¿Por qué todas quieren imitar el look de Claire Underwood?

Diseccionamos las claves de estilo de la actriz en House of Cards y sacamos una conclusión: no lo intente en casa.

Si hemos visto las tres temporadas de House of Cards no ha sido por el recital de gestos de Kevin Spacey (desde el cariño) ni por las intrigas pestilentes de Washington (aunque nos hipnotizan). Tampoco por Doug, el personaje interpretado por Michael Kelly, del que no sabemos qué pensar pero no queremos que desaparezca. Ni mucho menos para estar bien armados para cuando comience la campaña de Hillary Clinton y compañía. Si hemos aguantado los vaivenes de la serie y hemos disfrutado como animales, ha sido por su protagonista femenina, Robin Wright. House of Cards es lo que es por ella. Es su corte de pelo, su voz, su silueta y todo lo que esconde, calla, piensa, dice, hace o maquina.

Robin Wright tuvo un par de momentos de gloria a finales de los 80 y en los 90. Protagonizó dos hitos de la cultura pop, La Princesa Prometida y Forrest Gump. Lo era todo. Luego se casó con Sean Penn, algo que debe de robar mucha energía y nos semi-olvidamos de ella. Un día supimos que Netflix había creado su propia serie; se llamaba House of Cards y sería la cara B de la política americana, igual que The West Wing había sido la cara A. ¿Los protagonistas? Kevin Spacey (Frank Underwood) en papel de diva de la política rompiendo la cuarta pared y haciendo trastadas y su mujer, Claire, interpretada por Robin Wright. No nos pareció el acierto de casting que luego supimos que era. No le dimos excesiva importancia hasta que apareció.

Y lo que apareció fue una mujer que nos hizo dejar la copa de vino con la que veíamos la serie, y, como mínimo, escribir un tweet. Robin Wright, en la forma de Claire Underwood, ha tenido tres temporadas para consolidarse como referentes estilístico absoluto. En paralelo, su personaje se reafirmaba y alzaba el vuelo. Su estilista de toda-la-vida, Kemal Harris, se incorporó a la serie como diseñadora de vestuario y entre las dos (y los guionistas, siempre) nos dieron una lección sobre la nueva forma de cultivar el power dressing; de paso revisaron el concepto de Primera Dama, aunque le hicieran algún guiño a Jackie Kennedy al llevar en su muñeca un Cartier Tank Louis. El resultado es un aspecto entre intimidante y estiloso, como corresponde a una estrella del cine y la televisión y en una Primera Dama de Estados Unidos.

La estética del personaje de Claire Underwood se superpone con la de la propia Robin Wright. Ambos cultivan un minimalismo poderoso marcado, además, por la figura de ella. En la serie construyeron un maniquí con sus medidas para que pudieran coser a cualquier hora sin que la estrella sufriera los rigores de las pruebas. La propia actriz ha afirmado que alteró toda su manera de vestir cuando se cortó el pelo y, en los estrenos, no sabemos si tenemos delante a Claire o a Robin.


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