Una colombiana en México habla con el corazón: sí a la paz

Se votará el plebiscito por la paz para el acuerdo entre el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las FARC, Timochenko, un tema que sorpresivamente divide opiniones.

Llevo horas calentando asiento en mi casa de Ciudad de México y pensando en cómo explicarle a usted, lector mexicano, lo que se está viviendo en mi país Colombia. Empezaré por mencionarle que por estos tiempos en mis redes sociales se vive una guerra tan apasionada como la que ocasionó la visita de Donald Trump. Y es que a días de que los colombianos decidamos en las urnas si queremos paz después de 52 años de guerra con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), el país está más enfrentado que nunca.

Se preguntará usted, y no lo culpo, por qué a una población le cuesta tanto terminar un conflicto sangriento del que todos son víctimas. Desde la señora indígena que salió corriendo de su casa con las manos vacías y tres hijos en su regazo el día en que las fuerzas armadas llegaron a su puerta, hasta el niño que nació en cuna de oro y se quedó con sus juguetes pero sin papá. Ni hablar de aquel soldado que murió en combate, quizá porque fue lo suficientemente valiente para sumarse a las filas, o porque sus padres no tuvieron tanto dinero como los de Juanito para eximirlo del servicio militar obligatorio. Lo es la quinceañera sin educación ni pan en su mesa que se enroló en las FARC con la promesa de una vida mejor que no encontró. Y lo somos todos los demás privilegiados, los que crecimos pensando que la violencia es normalidad y nos consolamos con la mentira de que el que murió “dio papaya” (o motivos). Los que pensamos que la guerra es con todos menos con nosotros: con el ejército, con los menos favorecidos, con los políticos, con el vecino.

Pero entenderá también, estimado lector, que a una generación que nunca ha conocido la paz no se la pueden dar de golpe sin que piense que le están dando gato por liebre. Para los que van a votar “no” el día de hoy eso es justamente lo que está pasando. El gobierno firmó un acuerdo injusto e imperfecto con las FARC, para que le digo que no si sí. Los guerrilleros no van a pagar por sus crímenes como deberían hacerlo, muchos no pagarán del todo. Los que metieron la mano hasta el fondo y cometieron los peores crímenes- secuestros, violaciones, masacres- sí recibirán condenas. Pero si confiesan sus crímenes y piden perdón sus penas serán mucho más cortas y repararán de forma simbólica a la sociedad: participando en un programa de enseñanza o construyendo una carretera.

También harán parte de la vida política-  está leyendo bien- con cinco escaños garantizados en la Cámara de Representantes y cinco en el Senado durante dos períodos electorales como mínimo. Y a eso hay que añadir que los 5 mil 765 guerrilleros que no conocen más oficio que las armas buscarán un trabajo como el nuestro, serán compañeros de supermercado y sus hijos compartirán clases con los de los demás compatriotas.

Imagino que entiende usted el miedo y la frustración de aquellos que se oponen a esta paz imperfecta. También yo. Pero dígame, compañero mexicano, usted que vive en carne propia la violencia, ¿estaría dispuesto a perdonar a quien quizás no merece perdón a cambio de la remota posibilidad de que sus hijos crezcan sin más temor que el del examen del día siguiente?¿Pondría su preciada confianza en su gente y en que sepan elegir a sus futuros dirigentes a cambio de que quizás, en un futuro lejano, sus impuestos construyan escuelas y no armamentos?, ¿Asumiría el riesgo que implica integrar a los combatientes a nuestro día a día con la recompensa de saber que con esa decisión está salvando miles de vidas?

A los que decimos “sí”, aquellos que votan “no” nos tildan de sentimentalistas. Dicen que no debemos pensar con el corazón, si no con la cabeza. Yo, y a sabiendas de que me caerán encima algunos compatriotas que me estén leyendo, pienso lo contrario. Si pensáramos con el corazón jamás perdonaríamos. ¿Quién con sus instintos más primarios dejaría en libertad a alguien que le quitó la vida a un inocente? Pero es justamente porque nos vemos obligados a tratar un tema tan pasional con el cerebro, que concluimos que no hay mejor alternativa que esta paz injusta. Un acuerdo mejor equivaldría a la rendición y la entrega a la justicia de los guerrilleros, algo que sabemos nunca va a pasar. Yo digo “sí” no porque sea fan del presidente Juan Manuel Santos o quiera que le den el premio nobel de la paz- que seamos sinceros, después de que lo recibiera Obama, perdió valor. Con todo el respeto a los del “no”, yo digo “sí” porque no quiero hacer más guerra ni con mis futuros hijos, ni con los ajenos.