Abdalá II de Jordania, un rey eternamente eclipsado por su esposa

Cumple 54 años como monarca, pero siempre bajo la sombra de su bellísima esposa: la insuperable Rania.

Dicen que detrás de todo hombre siempre hay una gran mujer. Y en el caso de la monarquía jordana el dicho no puede estar más bien traído. El rey Abdalá II de Jordania cumple este fin de semana 54 años consolidado ya como monarca y estadista, pero siempre eclipsado en sus actos públicos por su bellísima esposa: la insuperable Rania de Jordania.

Competir con la arrolladora presencia de una de las royals más imponentes de todos los tiempos –a la altura de lo que fueron la mismísima Grace Kelly o Paola de Bélgica– resulta bastante difícil cuando no se tiene demasiada altura ni un cuerpo demasiado atlético. Sin embargo, Abdalá nunca pierde la sonrisa y su talente amigable le ha abierto las puertas de los despachos más importantes de Oriente y Occidente.

Poco se sabía de este monarca antes de su matrimonio con Rania. Abdalá es hijo del fallecido rey Husein y su esposa, la británica convertida al Islam Muna al-Hussein. Su elección como heredero al trono Hachemita estuvo rodeada de polémica. Los sectores más conservadores jordanos criticaron que se le eligiera como sucesor de Husein ya que su madre era de origen extranjero. Los monarcas de la dinastía Hachemí son descendientes directos del profeta Mahoma.

Aunque nació en Amman, sus padres pronto decidieron que el joven Abdalá saliese de Oriente para seguir formándose en Inglaterra y Estados Unidos. Lo que pocos saben es que Abdalá siempre ha sido un hombre de acción y llegó a servir al ejército británico. De hecho, en muchas apariciones públicas le gusta vestir el uniforme militar, aunque cada vez es más frecuente verle con trajes a la manera occidental.

A la conquista de Rania
Convertido en un perfecto soldado ahora solo quedaba buscarle esposa. Como es natural Abdalá quedó cautivado en cuanto conoció a Rania, una joven kuwaití hija de padres palestinos que cursó estudios financieros. En el momento de conocerse Rania era una exitosa ejecutiva en Apple, antes había trabajado en Citigroup, más atenta a su futuro profesional que a amoríos.

En un primer momento Rania apenas reparó en su futuro marido con el que no congenió, sin embargo, el monarca sintió un flechazo: “En cuanto la vi, pensé ¡Caramba!”, según cuenta el propio Abdalá en una autobiografía. Para llamar su atención (Rania no estaba demasiado receptiva) “decidí sorprenderla cocinando para ella”, se sincera el rey en su libro. El menú japonés, compuesto de pollo, gambas y ternera, debió de gustarle tanto a la joven que a los pocos meses se comprometieron. “Yo habría soñado una proposición mucho más romántica, pero lo cierto es que estábamos hablando fuera del coche, le dije que nuestra relación iba cada vez más en serio y que veía que podíamos casarnos. Rania me miró, sonrió y no dijo nada”, continúa en su biografía. El monarca interpretó el silencio como un “sí quiero”.

La pareja contrajo matrimonio en el verano de 1993. La novia llevó un vestido muy de los 90 que no hacía presagiar la elegancia chic del que ahora hace gala. Fruto de ese matrimonio la pareja ha tenido cuatro hijos: Hussein, el heredero al trono, Iman, la ‘heredera’ del estilo de su madre, Salma y el pequeño Hashem.

La relación entre Rania y Abdalá parece tan intensa como el primer día, alejando así los rumores de crisis en la pareja que hace años sobrevolaron en palacio. De que la opinión pública se entere de lo idílica que es su familia se preocupa Rania que es muy activa en las redes sociales donde cuelga fotos de su marido y de sus hijos haciendo planes más típicos de una familia norteamericana (hamburguesas incluidas) que de una de Oriento Medio.

Criticados por el lujo
Es precisamente la imagen de frivolidad de su esposa, su occidentalización y su pasión por el lujo lo que en algunas ocasiones le ha pasado factura a Abdalá. Jordania aún sobrevive como una monarquía constitucionalista que aguantó la Primavera Árabe y la fuerte incursión del yihadismo en la zona. Para blindarse, Abdalá y su mujer mantuvieron un perfil bajo para pasar lo más inadvertidos posibles.

En su tiempo libre al rey le encantan los deportes de aventura y la naturaleza. Practica paracaidismo de caída libre y es un gran aficionado a los automóviles y los rallys. Pero, sin duda, y quizá por su fuerte educación castrense, lo que le apasionan son las armas antiguas. Posee una de las mejores colecciones del mundo de artefactos militares.


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