Por qué Sarkozy necesita volver a ser presidente

Contra sí mismo, contra sus rivales en su partido y contra los tribunales, Nicolas Sarkozy libra tres guerras a la vez.

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“Se ha apretado el cinturón”, bromean los franceses sobre las vacaciones de este año de Nicolas Sarkozy, ex presidente de la República francesa y nuevo líder del partido de derechas. Él mismo lo ha rebautizado como “Los republicanos” para espanto de parte de la intelectualidad, que opina que “republicanos” son todos y no solo los conservadores. Hay a quien también le molesta que se parezca mucho al nombre del partido estadounidense. En cualquier caso, fiel a su estilo, Sarkozy ha alquilado una villa en Córcega con campo de golf, piscina y sauna que cuesta 30 mil euros a la semana.

No está mal, pero al menos no es tan escandaloso como cuando se fue a ver las pirámides de Egipto con su nueva novia, Carla Bruni, rodeado de fotógrafos. O cuando se paseó en yate por el Mediterráneo invitado por un multimillonario a los meses de ganar la presidencia. En cualquier caso, Sarkozy sigue fiel a sí mismo y desde su villa de Córcega tendrá tiempo de meditar: al líder político francés el nuevo curso se le presenta complicado. Los muchos franceses que le detestan, sus rivales en el partido y los tribunales le esperan con un cuchillo entre los dientes. Y las primarias para candidato del partido a la presidencia de la República están a la vuelta de la esquina, finales de noviembre.

Nicolás Sarkozy o la última gran superestrella que ha dado Francia

La reconquista
Fue el pasado 30 de mayo cuando Sarkozy inició oficialmente su reconquista del poder con un congreso montado a su imagen y semejanza en el que se declaró vencedor de las primarias para presidir el partido. La prensa española describió un ambiente de jolgorio en el que, en un pabellón abarrotado de París, diez mil correligionarios corearon su nombre a voz en grito ("¡Nicolas, ¡Nicolas!") mientras el político defendía volver a “las raíces cristianas” (está favor de anular el matrimonio gay), lanzaba guiños a la ultraderecha ("¡mano dura con los inmigrantes!”) o soltaba furibundos ataques a los socialistas (es sabido que detesta profundamente a François Hollande más allá de la pura controversia política).

Pero entre vítores, detrás del escenario se libraba una batalla más cruda. Como informa el semanal galo Le Point, medio próximo a la derecha, en un impactante artículo titulado “La derecha contra Sarkozy” la realidad era otra: “Muchos notaron en Sarkozy un cambio de tono. El ambiente era glacial”.

¿El detonante de la tensión? Una carta dirigida al político en la que sus tres rivales en las primarias como candidato a la presidencia, le recordaban que la misión de la nueva organización surgida tras el congreso sería celebrar esas elecciones previstas para finales de noviembre, que son las importantes. Y allí, el “pequeño Napoleón” lo tiene mucho más difícil. Un sondeo publicado por la revista Le Parisien pocos días antes del congreso le daba a Alain Juppé, alcalde de Burdeos la victoria por diez puntos en una hipotética segunda vuelta si, tal y como pronostica la revista, en la primera ambos quedan empatados.

Si las simpatías dentro de su propio partido están divididas, en el ánimo de los afiliados y simpatizantes (que tienen derecho a voto) al partido puede pesar, y mucho, que a los franceses en general les gusta mucho más Juppe, un hombre que el próximo 15 de agosto cumplirá 60 años y lo ha sido todo en la política francesa, incluyendo primer ministro en los años noventa o ministro de asuntos exteriores y de defensa en el gobierno del propio Sarkozy.
 

Sarkozy vs. Juppé
Los datos son claros. Juppé es el político preferido de los franceses con un 60% de juicios positivos. A Sarkozy solo le quiere el 36%. Nicolas dice que los sondeos llevan a la confusión porque lo único que sucede es que a él lo conocen mucho más. Pero el ínclito marido de Carla Bruni, con su peculiar estilo, que los franceses llaman “Sarkoshow”, es indiscutible que genera fuertes pasiones.... pero no en contra que Juppé, no. Por suerte para ambos, el peor parado es François Hollande, que a pesar del subidón de popularidad después de los atentados contra Charlie Hebdo tan solo es apreciado por un 27% de sus compatriotas. Por terminar con las encuestas, Juppé ganaría las elecciones con un 28% mientras Sarkozy se llevaría un 23. Por cierto, la segunda plaza no sería para los socialistas sino para Marine Le Pen.

¿Por qué Sarkozy, el político más hiperactivo de Europa, o del mundo, sigue sin caer bien a muchos franceses? En ese mismo reportaje de Le Point, sus allegados hablan de él, y un destacado político de su partido (al que se cita de forma anónima) afirma: “Su peor enemigo es él mismo. Perdió las presidenciales en 2012 por su carácter y perderá ahora por lo mismo”. Agresivo, tiránico, bocazas, fardón, chulo, vulgar, exhibicionista... la lista de defectos del político es conocida por todo el mundo. “Con Sarkozy, la política es violenta. Él necesita el combate para existir. Nadie soporta más esos métodos, Francia ya no lo soporta más”, dice la misma fuente de Le Point, trufado de ataques desde el propio bando contra su persona.

No solo es su carácter, también son sus aficiones. Mientras Francia sigue en crisis (una crisis que ya nos gustaría en España, pero crisis) el presidente no solo ha alquilado este año una casa en Córcega por 30 mil euros a la semana. En septiembre pasado, se fue a Bali con Carla Bruni y alquiló una habitación a 10 mil euros la noche. Unos días ates del congreso de refundación de su partido, alquiló un jet privado para ir a una reunión a Le Havre (a dos horas en coche de París) y una limusina para que lo llevara del aeropuerto hasta el lugar de la reunión, situado a una distancia que se puede hacer a pie en 10 minutos.

Máximo exponente de lo que se dio en llamar “bling bling” en la era en que la crisis no era más que una amenaza fantasma en Europa, Sarkozy jamás ha ocultado sus costumbres de nuevo rico (que según cómo, también forman parte de su encanto) pero con el país sufriendo recortes, el asunto toma otro cariz.

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