Imán de Jordania y la pesada losa de ser hija de Rania

Las segunda hija de los reyes Hachemitas ya tiene 19 años, y su madre intenta hacer de ella la heredera natural de su estilo.

Ser hija de una de las mujeres más guapas del planeta, con un carisma arrollador, una preparación académica sobresaliente, comprometida con los derechos de la infancia y de las mujeres árabes, y que conserve un cuerpo de modelo después de cuatro embarazos no debe ser nada fácil. Este es el difícil reto al que se enfrenta Imán, la segunda hija de los reyes Abdalá II y Rania de Jordania.

Imán bint Al Abdullah ya no es esa niña tímida que iba de la mano de su madre en actos oficiales en Amán o en cualquier lugar del mundo. A sus 19 años la joven intenta brillar con luz propia, eso sí siempre bajo la batuta de la mejor maestra que podría tener: la reina Rania.

Rania de Jordania o la historia de la reina más chic del mundo

Desde hace unos meses esta joven princesa se está haciendo un hueco en el panorama internacional. Su mayor presencia mediática no es fruto de la casualidad y está muy bien orquestada por la carismática Rania de Jordania. La monarca hachemita sabe que cualquiera de sus apariciones –tanto públicas como privadas– generan un enorme interés y por eso, para que el mundo se dé cuenta de cómo su hija se ha convertido en una mujer con estilo, se la ha llevado de viaje oficial. Además, por si los fotógrafos no hubieran captado la mejor instantánea, la propia reina ofrece imágenes de ambas en las redes sociales, porque sí, Rania también es la ‘Reina de Instagram’.

Estreno en París

Como no podía ser de otra manera el estreno de la princesa fue por la puerta grande. Nada mejor que París, la capital mundial de la moda, para mostrar al mundo los encantos de Imán. Aunque el heredero al trono de Jordania es el príncipe Hussein, hermano mayor de Imán, Rania ha decidido que su legado como icono de la moda recaiga en su segunda hija.

Pese a los esfuerzos de su madre, de momento, la joven Imán lo tiene difícil. Y es que no es fácil parecerse a una mujer que, a priori, aglutinaría todas las cualidades esperables en una royal: una figura envidiable a sus 45 años y unos rasgos, refinados por el bisturí, que son la envidia de miles de mujeres de Oriente y Occidente. Viéndolas juntas se podría decir que están más cerca de ser hermanas que de ser madre e hija.

Las facciones de la joven Imán no son tan occidentalizadas como las de su madre, en gran medida por el parecido que guarda con su padre, el rey Abdalá. Su cara es más ancha y su mirada, menos expresiva. Sin embargo, Imán ya se tiñe el pelo, de un rubio bastante intenso para su edad y fisonomía. Al igual que su madre, la joven también lleva el pelo largo, aunque su cabello es mucho más rebelde. Por si fuera poco, la mano de Rania también se nota en el maquillaje de su sucesora, con unos ojos demasiado pintados para una chica de 19 años que lo único que le hacen es ponerle años encima.

Colores claros y bolsos de grandes marcas

En cuestiones de estilismo, Rania ha intentado hacer de su hija un clon suyo. Ambas llevan colores claros, son aficionadas a los bolsos de grandes marcas y a las sandalias abotinadas. Sin embargo, el cuerpo de la hija no es tan esbelto ni tiene la altura del de la madre y ese tipo de calzado le acorta la pierna. En algunas ocasiones, la joven ha pecado de unos outfits demasiado clásicos y conservadores para su edad.

Cuestiones de moda a parte, Rania también intenta que su hija tenga una sólida educación y se convierta en una prometedora ejecutiva como lo fue ella antes de casarse (la reina Hachemita trabajó en Citigroup y en Apple). Por eso Imán está estudiando en la Universidad de Georgetown, institución que gusta mucho entre los miembros de la realeza, y a la que también acude su hermano mayor. Para seguir haciendo de Imán una princesa de manual, Rania también le hace partícipe de todos los proyectos en defensa de la infancia y de la mujer árabe.

Aún es pronto para saber si la joven Imán podrá algún día ser la digna heredera de su madre. En cualquier caso siempre podrá echar mano de un bolso de Louis Vuitton o de un buen cirujano para dejar el pabellón bien alto.