Así fue como hace 15 años Meg Ryan mató para siempre su carrera

Lo que le ha ocurrido al rostro de Meg Ryan ya lo sabes. ¿Pero qué fue de su fama y sus papeles en la gran pantalla?

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La reaparición publica de Meg Ryan en la Semana de la Moda de París el pasado tres de julio no solo ha servido como recordatorio de los estragos que la cirugía ha causado en su rostro (la pregunta no es por qué se operan, sino por qué, teniendo medios económicos a su alcance, lo hacen tan mal). Ha marcado también un triste aniversario: hace exactamente quince años que la carrera de Meg Ryan se apagó, aparentemente para siempre.

Si tienes más de 30 recordarás un tiempo en el que Meg Ryan era la reina de la taquilla y una de las actrices mejor pagadas de Hollywood. Cuando Harry encontró a Sally (1989) fue el disparadero para la carrera de una actriz con un talento gigantesco para la comedia y que siempre podrá decir a su favor que nunca intentó renegar de él, que no fue de esas que se entregó sin pudor al drama para intentar demostrar al mundo que ella era otra cosa. Como si la comedia fuese una cosa baja, de payasos o aficionados. Se diría que a Meg le gustaba ser lo que era: la vecina de al lado en las mejores comedias románticas de su época. Sin más.

Su ristra de éxitos en este género demuestran que algo puede ser completamente canónico y previsible y funcionar a la vez. Algo para recordar (1993), French Kiss (1994), Adictos al amor (1997) y Tienes un e-mail (1998) hicieron de su persona/personaje, la de buena chica americana que intenta pensar con la cabeza pero siempre acaba metiendo la pata por seguir los dictados de su corazón, un valor seguro en taquilla.

Mientras Julia Roberts tenía fama de intratable y tomaba decisiones extrañas en su carrera y Michelle Pfeiffer se mostraba demasiado selectiva con sus proyectos, Ryan parecía sentirse comodísima en su papel de valor seguro para la taquilla. Sí, también se tomaba sus pequeños riesgos. A veces le salían bien: estuvo muy bien como la novia de Jim Morrison en The Doors y como entrañable loca que se enamora del médico del rey Carlos II de Inglaterra en Restauración. Otras veces le salía peor: vista hoy, el drama alcohólico Cuando un hombre ama a una mujer no pasaría de telefilm de sábado. Pero al final siempre volvía a interpretar a la buena chica rubia americana que se enamoraba en el primer acto, se pasaba el segundo negándolo y acababa aceptando su destino en el tercero.

EL FIN DEL ROMANCE

¿Y qué pasó entonces en el año 2000? En el año 2000 Meg Ryan lo intentó de nuevo con un drama, Prueba de vida. Todo apuntaba hacia la gloria: el director era Taylor Hackford y su compañero de reparto Russell Crowe, recién salido del megaéxito Gladiador. Pero durante la película surgió la chispa. Crowe y Ryan iniciaron un romance que provocó que ella se divorciase de su marido Dennis Quaid al año siguiente. Quaid y Ryan formaban una de las parejas más estables y queridas de Hollywood. El desliz adúltero, diseminado por la prensa de todo el mundo, ensombreció la trama de la película y no pareció servir tan siquiera como buena promoción. Fue un fracaso en todos los países en los que se estrenó.

¡Cómo no enamorarse de Russell Crowe!

La sensación era que Meg Ryan no había engañado a su marido, sino a Estados Unidos. Traición a la patria. La novia de América fornicando con un australiano. Tal era la sed de venganza que había hacia ella que cuando la relación con Russell Crowe terminó, muchos medios celebraron el rumor de que él la había dejado. Ella tardó ocho años en revelar que fue al revés: que ella había dejado a Crowe. Pero el daño estaba hecho. Ni los intentos de la distribuidora Warner para rebajar durante la promoción el romance de los personajes en la ficción sirvieron para calmar los ánimos.

En 2001 Ryan intentó volver a lo suyo con una comedia romántica. Kate & Leopold tenía romance, viajes en el tiempo y a Hugh Jackman, que se acababa de convertir en una estrella gracias a X-Men. Pero los americanos no compraron. Meg Ryan era algo así como una zorra y nadie estaba dispuesto a olvidar. La conclusión es que la fama es cruel y caprichosa, y el público rencoroso y paleto. Meg aprovechó que ya no tenia demasiado que perder para hacer una película arriesgada que es, de paso, la mejor interpretación de su carrera. Se trata del thriller erótico En carne viva (2003), de Jane Campion, donde hay escenas de sexo explícito (no con Ryan en ellas) y un desnudo frontal de la actriz. La película estaba bien y el reparto estaba bien (la acompañaban Mark Ruffalo y Jennifer Jason Leigh), pero Meg ya no interesaba a nadie.

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