Esas curiosas prohibiciones que tienen los presidentes de Estados Unidos

Barack Obama ahora disfruta de los deportes extremos, pero mientras estuvo en la Casa Blanca, no pudo. ¿Qué actividades están vetadas para los gobernantes?

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En cuanto un ciudadano jura con la mano en la Biblia que ocupará con responsabilidad el cargo como presidente de los Estados Unidos de América, se sabe que con ello contrae diversas responsabilidades, unas sumamente obvias y otras un poco más curiosas; en este segundo grupo están prohibiciones que podrían rayar en lo absurdo, pero que son totalmente ciertas.

De ahí que sorprenda por partida doble ver a Barack Obama practicando deportes extremos, haciendo kitesurfing al lado del millonario Richard Branson durante sus vacaciones en el Caribe: la primera es porque un expresidente —por lo regular un hombre mayor— no suele hacer esas actividades, la segunda es porque en verdad no solemos verlos así porque el Servicio Secreto de su país no se los permite.

Actividades que cualquier persona común tiene la libertad de realizar como conducir un auto, escribir unas memorias, contestar el celular, salir a comer fuera de casa o hasta abrir la ventanilla del coche se vuelven tareas casi imposibles para la cabeza del gobierno estadounidense.

¿Qué son esas cosas que tú puedes hacer a diario pero el político más poderoso del mundo no?

Deportes extremos

Tal como lo vimos en las fotos difundidas en diversos medios, el expresidente Barack Obama disfruta de las emociones fuertes, de hacer deporte y en especial, los acuáticos. Según relató Branson, de las cosas que le contó Obama y que más le impactaron fue que la última vez que surfeó fue en Hawai, hace ocho años justo antes de tomar posesión del cargo, algo que no pudo volver a hacer mientras fue presidente. De ahí que esta experiencia resultara tan valiosa no solo para el afroamericano, sino para el británico también.

Un problema llamado automóvil

Hillary y Bill Clinton han vivido años inmersos en esta dinámica de prohibiciones por ocupar ambos altos cargos federales. Ella, como exsecretaria de Estado reveló que en 18 años no había manejado un coche, algo que los Clinton en verdad disfrutan.

Su consuelo para saciar esa necesidad es que cada que van a un campo de golf, piden encarecidamente que los dejen conducir los pequeños carritos, tal como contó Hillary a Ellen DeGeneres en 2012.

Algo similar contó Obama en The Tonight Show, de la NBC, cuando en 2012 tuvo la oportunidad de subirse, dentro de la planta automotriz, a un Chevrolet Volt enchufable híbrido: "Ese fue mi gran viaje de alegría", dijo entonces.

La razón por la que no pueden conducir su propio auto —o viajar en el asiento del copiloto— es que existe una amenaza latente de poder ser un blanco fácil de francotiradores. Así, si desean saciar ese deseo, se limitan a conducir carritos de golf o a hacerlo en circuitos cerrados, pero siempre bajo supervisión de agentes del servicio secreto.

Un ejemplo de realizar su deseo pero de forma contenida es Ronald Reagan, quien solía conducir un par de jeeps antiguos en Rancho el Cielo, una propiedad del exmandatario que tenía en California, pero siempre estaba acompañado de su seguridad que iba en el asiento del copiloto. Otro caso similar es el del presidente George W. Bush, que en su rancho de Crawford, Texas, tenía una camioneta pick-up y un camión de rancho que conducía con frecuencia pero solo cuando estaba dentro de su propiedad y resguardado.

De hecho, la historia de “La Bestia”, el Cadillac negro y blindado que usan los presidentes estadounidenses, tiene su origen en el asesinato a John F. Kennedy. A partir de ese momento, la seguridad —y a la par, las prohibiciones— para los presidentes se ha vuelto estricta al punto de lo absurdo. Viajar en coches descapotables ya es impensable para un mandatario estadounidense.

¿Usar tu smartphone?

Bueno, este tema no puede abarcar mucho más allá de Barack Obama porque él fue el primer presidente en utilizar uno. Es conocido que el expresidente no podía usar un iPhone por temor a que fuera hackeado, de ahí que él llevar un Blackberry con un sistema operativo modificado, especial para ser ultraseguro.

¿Ir a un partido o a un show?

Según dijo a la cadena NBC, el exagente Jonathan Wackrow, "la protección del Servicio Secreto es la cosa más intrusiva que cualquier persona podría experimentar". Explica que los presidentes no pueden decidir de último minuto ir a un espectáculo masivo, por ejemplo, un partido de basketbol. De modo que si llegas a ver a uno disfrutando de un juego o un concierto, es porque esta asistencia se planeó con mucha antelación.

¿Abrir una ventana?

No en la Casa Blanca, no en los vehículos presidenciales, en donde deben permanecer cerradas por seguridad. Según confesó Michelle Obama al conductor Stephen Colbert, en cierta ocasión, uno de sus escoltas, como regalo, le dejó abrir la ventanilla del auto por cinco minutos en un trayecto de carretera.

 

Un vídeo publicado por Richard Branson (@richardbranson) el

¿Comer algo fuera de casa?

No, obviamente no. Y menos si alguien no ha probado la comida antes. Tal como sucedía con algunos reyes que pedían que una persona probara sus alimentos antes que ellos —para asegurarse de que esta no estaba envenenada—, así con los mandatarios de EUA, que tienen a alguien del Servicio Secreto que funge como tal. De no haber nadie con ellos que haga esa tarea, los presidentes deben limitarse solo a mirar la comida que pasa frente a ellos.

¿Crear algo en el tiempo libre?

De existir estos huecos en la agenda de un presidente de EUA, si llegaran a escribir sus memorias, un cuento, un discurso, todo ese material formaría parte de la nación y los derechos de autor le pertenecen al Estado.