Don Juan de Borbón, el rey que nunca reinó, a la espera de sepultura

Hace 23 años murió el abuelo de Felipe VI. Sus restos aún tienen que pudrirse para ser trasladados al panteón real.

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Hijo de rey, padre de rey y nieto de rey de España. Sin embargo, él, Don Juan de Borbón, nunca llegó a reinar. Este es el curioso destino de una de las figuras de la realeza más interesantes y peculiares de la historia española reciente.

A Don Juan le tocó vivir en una España convulsa llena de carambolas históricas que perfilarían su vida. Recién cumplida la mayoría de edad tuvo que exiliarse con sus padres –Alfonso XIII, Victoria Eugenia de Battenberg y sus seis hermanos– por la llegada de la Segunda República. Don Juan era el quinto hijo de los reyes españoles así que no estaba, ni por asomo, predestinado a convertirse en heredero. Pero, sus hermanos varones mayores Alfonso y Jaime renunciaron al trono. El primero, para poder casarse con una plebeya (décadas más tarde el actual monarca se casaría con una periodista divorciada) y, el segundo fue obligado a renunciar a sus derechos dinásticos por padecer sordera. Sus hermanas Beatriz y María Cristina, aunque eran mayores que él, fueron apartadas de la línea sucesoria por la ley sálica. Fruto de este cúmulo de coincidencias, don Juan, al que en su madurez se le concedió el título de Conde de Barcelona, se convertía en el heredero a la Corona de España.

Los años pasaron y la situación de España no hacía más que empeorar. En 1936 estallaba la Guerra Civil mientras el conde de Barcelona seguía peleando por sus derechos. En un primero momento el conde apoyó al bando liderado por el general Francisco Franco al que incluso llegó a felicitar por su victoria en la contienda. Sin embargo, esta relación se enrareció con el paso de los años y fue definitiva para el futuro de don Juan. Años más tarde, su padre, Alfonso XIII moría dejando a Juan el destino de la Corona Española.

Tensa relación con Franco
Con la guerra acabada don Juan intentó hacerse con el trono español y cuanto más empeño ponía más distante, fría y polémica era su relación con el dictador. Unas tensiones que fueron a más y se tornaron en rencor. Pese a su empecinamiento en ser rey, Franco dictó una ley por la cual sería el dictador el que designaría a su sucesor “a título de Rey o Regente en cualquier momento”. Con una relación tan enquistada, Franco decidió instaurar la monarquía en la figura del príncipe Juan Carlos, hijo del conde de Barcelona, dejando así más que patente la pésima relación que ambos tenían. Finalmente en 1977 don Juan se daba por vencido y renunció oficialmente a sus derechos dinásticos en favor de su hijo y sus descendientes.

Ya con la transición democrática española, don Juan por fin pudo vivir un periodo de agridulce tranquilidad. Por un lado, vio con orgullo como su hijo se proclamaba Rey, pero por otro, esto suponía perder definitivamente el trono por el que tanto había luchado desde su juventud.

Con los años, la relación entre don Juan y Juan Carlos I mejoró bastante ya que había quedado dañada tras la injerencia de Franco en la cuestión monárquica. De hecho, don Juan y su esposa, María de las Mercedes de Borbón, fueron unos entregados abuelos con los hijos del rey Juan Carlos y la reina Sofía.

Un tatuado lobo de mar
Las infantas Elena y Cristina y Felipe VI aprendieron de su abuelo el amor al mar. Don Juan fue un experimentado marinero formado en la Escuela Naval Militar española y en la Royal Navy británica y ya en su madurez era común verle pasar sus ratos libres a bordo de un barco. De hecho, y como buen marinero, don Juan dejó constancia de sus hazañas marinas tatuándose dos dragones en los antebrazos, algo poco conocido por el gran púbico ya que casi siempre solía llevar manga larga en sus apariciones públicas.

El 1 de abril de hace 23 años un cáncer de laringe le apartó definitivamente del mar. Su funeral fue de Estado y con honores de rey, por expreso deseo de su hijo que también quiso que en su lápida funeraria aparezca como “Juan III” para reconocerle lo que en vida le arrebataron.

Desde 1993, año en el que murió, el cuerpo de don Juan se encuentra en el “pudridero” del Monasterio de El Escorial de Madrid, un lugar designado para la descomposición y momificación de los cuerpos de la monarquía. Posteriormente, será trasladado a la urna que le corresponde en el panteón real de dicho monasterio donde descansan eternamente los reyes y reinas de España.

En 2018 y en una sencilla ceremonia familiar sus restos serán trasladados al lugar que le corresponde en el panteón real, rodeado de ilustres monarcas españoles, como el rey que podría haber sido y nunca fue.


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