Adiós a Muhammad Ali, la leyenda del box

El tripe campeón mundial había sobrevivido al Parkinson y a los 74 años falleció en un hospital de Phoenix.

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Fue triple campeón mundial, la historia del boxeo no se concibe sin su paso por el ring, esta leyenda del deporte llamado Muhammad Ali falleció a los 74 años; llevaba 32 años en una dura batalla contra la enfermedad de Parkinson, pero la que perdió definitivamente fue ante los problemas respiratorios que lo dejaron fuera de combate en un hospital de Phoenix, Arizona, donde había sido ingresado el pasado jueves.

Le llamaron “el Rey del boxeo”, pero él trascendió su disciplina deportiva para volverse un estandarte, una figura social de enorme influencia en su generación, en la política y en las luchas sociales o humanitarias a favor de los afroamericanos y del Islam.

Desde el hospital, Bob Gunnell, su portavoz, dijo que Ali estaba en un buen estado de salud y que “su tiempo (hospitalizado) debía ser corto”, sin embargo, la agencia AFP infomró que el exboxeador estaba en una “situación muy grave”. El funeral será en su ciudad natal, Louisville, Kentucky, aún no han especificado en qué día será.

Mediante un comunicado, se informó que la familia de Alí “quiere agradecer a todos los que le acompañan con sus pensamientos, oraciones y apoyo y exige también respeto a su privacidad”.

La confirmación de su muerte llegó mediante su cuenta oficial de Twitter, en la que apareció una imagen del boxeador con la leyenda 1942-2016.

Su nombre de nacimiento fue Cassius Marcellus Clay Jr., pero cambió a Muhammad Alí cuando se convirtió al Islam. No fue un ser humano convencional, en 1967 se negó a hacer el servicio militar en Estados Unidos e ir a la guerra de Vietnam, sus creencias religiosas no lo permitieron. Incluso fue encarcelado, le quitaron su título mundial de boxeo y le prohibieron practicarlo durante tres años y medio antes de volver a ser campeón del mundo en 1974.

Ganó una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 cuando aún no estaba en la esfera profesional, ya después, logró el título de campeón indiscutido de la categoría de los pesos pesados en 1964 a los 22 años, el cual recobró diez años después. En 1978, consiguió otro campenato, lo que lo convirtió en el primer boxeador en ostentar en tres ocasiones un título mundial en dicha categoría.

Ser fiel a sus creencias religiosas y ser un representante de la raza afroamericana le dieron ese peso el la historia. Era ególatra y se autoproclamaba el mejor cuando aseguraba que era “el rey del mundo”, pero al menos en el boxeo lo era y también para millones de fanáticos que inspiró a sentirse orgullosos de su color de piel y a no hallarse menospreciados por ser de una religión tan acosada como son los musulmanes.

Muhammad Ali no representó solo al boxeo. En la inauguración de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, en vez de optar por la espectacularidad de encender el pebetero al estilo Barcelona 92 o Sidney 2000, los organizadores apelaron a lo simbólico: a la leyenda del boxeo, de raza negra, musulmán, detractor político, un hombre con un Parkinson que tímidamente lo dejó moverse y prender un cable que conducía a la llama olímpica. Él encarnaba la paz y ese entendimiento entre culturas tan importante en una justa deportiva internacional.