Dos años sin Cayetana, la duquesa que siempre vivió a su manera

Era aficionada a los toros, asidua a la Feria de Sevilla y amante de las playas de Ibiza.

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Gran aficionada a los toros, asidua a la Feria de Sevilla y amante de las playas de Ibiza, a dos años de su muerte es difícil olvidar a alguien con la personalidad que tuvo la Duquesa de Alba. Nacida en el madrileño Palacio de Liria y siendo la aristócrata con más títulos de Europa –49 títulos nobiliarios, 20 de ellos con Grandeza de España– Cayetana Fitz-James Stuart siempre se destacó por hacer lo que le daba la gana, pesase a quien pesase.

Criada en un ambiente aristocrático, ahijada de los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, y consciente ya desde pequeña que en sus manos iba a estar el legado de la Casa de Alba, fue capaz de saltarse los convencionalismos de la alta aristocracia española y ganarse el cariño y la simpatía de la gente de la calle convirtiéndose en la “Duquesa del Pueblo”, a pesar de que hasta la misma reina de Inglaterra tendría que arrodillarse para saludarla, según manda el protocolo, por tener Cayetana más títulos que ella. Quitándole hierro a este asunto, “es una tontería”, contestaba cuando alguien hacía referencia al hecho de que su sangre fuera la más azul de Europa. Aunque como ella misma reconoció, “yo no he hecho nada que perjudicara el buen nombre de mis apellidos y mis títulos”

Se casó en tres ocasiones, las tres por amor, sin importarle, sobre todo en las dos últimas, la opinión de su clase, de sus hijos o de sus amigos. Apasionada como lo fue toda su vida, Cayetana no pensaba renunciar al amor. Fue con Pepe Luis Vázquez, su gran amor de juventud al que conoció con 19 años, con el único con el que le pudo el sentido de la responsabilidad o el hecho de que su padre no aceptara con buenos ojos que tuviera una relación con un torero, la única vez que Cayetana no se dejó guiar por sus deseos. Dos años después, en 1947, la entonces duquesa se casaba con Luis Martínez de Irujo, padre de sus seis hijos y con el que le tocó llevar a cabo la rehabilitación del Palacio de Liria y tomar posesión del título de Duquesa de Alba en 1953 tras el fallecimiento de su padre.

Después de haber viajado por todo el mundo y codearse con la misma alegría con la aristocracia europea que con los actores de la época dorada de Hollywood, y tras enviudar de su primer marido, Cayetana no se iba a quedar llorando su muerte en palacio, y a los pocos meses retomó su intensa vida social. Fue entonces cuando conoció al exjesuita Jesús Aguirre y, aunque los dos reconocieron que la primera vez que se vieron se cayeron fatal, seis años después contrajeron matrimonio causando un gran revuelo. Fue la época en la que era frecuente verlos en Ibiza, donde el matrimonio se construyó una mansión y Cayetana dio rienda suelta a su libertad. La pareja se dejaba ver en las playas o comprando en los mercadillos, y a Cayetana luciendo los vestidos ibicencos y las pulseras y collares de los mercadillos con tanta gracia como cuando se ponía el traje de gitana para ir a la Feria de Abril de Sevilla.

A los 75 años la Duquesa volvió a enviudar, pero encontró de nuevo el amor junto a Alfonso Díez, 24 años más joven que ella, y con el que, a pesar de la oposición de sus hijos, se casó en 2011. La boda, en su querida Sevilla, con el pueblo volcado en la calle, fue la más clara demostración de que nada ni nadie se le interpone a Cayetana. Enfundada en un vestido rosa de Vittorio y Lucchino no tuvo ningún inconveniente, a la salida de la misa, en descalzarse y ponerse a bailar sevillanas en plena calle demostrando así su felicidad, mientras la gente le jaleaba con las palmas.

Tan poco le importaba que sus hijos se opusieran al enlace que incluso, para que la dejaran disfrutar de su amor y no temieran por su patrimonio, repartió la herencia en vida volviéndose a salir con la suya y sin importarle que dos de ellos, Eugenia y Jacobo no acudieran a su boda.

Y es que Cayetana fue un alma libre, una adelantada a su época. Y así lo demostró durante toda su vida, como cuando la sociedad sevillana dio la espalda a su amiga Carmen Tello por haberse divorciado y ella se mantuvo fiel a esa amistad; o cuando sus hijos se han separado de sus parejas y ella ha seguido viendo a los que un día formaron parte de su familia, como es el caso de Francisco Rivera, ex marido de su hija Eugenia, o Genoveva Casanova, ex mujer de Cayetano.

Todo eso se reflejaba también en su sencillez, en la cercanía que mostraba con la gente de la calle, en arrancarse a bailar en la Feria de Sevilla como una más, en mimetizarse con el ambiente ibicenco luciendo como nadie los vestidos hippies típicos de la isla, sin importarle nunca el qué dirán y anteponiendo siempre su felicidad a todo lo que se le pusiera por delante hasta los últimos días de su vida. Ya lo dice el refrán: Genio y figura, hasta la sepultura.