Ana de Inglaterra, la menos escandalosa de los Windsor

Divorciada dos veces y volcada en causas benéficas, esta princesa podría haber sido reina de Suecia o premio Nobel.

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Es una de las personas más influyentes y más cercanas a la reina Isabel II de Inglaterra y, sin embargo, sigue siendo una gran desconocida. Puede que ser la única hija de la monarca británica y del Duque de Edimburgo le haya dado ciertos privilegios en el Palacio, pero el hecho es que la princesa Ana del Reino Unido, quien cumple este 15 de agosto 66 años, se ha convertido en uno de los miembros de la realeza más discretos de la isla europea.

Pero detrás de esta mujer de mediana edad, convertida ya en abuela, se encuentra una de las biografías más apasionantes del siglo XXI y una mujer que, aunque siempre en un segundo plano, es uno de los miembros de la monarquía más queridos por los ingleses.

Pero ¿quién es esta mujer de peinado inalterable e inconfundible estilo british a la hora de vestir? Pocos sabrán, pese a su aspecto de maestra de escuela, que esta mujer rompió corazones en su juventud y que podría haber sido, entre otras cosas, reina de Suecia o premio Nobel de la Paz.

Ana pertenece a esa última generación de royals que tuvieron niñera, que ha vivido entre viejas tradiciones y la modernidad de los años 60 y 70. De niña fue educada por institutrices, para más tarde acudir a internados. De bien joven la princesa Ana viajó mucho, bien con sus padres o bien sola por las naciones de la Commonwealth, obligaciones que compatibilizaba con sus labores de dama de honor en las bodas familiares de la época al ser la única chica de entre todos sus hermanos.

Enamorada de un militar
Ana era una joven bastante atractiva y su pertenencia a una de las monarquías más importantes del mundo incrementaban los candidatos a ocupar su corazón. Entre sus pretendientes estuvieron el aristócrata Brian Alexander, Michael Depreé y el mismísimo Rey Carlos Gustavo de Suecia. Fue con Richard Meade con quien mantuvo su relación más larga. Sin embargo, Ana, de gustos sencillos a la que no impresionaban los nobles con castillos, se enamoró de un plebeyo: el teniente del Regimiento de Dragones de la Reina, Mark Phillips. Se conocieron durante los Juegos Olímpicos de México y la pasión de ambos por la hípica les unió.

El matrimonio se casó en la Abadía de Westminster y tuvieron dos hijos. Sin embargo rumores de infidelidades hicieron que la pareja se separara en 1989, siendo la primera de los hermanos Windsor en romper su matrimonio. La siempre discreta Ana se divorció, previa autorización de su madre, de forma callada y sin dar portadas a los tabloides británicos. Nada que ver con los escándalos que años después protagonizarían sus hermanos y excuñadas.

 

Víctima de un atentado
Como personalidad de primer nivel, Ana y su marido sufrieron un atentado cuando un desequilibrado disparó contra ellos. También una mafia de la droga intentó secuestrarla en Brasil para reclamar la liberación de su capo.

Además de experta amazona, la princesa es una militar consumada. Conoce el ejército británico a la perfección, participa en multitud de maniobras militares y pertenece a la Brigada de Ambulancias y Cuerpo Auxiliar femenino del ejército. Es frecuente verla vestida con el uniforme de coronel pasando revista a las tropas.

El mundo castrense, además, le otorgó otra segunda oportunidad en el amor. En 1992 se casaba con el comandante de Marina Timothy Laurence, tras tres años de relación. Esta boda fue mucho más sencilla que la primera, con menos invitados y marcada por el estilo clásico y discreto de la princesa real.

En su atareada agenda, la hija de Isabel II, también tiene tiempo para las causas benéficas. Es presidenta de Save the Children desde 1969 lo que le ha llevado a viajar con frecuencia a África y Sudamérica. Su encomiable labor en aras de una mejora en las condiciones de vida de los niños del tercer mundo fue reconocida por el presidente de Zambia, Kenneth Kaunda, que la propuso como candidata al Premio Nobel de la Paz.

En la vida de esta princesa, en la que parece caber de todo, también hay lugar para los litigios con la justicia. El 30 de septiembre de 2002 vivió uno de sus episodios más surrealistas cuando tuvo que comparecer ante la Justicia después de que uno de sus perros mordiera a unos niños en un parque de Londres. La princesa se declaró culpable tras haber dejado a su can corretear sin control.

En su actual papel de abuela, Ana tiene un perfil público mucho más bajo, aunque siempre será la fiel escudera y consejera de su madre y, como ha hecho siempre, en un discretísimo segundo plano.