Ameerah al Taweel, la princesa saudí que aspira a ser la nueva Rania

Tiene 32 años, no lleva velo y conduce en un país en el que las mujeres tienen prohibido ponerse al volante.

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Por su larga cabellera azabache, sus medidas de infarto, su ropa de diseño y sus impresionantes ojos, Ameerah al Taweel bien podría ser una candidata a Miss Mundo. Nada más lejos de la realidad. A esta joven princesa le interesan más las causas humanitarias y la situación de las mujeres de su país, Arabia Saudí, pero siempre con ese toque de glamouroso lujo de las royals árabes que tanto fascina en Occidente.

Pese a su juventud, tiene 32 años, Ameerah empieza a ser conocida más allá de la Península Arábiga, donde su presencia resulta incómoda, y aspira a convertirse en la nueva Rania, preocupada por la filantropía, la educación, la igualdad de oportunidad y la mejora de las libertades en el Reino del Desierto. Sorprende que en la opaca Arabia Saudí, donde la monarquía absolutista lo inunda todo y las mujeres son relegadas a un segundo plano (no pudieron votar hasta 2015 y tienen prohibido conducir) esta princesa aparezca sin velo, conduzca y tenga una presencia pública muy activa, tanto en internet como en foros internacionales de primer nivel.

Un marido 28 años mayor que ella
La historia de Ameerah al Taweel bien podría ser un cuento de hadas, o en versión saudita, de las mil y una noches. Nació en el seno de una familia beduina y cuando apenas tenía 18 años conoció a su ya exmarido el príncipe Alwaleed bin Talal, sobrino del anterior rey del país, Abdullah, en una entrevista para el periódico de su colegio. Años más tarde se reencontrarían y se casarían, pese a la diferencia de edad, Ameerah era 28 años más joven que él.

Tras casarse la joven princesa conoció otro mundo: el lujo árabe del que provenía su marido, que además de ser miembro de la familia real, es uno de los hombres más ricos del mundo. Alwaleed es dueño de Kingdom Holding, un grupo que cotiza en la Bolsa saudí con intereses económicos en grandes compañías como Apple o Coca Cola. Su abultada fortuna le permite ser un gran filántropo. De hecho algunas de las más importantes donaciones económicas de la historia. Sin embargo el amor no les duró mucho. Tras dos años de convivencia la pareja se divorció. No obstante, la avispada Ameerah aprovechó el tiempo que estuvo con el príncipe. Se sacó la carrera de Administración de Empresas en la Universidad de New Haven (Conética), pero Ameerah no tuvo que viajar a Estados Unidos ya que su todopoderoso marido fletaba sus aviones privados para que los profesores viajasen hasta Riad y la dieran clase en palacio. No es de extrañar que con semejante despliegue se licenciase con matrícula de honor.

Como agudo hombre de negocios, Alwaleed se dio cuenta del potencial que tenía su glamurosa mujer de cara a ‘vender’ su filantropía: él ponía el dinero y ella el mensaje. La ecuación no podría salir más perfecta para captar la atención de medios internacionales que empezaron a fijarse en una belleza morena que, además de una cara bonita envuelta en alta costura y bolsos carísimos, hablaba sobre la necesidad de apertura de Arabia.

Activista en uno de los países más misóginos del planeta
Aunque cabría esperar que al separarse de su príncipe Ameerah adquiriría un perfil bajo, la joven beduina se está convirtiendo en toda una influencer y una verdadera activista en uno de los países más misóginos y restrictivos con los derechos y libertades de su población. Además, guarda una excelente amistad con su exesposo, quien apoya cada uno de sus pasos.

En su país, sus ideales y su estilo de vida le han causado más de una reprimenda pública por parte de la monarquía que la considera una “muñeca para occidente”. Ella no ceja en su empeño de ser la adalid de la nueva mujer árabe. “El velo es una elección. Hay que respetar a las mujeres con velo, por supuesto, pero las que no lo llevan no son menos musulmanas. Debe ser nuestra elección, y solo Dios puede juzgarnos”, explicó hace años en una entrevista en la cadena Bloomberg en la que añadió que “la prohibición de que [las mujeres] conduzcan no es una tradición, sino un tabú promovido por gente estrecha de miras”. Unas declaraciones que levantaron ampollas en Riad, muy estricto con las prohibiciones de las mujeres. Estas labores de filantropía le han llevado a ganar distintos premios por el fomento de los derechos de las mujeres.

No obstante, Ameerah sabe que de haber algún cambio en Arabia será poco a poco y en ningún caso una revolución. “Creo en la evolución, no en la revolución”, dijo en unas jornadas internacionales. De momento esta belleza árabe solo se atreve conducir por el desierto y en el extranjero. Solo el tiempo verá si su lucha ha surtido efecto.


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