna segundona se había convertido en un ejemplo de elegancia para mujeres de medio mundo. Elena aparecía en las listas de personalidades con más charm y clase del planeta.

Esta sofisticación que proyectaba en el exterior no era más que el reflejo de la seguridad que su marido le había inculcado. Pese a su divorcio, la infanta sigue haciendo gala de un personalísimo estilo en el que combina la ropa de sport con impecables trajes de chaqueta y su seña de identidad: el pelo recogido.

Un viejo estigma
Tras su divorcio la infanta, el primer miembro de la realeza española que tuvo un empleo, dejó su trabajo de profesora en una guardería para trabajar en la fundación de una empresa de seguros. A sus 52 años, la infanta aún no ha rehecho su vida sentimental, vive volcada en su maternidad y en su afición por la hípica (es una excelente amazona).

Pese a que han pasado ya muchos años de su divorcio, las tensiones con su ya exmarido siguen vigentes, especialmente por desavenencias a la hora de educar a sus hijos. Ambos adolescentes están internos en colegios de España e Inglaterra, lo que ha provocado fuertes discusiones entre Jaime y Elena por si este tipo de centros son los más apropiados para Victoria Federica y Froilán.

Aunque la infanta se ha puesto el mundo por montera y lleva una vida plena, hay un estigma que parece que le acompaña siempre. “A Elena la han vapuleado desde la infancia con el rumor de que tenía graves problemas de aprendizaje. Y es muy injusto. Fue la primera que trabajó fuera de la Corona, la primera en tener cargos ejecutivos y no honoríficos. Tiene vocación para la enseñanza y mucha sensibilidad con los niños con problemas y las terapias alternativas con caballos”, comentaba a Vanity Fair España una amiga de la infanta en 2012.