Tilda Swinton: un ícono de belleza contemporáneo

Mezcla cine comercial con indie, lleva pantalones en la alfombra roja, su tinte de pelo es inalcanzable y es imagen de Nars. ¿Dónde está el truco?

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LOS ORÍGENES

No hay nada más extravagante que un inglés que no quiere ser extravagante. Para entender a cualquiera hay que escarbar en su árbol genealógico y Tilda Swinton no es cualquiera. Su padre es un Sir (aristócrata, militar, ostenta la Orden del Imperio Británico y muchas más medallas) y su madre una Lady. Su abuelo era un político escocés y su bisabuelo un botánico. Ser el resultado de esta estirpe sólo puede dar seguridad en una misma. Y sí, la legitimidad de ser todo lo excéntrica que una quiera.

SU EDUCACION

La pequeña Tilda fue educada como se esperaba de una noble: en lo que los ingleses llaman “independent schools”. Asistió a la Queens Gate School (donde también estudió Camila Parker-Bowles) y a West Heath Girls School, donde lo hizo la Princesa Diana. Allí les enseñaban a ser buenas esposas. Pero algo no le cuadraba a la única niña de los Swinton: cuando acudía a las escuelas a las que se asistían sus tres hermanos veía que a ellos los formaban para ser líderes. Ella supo pronto que la libertad pasaba por la educación. Terminó en Cambridge, donde estudió Ciencias Políticas y Sociales mientras buscaba el marco más adecuado para actuar.

SU TIPOLOGÍA

A Tilda Swinton le dedican muchos adjetivos; el más simple puede que sea andrógina. Su interés por los cruces de géneros y por los personajes que coquetean entre ellos ha sido una constante en su carrera. Uno de sus primeros papeles conocidos para el gran público fue Orlando, en la película del mismo nombre de Sally Potter. Ha comentado en ocasiones que para preparar el personaje se basó en el trabajo de la artista, fotógrafa y escriora francesa Claude Cahun. Que se inspire en alguien así la diferencía del resto de las actrices de su generación y de otras. Pero eso no es androginia. Tampoco lo es que lleve pantalones en la alfombra roja.

SUS COMPAÑÍAS

Tilda Swinton ha ligado su trabajo al arte con la misma naturalidad con la que ha cambiado el color de su pelo (ya hablaremos de su pelo). En los ochenta comenzó a relacionarse con Derek Jarman y su círculo. En 1995 realizó su primera participación importante en un performance. Fue en la Serpentine Gallery como parte de una instalación de Joanna Scaniah llamada The Maybe. La misma obra pasó al Museo Barranco y al MoMA. No recordamos muchas mujeres interviniendo en el MoMA, si acaso Marina Abramovich o Yoko Ono. En su participación en estas piezas, Tilda, la siempre consciente Tilda, se convierte en un objeto para ser admirado.

SU PELO

Hace unos días, un asistente al Pitti Uomo contó que abrió el ascensor de su hotel de Florencia y allí estaba ella, Mrs Swinton. De todo el encuentro, lo que recuerda es su pelo y su amabilidad. Conseguir el color de pelo y el corte de esta mujer es complicado, pero se puede; eso sí, puede que nos lleve a hipotecar el apartamento de la playa. Que nos quede como a ella es otro tema. El contraste del rubio con la piel de porcelana y los ojos claros no se compra. Las marcas de belleza saben que es una garantía, pero pocas se atreven. Esta temporada lo ha hecho Nars, que la ha escogido como rostro de su campaña de Primavera/Verano. Recordemos también que fue pelirroja, y era la más pelirroja de la galaxia (luego llegó la Chastain), fue castaña y morena y también resultaba perfecta. Tilda, ¿eso cómo se hace?

TILDA Y LA MODA Y LA MODA Y TILDA

La relación de la moda con Tilda ha venido condicionada por su capacidad para asumir riesgos en un físico entre de reptil y de extraterrestre. Una imagen así sólo puede ser potente. También por su versatilidad, y aquí viene otro de los adjetivos que más le dedican: camaleónica. Diseñadores y marcas como Viktor&Rolf o Chanel han colaborado con ella.

En muchas ocasiones se la ha visto vestida de Haider Ackermann, Celine o Jil Sander en la era Raf Simons. En sus decisiones siempre parece movida por la simpatía o por las ganas de jugar, no por los contratos publicitarios. Además, tener a Tilda Swinton en una campaña, una alfombra roja o un editorial ligada a tu marca significa darle (a la marca, no a la mujer que ya lo es) un barniz de contemporaneidad.

Su físico, alejado de toda moda, siempre está por encima de las modas. No sólo resulta siempre rabiosamente contemporánea sino que, además, va bien vestida. ¿Su estilo? ¿Chic radical? ¿Vanguardia tildista? ¿O, simplemente, tildismo?

IO SONO TILDA

Las decisiones cinematográficas que toma la Swinton son todo menos previsibles, y aquí se le concede otro adjetivo: versátil. Igual se lleva el Oscar por una película con George Clooney (Michael Clayton) que participa en Las Crónicas de Narnia o se caracteriza de anciana para Wes Anderson (Grand Hotel Budapest). Uno de sus grandes papeles, y uno de los más Tilda, fue el de Io sono l´amore, una película de Luca Guadagnino que transcurre en la Villa Necchi Campiglio de Milán; la cinta trascendió lo cinematográfico y se convirtió en un refugio para amantes de atmósferas decadentes y altoburguesas y, sí, para locos por la moda. Todo en esa película es drama y moda.

En su carrera, (Ma)Tilda Swinton alterna el cine comercial con el independiente sin detenerse a justificar ni uno ni otro. De hecho, va a estrenar una comedia con Judd Apatow (sí, con Judd Apatow), ha rodado la última de Guadagnino y estará en la última de los Cohen, Hail Caesar. De Tilda nos esperaríamos hasta que presentase un noticiero. Y lo veríamos sin reírnos. Ella, probablemente, sí reiría.