Mónica Aspe, la herencia del éxito

Como subsecretaria de Comunicaciones estuvo a cargo de grandes proyectos, reveló cuáles han sido los más importantes.

Encontrar un espacio en la agenda de Mónica Aspe no fue cosa sencilla, pues se trata de una de las mujeres más ocupadas del Gobierno Federal. Subsecretaria de Comunicaciones, trabaja en promedio 15 horas diarias, durante las cuales habla lo mismo con el secretario Gerardo Ruiz Esparza que con el presidente Enrique Peña Nieto, así como con gran parte del gabinete. Su día transcurre entre reuniones, e-mails y llamadas con los actores clave del sector de las telecomunicaciones. Ella ha tenido que hacerse cargo de asuntos tan relevantes como el apagón analógico y la transición a la Televisión Digital Terrestre, el programa México Conectado, la licitación de la Tercera Cadena de Televisión Nacional (ahora viene la cuarta), o el lanzamiento del satélite Morelos 3. Ahora Mónica tiene enfrente dos nuevos retos: la licitación de la Red Compartida y la llegada de su primer bebé.

—¿Son compatibles el éxito profesional y la maternidad?

—Estoy haciendo ese experimento, entonces ya te lo platicaré en unos años —responde tras pensárselo unos segundos—. Pero yo creo que deben ser compatibles, y que es importante que lo hagamos. Desgraciadamente, no ocurre para todas las mujeres en nuestro país y en este mundo, pero se trata de trabajar hacia lograr que cada vez más lo sean en los hechos. Es un derecho, por supuesto, y tenemos que avanzar hasta que eso sea la realidad y la norma.

Hace unas décadas pensábamos que el sector de las telecomunicaciones se reducía al que tenía que ver con las radiofrecuencias y sus concesiones; a la forma en la que el Estado Mexicano administraba el espectro de la radio y la televisión. Y entonces llegó internet (y las bandas anchas y espectro de banda y las fibras ópticas y todos los tecnicismos asociados) a transformarlo todo. El mapa de sus posibilidades y oportunidades ha cambiado rotundamente. Y no solo la forma en que los gobiernos se relacionan con estas nuevas realidades, sino también todos nosotros: los ciudadanos.

Mónica, quien ha dedicado su vida profesional a este tema, lo entiende con absoluta claridad: “Después de la reforma, las telecomunicaciones se han convertido en un sector lleno de oportunidades, de nuevos proyectos y donde podemos hacer políticas públicas que antes eran impensables. Esto hoy es un derecho fundamental: el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, y es importante que tengamos políticas públicas para que todo mundo tenga acceso a ellas, porque además es la herramienta para libertad de expresión y para el acceso a la información, a una educación y servicios de salud con la misma calidad, independientemente de la zona geográfica y condiciones socioeconómicas en las que viva la gente”.

Mónica está, además, convencida de que la tecnología es “una herramienta poderosísima para el empoderamiento de la gente. Por ejemplo, en un país con rezagos muy importantes todavía con la igualdad de género, veo la oportunidad de incidir en eso. Por eso ponemos particular énfasis en que las mujeres, y sobre todo las niñas, tengan igual acceso a las tecnologías, porque esa va a ser una de sus más poderosas herramientas para desarrollarse plenamente”.

Mónica forma parte de un gabinete en que mujeres encabezan puestos estratégicos vinculados a la tecnología. Ahí se puede ubicar también a Alejandra Lagunes Soto Ruíz, Coordinadora de la Estrategia Digital Nacional y esposa del actual Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Mientras conversamos en la sala de su departamento, llega José Antonio García Cors, su esposo. Es un hombre atento. Se quita el saco y saluda; de inmediato le sonríe y pregunta a su mujer cómo estuvo su día. A los dos se les nota ese amor que no quiere confesarse cursi, pero que les gana por completo. Y por la noticia del embarazo, más inocultable que nunca. Toño —como lo llama Mónica—, confiesa que está “rayado”. No quiso saber el sexo del bebé hasta el día de su cumpleaños, ese sería “su mejor regalo”. Mónica, acostumbrada a esperar para la apertura de sobres (por las tantas licitaciones ‘a sobre cerrado’ que le ha tocado conducir) esta vez sí tuvo que contener las ganas de conocer el contenido del sobre con el sexo del bebé. Cuando llegó la fecha, su marido no pudo recibir mejor noticia: una niña venía en camino, él siempre había querido una.

Hablamos entonces de la pareja y su papel en las posibilidades de cualquier mujer para desarrollarse profesionalmente: “Es muy importante que la equidad llegue para todas las mujeres en la parte familiar para que las posibilidades de éxito en el mercado laboral sean las mismas que las de los hombres”. Y aunque se me hace casi frívolo preguntarle cómo le va a ella en ese aspecto, lo termino haciendo. “Me va muy bien; tengo la suerte y también el orgullo de tener un esposo con el que puedo hacer las cosas juntos. Somos realmente una pareja, por eso se llama así, en términos de equidad y de distribución de las actividades.”

Es impensable que el éxito profesional venga desprovisto de sinsabores, obstáculos y momentos duros. Mónica se había estrenado como subsecretaria un par de semanas antes de que el satélite Centenario fuera lanzado al espacio. Todo su equipo de trabajo se encontraba en Baikonur, Kazajistán, desde cuya plataforma sería puesto en órbita. Aunque el lanzamiento fue exitoso, el satélite se desintegró por una falla en la tercera fase de separación. El satélite, de 300 millones de pesos explotó, literalmente, en el espacio. “Fue un momento muy difícil”, asegura.

“Las misiones espaciales son de alto riesgo y nuestra obligación era estar preparados, como lo estábamos, para una falla. Sin embargo, en el plano personal fue muy duro ver cómo el esfuerzo de tanta gente que trabajó durante muchos años en el proyecto, desapareció menos de nueve minutos después de haber despegado”
. Fue ella quien salió ante todos los medios a explicar aquello que había ocurrido: las fallas técnicas, las responsabilidades, los costos, los plazos para la reposición.

“Para todo el equipo fue una experiencia muy triste, pero también de crecimiento personal y profesional. A mí me ayudó a forjar carácter, a aprender a atender rápidamente una crisis, a comunicar con transparencia y oportunidad, y a separar los sentimientos personales de la urgencia en la reacción profesional. Esa vivencia, sin duda, nos convirtió en mejores personas y mejores servidores públicos”, dijo Aspe.

Un año más tarde, el gobierno mexicano lanzaba exitosamente el satélite Morelos 3, en esta ocasión desde Cabo Cañaveral.


*Lee la entrevista completa en la edición impresa de julio 2016.