Iñaki Urdangarin: de yerno perfecto a repudiado

Acusado en el ‘Caso Nóos’ y sin título de duque, poco queda de ese exdeportista olímpico que gozó de gran popularidad.

Encarnaba al marido que toda madre quiere para su hija: apuesto, educado, deportista, de buena familia y con aparente cara de bueno. Los años y un escándalo judicial han hecho que esta imagen idílica se fuera rompiendo en mil pedazos. Iñaki Urdangarin, marido de la infanta Cristina de España —hermana del rey Felipe VI— se ha visto envuelto en una serie de escándalos judiciales por delitos fiscales que le han convertido en persona non grata en el Palacio de la Zarzuela.

En su juventud Iñaki no pasaba inadvertido. Las admiradoras no le faltaban y entre ellas se encontraba una muchacha hija de reyes. La infanta Cristina conoció a su marido durante los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996. Ella se quedó embelesada al verle jugar un partido de balonmano y cuentan que pidió su número de teléfono. Él dejó a su novia por la infanta y empezaron a salir. Se casaron por todo lo alto en 1997 en Barcelona en una boda en la que toda España pudo ver la buena percha de este joven, lo unido que estaba a su familia y la gran pareja que hacía junto a la infanta.

Pasaron los años y Urdangarin se convirtió en el yerno ideal en la cultura popular española. Los niños no tardaron en llegar y los Urdangarin-Borbón se convirtieron en familia numerosa con cuatro niños (tres niños y una niña) tan guapos y rubios como sus flamantes padres.

La estampa idílica no paraba de crecer y pronto necesitaron una vivienda mucho más grande. La familia se trasladó a un lujoso palacete en una de las zonas más caras de Barcelona, mientras empezaban los primeros rumores sobre cómo un exdeportista podía hacer frente a semejantes gastos. Fue en aquella época cuando fundó la empresa Nóos Consultoría Estratégica.

En 2011 su nombre se vio envuelto en un caso judicial en el que se le imputaban presuntos delitos durante su actividad en Nóos de evasión de impuestos, fraude fiscal, prevaricación, falsedad documental y malversación de caudales públicos. Desde ese año su imagen pública fue deteriorándose a medida que la Justicia sacaba a la luz nuevas pesquisas del caso.

“Comportamiento poco ejemplar”
Fue precisamente esta imputación la que hizo que la Casa del Rey le apartara de las actividades oficiales “por su comportamiento poco ejemplar”. Desde entonces la relación, primero con el rey Juan Carlos y luego con Felipe VI no hizo más que empeorar ya que ponía en tela de juicio el papel de la monarquía en toda la polémica.

Los investigadores fueron tirando del hilo y finalmente su mujer, la infanta Cristina, también fue imputada por delitos fiscales convirtiéndola así en el primer miembro de la Casa Real española en enfrentarse a la justicia.
La situación en Palacio era insostenible. La figura de don Juan Carlos se vio muy deteriorada, entre otros, por el caso Urdangarin y algunas voces de la sociedad española ya pedían su abdicación. ¿Hasta qué punto sabía la más alta institución de los negocios de Urdangarin? Por otro lado, el heredero quería poner distancia y en ningún caso deseaba que su futura llegada al trono se enturbiara. La relación entre don Felipe y su hermana se volvió gélida.

Avergonzados y muy cuestionados, la familia se trasladó a Ginebra para alejarse de toda la polémica y para no perjudicar más la imagen de la monarquía.

Abdicación de don Juan Carlos
En el verano de 2014 don Juan Carlos abdicaría en favor de su hijo. Desde ese momento Felipe VI impuso una política de austeridad y ejemplaridad en la Casa Real y apartó definitivamente a su hermana de su vida. Les retiró el título de duques de Palma y jamás han vuelto a aparecer juntos ni en público ni en privado. Don Felipe quiso así dejar claro que la monarquía sería implacable con la corrupción y que nada tenía que ver la Corona con los asuntos de uno de sus miembros, por mucho que este fuera cuñado del rey.

En diciembre de 2014 la Fiscalía anticorrupción pidió una condena para Iñaki de 19 años y 6 meses de prisión y una multa de 3.5 millones de euros por el desvío de fondos públicos. El juicio comenzó en enero de 2016 y aún falta mucho para saber la condena de Urdangarin, ese deportista tímido de apariencia perfecta que quizá por ingenuo o demasiado ambicioso se dejó embaucar por los cantos de sirena de algún empresario sin escrúpulos que le hizo pasar de lo más alto a arrastrarse por el fango.