¿Se quedará Charlène de Mónaco con el príncipe Alberto?

Han pasado cinco años, plazo que ella firmó como acuerdo nupcial, ¿y ahora?

Este viernes 1 de julio se cumple ese plazo que muchos esperaban llegara, a lo mejor la que más estaba expectante es Charlène Wittstock, la princesa que firmó un contrato nupcial con el príncipe Alberto II para estar casados por cinco años y tener al menos un hijo que fuese heredero al trono de este principado.

Desde el día uno, esta unión estuvo rodeada de rumores porque todo parecía arreglado, la pareja no lucía tan enamorada y, con el tiempo, la princesa comenzó a hacerse cada vez más ausente en los eventos oficiales de la casa de Mónaco y a mostrar distancia con la familia Grimaldi.

Si bien, la exnadadora sudafricana no ha ocultado estar ahí por puro compromiso, tampoco ha dado muestras de querer abandonar a la casa real. Charlène ha declarado que a su esposo la une su compromiso con las labores humanitarias, proambientales y de educación que desempeñan, por lo que es probable que aunque siga con su tendencia a alejarse de los Grimaldi, no lo haga del todo.
 

Charlène y el príncipe Alberto se les vio juntos por primera vez durante la ceremonia de los Juegos Olímpicos de Invierno en Turín en 2006, en ese año se supo que comenzaron una relación. En 2010 se comprometieron y ella comenzó a aprender francés y monegasco. El 1 de julio de 2011 se casaron en el Salón del Trono del Palacio Grimaldi y ella, protestante, se convirtió al catolicismo.

Su luna de miel ocurrió en Sudáfrica, país natal de Charlène, en ese momento comenzó la polémica alrededor de su matrimonio, porque periódicos y revistas de prensa rosa publicaron que los príncipes dormían en hoteles distintos. Y así, su matrimonio transcurrió con rumores; el 10 de diciembre de 2014 nacieron los mellizos de la pareja real: Gabriela María Teresa y Jaime Honorato Raniero, príncipe heredero al trono de Mónaco.

Con todo y su mirada triste y sus ausencias, aún es apresurado saber cuál será el destino de esta mujer que ha cautivado por su belleza, por su historia y hasta por su corte de pelo.