(Casi) todo sobre mi madre

Shaila Dúrcal recuerda a su madre, Rocío, a diez años de su muerte.

Mami era lo máximo. Cocinaba maravillosamente. A todos los sitios donde voy pruebo la tortilla española. Nada. Ninguna la iguala. Los domingos los pasábamos en familia y preparaba unas paellas espectaculares, y en Navidad era un locura. Nos reuníamos en casa con todos mis tíos y montábamos unos buenos conciertos. Solo nos faltaba cobrar entrada.

De los dos, mi padre era el más estricto. Nos decía desde cómo comer y usar los cubiertos hasta cómo comportarnos con la prensa. Ahora pienso en lo bien que lo hicieron porque no me costó entender lo que nos rodeaba.

Rocío Jurado,
Carmen Sevilla, Pedro Osinaga, Raphael, Paquirri… Todos eran grandes amigos de mis padres. También los Iglesias-Preysler. Los conocemos desde pequeños porque veraneábamos juntos en Marbella. Mi padre e Isabel compartían orígenes filipinos. Su madre, Tita Beti, es como mi tía. Pasábamos horas en su casa y mi abuela era íntima amiga suya. Les gustaba jugar al majhong, un juego de mesa filipino parecido al dominó.

Lo que más echo de menos de mi madre es la paz que me transmitía. Las palabras que más repetía eran: “Paciencia, hija”.


*Publicado en nuestra edición impresa de marzo 2016