México: se busca ídolo

Pareciera que no hay quien pueda continuar con el legado de Pedro Infante o Jorge Negrete. Aquí la historia de un escenario que nadie quiere llenar.

A los mexicanos nos gusta llorar a nuestros ídolos, pero gozamos al verlos caer en desgracia. En esa relación amor-odio, los que se fueron jóvenes, como los inmortales Pedro Infante o Jorge Negrete, tienen asegurado un lugar en el Olimpo del espectáculo nacional, aquel sólo reservado para unos cuantos elegidos. Los otros, los que se quedan, parecen estar destinados a ser alimento de leones en el circo romano mexicano.

Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver”, decían los clásicos. (Una frase que se le atribuye erróneamente a James Dean —¿alguien dijo ídolo?—, pero que en realidad es una línea de la película de 1949, Knock on Any Door). El último gran ídolo que tuvo México fue Juan Gabriel, porque murió relativamente joven —a los 65 años— y la muerte fue generosa con él —un infarto fulminante y adiós—: pese a que tuvo sus pecadillos —“lo que se ve, no se juzga”, patentó—, al Divo de Juárez se le perdonó todo. Ahora, los casos recientes de los que supuestamente deberían ser los nuevos ídolos mexicanos, como Pepe Aguilar, Alejandro Fernández o Luis Miguel, por mencionar algunos, hacen que extrañemos realities como La voz (inserte aquí el país de tu elección), Operación triunfo o La academia.

A México le hacen falta ídolos. ¿O será que los que tiene son los que se merece?

Las rancheras
Una de las familias de más abolengo en México es la Aguilar, que comandara hasta su fallecimiento, en junio de 2007, don Antonio Aguilar, el charro por antonomasia, casado con la inmaculada actriz Flor Silvestre. Su hijo, Pepe Aguilar —popular cantante de rancheras en cuerpo de metalero— fue el encargado de continuar la tradición familiar de jaripeo y mariachis a cuanta plaza de toros mexicana se lo solicitara.

En marzo pasado, el hijo mayor de Pepe, José Emiliano —¡el nieto de don Antonio!— fue detenido en la garita entre Tijuana y San Ysidro (la frontera más transitada del mundo, ¡genio!), cuando trataba de ingresar de manera ilegal en la cajuela de su coche a cuatro ciudadanos chinos. Aunque primero se había declarado inocente, el joven de 25 años rectificó a culpable para así reducir su sentencia. Sigue en espera de juicio en libertad.

El potrillo
Los hijos de Alejandro Fernández no necesitan ni decir “pío” para que su padre sea noticia. Cuando no es por el famoso rumor/leyenda urbana de que El potrillo está en el hospital con una botella en el trasero —por enésima vez—, es su última conquista, 20 años menor que él, cómo no, o su foto con el torso desnudo porque le ganó la fiesta en Las Vegas. La más reciente “Potriaventura” ocurrió en la Feria de Puebla, ante seis mil personas, en mayo pasado. Durante su interpretación de “Ella” —clásico de otro ídolo mexicano, José Alfredo Jiménez—, Alex bebió de la botella de tequila que un asistente le ofreció, cosa recurrente durante sus conciertos, excepto que esta vez algo salió mal. O más bien salió: el cantante no pudo contener sus ganas de vomitar después del sorbo de amargo licor y tuvo que abandonar el escenario intempestivamente. Regresó, visiblemente borracho, a medio continuar el recital.

El sol
En una época en la que sobran villanos, faltan héroes. Los nuevos ídolos mexicanos son youtubers quinceañeros, mientras Pepe Aguilar trata de sacar a su hijo de la cárcel y Alejandro Fernández contiene el vómito ante seis mil personas. No hay ídolos en México porque Luis Miguel anda respondiendo demandas por incumplimiento de contrato o cancelando conciertos porque le ganó la fiesta.
Hasta uno de los más grandes, Joan Sebastian, fallecido en 2015, ya fue acusado de trata de blancas y de nexos con el narcotráfico.

A México le urgen ídolos. Aunque sea uno.