Heredero del tiempo

Olivier Audemars integra una de las sagas relojeras más importantes. Visualiza la alta relojería como el Big Bang.

“Al inicio mi mente era más analítica, hoy es mas sintética. Tuve que cambiar. Para un ingeniero lo que estamos haciendo no es del todo normal. Somos personas que se supone debemos trabajar en aspectos técnicos y no comunicarnos con el exterior”, dice Olivier Audemars (1959) durante el Salón Internacional de Alta Relojería, México 2015. El trato con la prensa forma parte de sus actividades como administrador del Consejo de Audemars Piguet, la maison que elevó el acero a la categoría de metal noble con la creación Royal Oak.

Para el bisnieto de Edward Auguste Piguet, cofundador de la casa, inmiscuirse en el negocio familiar no fue una primera opción: antes estuvo la Física. Se formó académicamente en ese ámbito y en 1989 se embarcó, también en esa área junto a Luc Haenny y Etienne David, en Qualimatest, su primera odisea empresarial (viva hasta la fecha). Pero eso no mermó las maravillas de infancia de haber crecido entre los talleres y componentes de las grandes complicaciones insignia de la firma familiar.

“Un día (mi abuelo) regresó con un reloj ya terminado y me pidió que activara el mecanismo de balance y esta cosa de metal muerta cobró vida”. De ahí que no dudara en continuar la leyenda del binomio Audemars-Piguet en 1997. Su llegada al imperio implicó una particular cosmovisión: cada pieza es un microcosmos. “Un reloj es una pequeña reproducción del movimiento de las estrellas. En la teoría de la relatividad todo gira en torno al tiempo, la influencia de la velocidad de la masa. Todos esos elementos son similares a lo que vemos en la construcción de relojes”.

Audemars no sólo se ha guiado por la razón en su andar por la alta relojería (aunque se ha topado con el Einstein de la industria, Giulio Papi); llegar a las filas de la firma le implicó una aproximación distinta. La de la emoción detonada por el savoir-faire. “Tener un reloj mecánico te da una emoción. Por eso, creo, la industria sobrevive, porque la gente necesita algo que toque sus corazones”.