¿Por qué Miley Cyrus es la artista más necesaria de la actualidad?

Nudista, pacifista, arty, pansexual, símbolo del nuevo feminismo Miley Cyrus es el 2016.

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Beyoncé ya no concede entrevistas para controlar su imagen al máximo. Y Taylor Swift es tan perfecta que llega a dar rabia. Se diría que a Lady Gaga le ha explotado su personaje en las manos y que podemos ver los hilos que mueven a Katy Perry desde que se levanta hasta que se acuesta. Ante semejante paisaje de estrellas estudiadas hasta el milímetro, alguien como Miley Cyrus (Nashville, 1992) es más necesaria que nunca. ¿Pero cómo se pasa de ser Hannah Montana a lanzar un álbum totalmente gratuito rodeada de drag queens?

En 2010 Miley estaba en una encrucijada. Había sido una de esas perfectas princesas Disney criadas para triunfar. Hasta que cumplen los 18 y su público objetivo ya no tiene doce años y necesita estímulos mas fuertes. Es un callejón del que casi todos los niños estrella son incapaces de salir. Los más listos, de hecho, se suelen retirar del mundo del espectáculo a disfrutar de todos los millones que han ganado. El trasvase de “artista para niños” a estrella pop global es tal vez una de las empresas más difíciles en el mundo del espectáculo. Can’t Be Tamed (2010), el anterior intento de un sonido adulto de Cyrus, se saldaba con un sonoro fracaso pese a lo sólido de su material. Miley estaba en ese callejón sin salida. Su carrera en el cine no valía la pena y su música no vendía. Necesitaba un giro radical.

Verdades incómodas dichas por Miley Cyrus

Entonces llegó un corte de pelo rubio platino. Y dejarse ver con raperos, popularizar el twerk y conseguir que un movimiento de stripper se convierta en una palabra de andar por casa. Y entonces, un día llega We Can’t Stop y todas esas cosas un poco molestas acababan cristalizando en una canción y un videoclip que resumía perfectamente a una generación absolutamente fascinada por la cultura rap y que la había masticado y regurgitado hasta generar un estilo (de vida) totalmente nuevo. Miley había pulverizado su imagen y en menos de cuatro minutos tenía una nueva, una con la que se identificaba el público. Una que comentaba todo el mundo para bien o para mal. En un negocio de apariencias, que hablen de ti mal es incluso mejor que recibir halagos.

El resto es historia: una comentadísima actuación en los MTV Video Music Awards haciendo twerk sobre el infame Robin Thicke. Un vídeo en el que se balanceaba desnuda sobre una bola de demolición. Otro vídeo donde fingía masturbarse bajo las sábanas. Y muchas fotos desnuda. Y una polémica que catapultaba su disco a lo mas alto de las listas. ¿Polémica fácil? Claro. Porque en todos los noticiarios del mundo comentan la noticia. Es culpa nuestra que no tengan necesidad de esforzarse.
 

Bangerz (2013) fue el mayor éxito de Miley Cyrus en listas. Un disco tremendo repleto de canciones como Wrecking Ball, con una Cyrus llena de rabia y de dolor que necesita gritar porque le aplasta el pecho. Un disco con fuste suficiente para no ser devoradas por su propia sobre exposición y que conseguía llevar a nuestra ínclita heroína por primera vez al número uno de la lista americana, a vender mas que Katy Perry o Lady Gaga y consecuentemente a llevarla por primera vez a la primera división de la música pop. El olimpo de las diosas.

Eso sí, envuelta en una de las controversias mas brutales de los últimos años. Para no ser tachadas de mojigatas (Taylor Swift podría escribir varios libros sobre ello) se obliga a las jóvenes popstars a ser sexuales y, al mismo tiempo, se las juzga por serlo. Como Britney Spears o Christina Aguilera, se les ha obligado a crecer para luego tacharlas de ángel caído o juguete roto de Disney cuando es algo más sencillo: son chicas jóvenes que dejan de estar bajo el cuadriculado y tiránico yugo de una gigantesca empresa que busca vender perfección y continúan con su vida en busca de una identidad adulta. Una identidad que no siempre encuentran y por la que son escrudiñadas más duramente que sus congéneres masculinos. Nadie juzga a Zac Efron por hacer cine de dudosa calidad en el que siempre está sin camiseta. O a Nick Jonas por coquetear con la ambigüedad en calzoncillos en la mitad de todas las revistas del mundo (de hecho, esto le ha valido el título de uno de los jóvenes más tolerantes del mundo). Pero en general nos parece fatal lo mucho que se desnuda Miley Cyrus. Y Miley se desnuda. Todo el rato. Lo único que nos queda por ver de ella es una radiografía del peroné. ¿Y qué importa?

15 imágenes que no entendemos del Instagram de Miley Cyrus

Al final del ciclo de su anterior disco Miley ya empezaba a dar señales que algo mas serio estaba pasando. Se seguía haciendo fotos desnuda. Imaginamos a sus managers pensando que para qué hacia eso si ya no había disco que vender. Pero Miley ha sido una de las cabezas mas visibles del movimiento #freethenipple. Movimiento que esconde algo mas profundo que una pataleta porque Instagram nos ha borrado un par de fotos con cientos de likes. #freethenipple pone una lupa sobre el doble criterio al que sometemos la imagen femenina. Pone su foco en situaciones tan retrógradas e injustas como la proliferación del concepto de los fofisanos mientras nos ponemos en contra de las mujeres que no se rinden a los cánones por estar muy gordas o muy flacas.

En un ejercicio digno de su abuela, Instagram y Facebook han adoptado la resolución de que si no hay pezón no hay seno. Que si llega Rita Ora a una gala de premios vestida con nada mas que las partes mas estratégicas no pasa nada, ¡pero ay como se le escape un pecho! El pezón femenino es considerado pornográfico. Pero abre el feed de Instagram de tu primo gay para maravillarte con la cantidad de pezones, masculinos y por tanto legales, que puedes ver. Y Miley, punk de corazón, nudista convencida y polémica profesional, está subvirtiendo el rol de chica sucia y la objetivación del cuerpo femenino para reinterpretarlo desde una posición de poder.

 

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