Amadeo de Bélgica, el príncipe que lo dejó todo por una vida normal

Cambió su país natal por Nueva York; se casó sin el permiso de su tío, el rey de Bélgica, y perdió su sucesión al trono… pero no podría estar más feliz al respecto.

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Cuando eres un miembro de la realeza, es normal crecer rodeado de un estricto protocolo, normas de comportamiento y expectativas previamente decididas sobre tu vida. Sin embargo, hay quienes prefieren dejar de lado sus privilegios a la corona con tal de llevar una vida lo más normal posible. Ese es el caso del príncipe Amadeo de Bélgica, el apuesto primogénito de la princesa Astrid de Bélgica y su esposo, el archiduque Lorenzo de Austria-Este, de 29 años de edad.

Formado en prestigiosas escuelas como el Instituto Sevenoaks en Kent, Inglaterra, la Real Academia Militar de Bélgica y la London School of Economics (en donde cursó la carrera en Administración), Amadeo siempre ha preferido que su carrera profesional hable antes que su apellido, así que en julio de 2009 decidió mudarse a Nueva York e instalarse en un departamento compartido con varios compañeros, entre ellos el nieto del expresidente francés Valéry Giscard d’Estaing, y trabajar en la prestigiosa firma Deloitte. “En Nueva York, mi nombre no tiene influencia”, declaró en ese entonces a un medio belga.

Pero como mudarse del otro lado del mundo no era suficiente para crear distancia con sus obligaciones de la realeza, el año pasado Amadeo tomó otra importante decisión, la de casarse con su novia de varios años, Elisabetta Maria Rosboch von Wolkenstein, sin pedir autorización de su tío, el rey Felipe de Bélgica, tal y como dicta el artículo 85 de la Constitución Belga. Con esa sencilla acción, Amadeo perdió la sucesión al trono que le pertenecía por ley, pero que evidentemente no estaba entre sus planes.

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Amadeo y “Lili”, como llaman cariñosamente a su esposa, se casaron en una romántica ceremonia en Roma el 5 de julio de 2014 y posteriormente se mudaron a Nueva York, en donde viven como cualquier pareja de neoyorquinos, disfrutando de salidas con amigos y noches de cenas caseras en las que el príncipe prepara su platillo estrella: espaguetis con tomate, aceite de oliva, albahaca y parmesano rallado.

 

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