Le metimos el diablo a Andy Sachs… y esto es lo que sucedió

A 10 años del estreno de ‘The devil wears Prada’, ¿qué habría sido si la adorable asistente hubiera tenido mal carácter?

Sabemos que en la historia solo podía haber una reina de las tinieblas —aunque Emily le pisara de cerca los tacones—, pero eso no significaba que la antagonista no se pudiera defender. Para celebrar el décimo aniversario de ‘The devil wears Prada’ transformamos desde el principio a la dulce e “inocente” (porque no lo fue del todo) Andrea Sachs en una mujer con un carácter más duro, sin miedo y hasta con una actitud que pondría a temblar a la misma Miranda Priestly.

El trabajo por el que un millón de chicas matarían
Cuando Nate, el pesado de su novio (porque lo es en verdad) —quien además presumía de quererla bien— se atreve a decirle: “Espera. ¿Conseguiste trabajo en una revista de moda? ¿Cómo?, ¿la entrevista fue vía telefónica?” En lugar de simplemente haberle contestado: “Oh, no seas un cretino”, Andy en modo digna: “Si no te apuras vas a terminar en un restaurante de comida rápida y no precisamente abriendo una franquicia”.

La nueva catorce
En la escena del comedor de Elias-Clarke en la que Nigel le da a Andy una cátedra sobre las nuevas tallas y la relación con la comida, haciendo énfasis en que la celulitis es uno de los principales ingredientes de la crema de elote, la asistente debió dejarle claro que no daba un rábano: “Qué iluso eres, Nigel. Si algo heredé de mi padre fue su metabolismo. Así que me puedo dar el lujo de ingerir los carbohidratos que se me vengan en gana. No puedo decir lo mismo de ti, ¿verdad?”.

Primer encuentro con Christian Thompson
Este ególatra pasó de coquetearle a minimizarla en minutos: “Oh, estás bromeando. Eso está muy mal. Jamás sobrevivirás con Miranda. Pareces linda y lista, no puedes hacer ese trabajo”. Nuevamente un golpe duro, pero ahora por parte de un desconocido que a pesar de considerarla una persona capaz, la devalúa al grado de enfatizar entre líneas que no tiene lo que se ‘necesita’. Antes de su cortés retirada, a Andy le faltó: Beyoncé es mi pastora, no tienes idea de quién soy en absoluto”, o algo por el estilo.

El manuscrito de Harry Potter
Este fue sin duda un tremendo regocijo para el público. Por fin la segunda Emily lograba sacar a su Ethan Hunt interior y así cumplir con la misión imposible que se le encomendó. ¡Bravo! De forma muy educada pero gritando “In your face!”, le demostró a Miranda que lo puede todo. ¿Pero qué pudo haber convertido a este momento de gloria en uno más excelso? ¿Un laxante en el Starbucks de su jefa? ¿Qué tal un dibujito en su vaso del espantoso vestido rojo que le diseñó James Holt? Solo un recordatorio con humor de quién tiene el café por la manga.

La gala de Runway
Obligada a asistir y a faltar al festejo de cumpleaños de Nate. ¡El deber llama! Y una vez más, pudo presumir de sus talentos pero con humildad. ¡Al diablo con ella! Esto debió de suceder: Emily: “Oh, Dios, Andy, te ves tan chic”.

Andy: “Gracias, Em. Tú te ves tan constipada. Qué bueno que me memoricé las dos carpetas. ¿Te imaginas tú sola? Llegué para salvarte. Agradéceme luego por ayudarte a no perder tu empleo. Es más, puedes comenzar mañana regalándome tu cubito de queso”.

Y las veces en las que de verdad lo fue sin necesidad de que le inventáramos:

La ropa de diseñador
Bien lo dijo Emily en el hospital: “Vendiste tu alma al demonio el día en el que te probaste por primera vez unos Jimmy Choo. Lo vi”. Sí, no cabe duda que las prendas de lujo pueden cambiar a cualquiera, hasta al alma más humilde.

El segundo y tercer encuentro con Christian Thompson
Oh, sí, la atracción y admiración que sentía por el escritor era innegable. Tanto en la alfombra roja de la gala, así como en la exhibición en la galería de arte, las miradas y sonrisas seductoras no paraban. En ambas ocasiones se le olvidó que estaba en una relación y se dejó abordar por su ídolo… sin remordimiento alguno.

El recordatorio
Aunque le reclamó a Miranda por lo que le había hecho a Nigel, ella no podía tirar ni una sola piedrita por el caso de Emily. ¿Pero quién puede culparla por querer avanzar en su carrera? Por supuesto que pudo elegir quedarse en Nueva York y no viajar a París, pero era tarde, el diablo ya se le había plantado en la cabeza.


Sí, Andy… Puede que seas una buena persona, pero todos tenemos cola —de diablo— que nos pisen.