El lado polémico de Mario Vargas Llosa

Además de crear grandes obras, el escritor peruano ha protagonizado una serie de situaciones incómodas.

Etiquetas:

 

Ser un escritor como Mario Vargas Llosa, que lo mismo publica novelas entrañables que recibe premios como el Nobel de literatura o el Cervantes, o es nombrado marqués por el rey de España, lo hacen estar en el ojo público.

Alejado de su faceta literaria, el escritor peruano ha tenido diversos momentos de verdadera polémica en donde más de uno han terminado en enemistad con él. Recordamos estos.

Un hombre político
Si bien muchos escritores se han distinguido por mostrar una tendencia política en sus novelas, en ensayos, artículos periodísticos o en entrevistas, no todos llevan a la acción esos pensamientos. Vargas Llosa, sí.

El escritor se perfiló como líder político al encabezar una protesta contra los intentos del gobierno de Alan García de nacionalizar la banca peruana en 1987. Fundó el movimiento Libertad y se presentó como candidato a la presidencia del Perú en 1990. Y pudo haberlo logrado de no ser por un popular Alberto Fujimori que se llevó el triunfo en la segunda ronda electoral.

Pese a ese perfil liberal, con los años, Vargas Llosa ha adoptado un papel más inclinado al lado conservador. De hecho, mantiene vínculos con importantes exdirigentes de la derecha de varios países, como José María Aznar (exjefe del Gobierno español) o Francisco Flores (expresidente de la República de El Salvador). Además de ello apoyó la candidatura presidencial del empresario chileno de derecha, Sebastián Piñera.

México tiene a la dictadura perfecta
Vargas Llosa ha sido un crítico de las dictaduras. Tanto desde la ficción como desde el periodismo o en comentarios públicos ha cuestionado a esos gobiernos autoritarios que desfilaron por la América Latina del siglo XX.

En 1990, en el marco de un encuentro de intelectuales europeos y americanos en la Ciudad de México donde él fue uno de los invitados, Mario Vargas Llosa recordó, que si bien en este país no padecido a un dictador (a diferencia de otros países latinoamericanos y tras la Revolución Mexicana), lo que ahí existía era una una democracia disfrazada: “México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México”.

El peruano aseguró esto en un debate en cadena nacional, dejó claro que con mandatarios como Carlos Salinas de Gortari en la presidencia y más de seis décadas de predominancia del PRI en el poder era una “dictadura camuflada”, por tener las características de esa forma de gobierno: “La permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Y de un partido que es inamovible”.

Enemistad con Octavio Paz
Ese encuentro de intelectuales dejó una relación ríspida con el escritor mexicano Octavio Paz, que en su turno dentro de ese debate al que invitó a participar a Vargas Llosa, dijo que había que agradecer la intervención del peruano, pero que “como escritor e intelectual” preferiría “la precisión”.

El Nobel mexicano salió a la defensa del gobierno local. Explicó: “Lo de México no es dictadura, es un sistema hegemónico de dominación, donde no han existido dictaduras militares. Hemos padecido la dominación hegemónica de un partido. Esta es una distinción fundamental y esencial”. Habló sobre los beneficios del PRI en la historia del país y aseguró que no se habían suprimido libertades con ese partido en el poder como sí había ocurrido con Francisco Franco en España.

Para entonces, era un huésped poco querido. Y aunque muchos estuvieron de acuerdo con él, para el gobierno mexicano fue una grave falta por la que Vargas Llosa se vio obligado a salir rápidamente de México y así evitar un problema político.

Puñetazo a García Márquez
Una de las historias que sucedió pero no se sabe exactamente por qué es ese episodio ocurrido en la Ciudad de México en 1976, cuando Vargas Llosa golpeó a Gabriel García Márquez cuando se encontraron en la proyección de la película ‘La Odisea de los Andes’, para la cual el peruano había escrito el guion.

El colombiano lo recibió con un abrazo y a cambio se llevó un puñetazo en la cara que le dejó un ojo morado. Nadie entendió lo que estaba viendo, si ambos habían sido amigos por años y sus esposas —Mercedes y Patricia— también. Incluso habían acordado escribir una novela juntos acerca de la guerra de 1828 entre Perú y Colombia.

El propio García Márquez dijo “y ahora que me has golpeado, al menos dime por qué", pero como publicamos en Vanity Fair en la edición de marzo, una versión del conflicto dice que se debió a que el “Gabo” le había dicho a un amigo en común que Patricia no le parecía tan guapa. Otra historia cuenta que Patricia, ante las sospechas de que Mario estaba teniendo un amorío, le preguntó al colombiano qué debería hacer, y él le dijo que lo abandonara.

Vargas Llosa se ha limitado a decir que fue por “un problema personal” y juró que nunca revelará por qué lo hizo en realidad, porque él y García Márquez hicieron un “pacto” para llevarse esa historia a la tumba.

“Ha sido el año más feliz de mi vida”
La vida amorosa de Vargas Llosa también ha marcado su lado polémico. A su primera esposa, Julia Urquidi, se unió cuando apenas tenía 19 años, en 1955, ella era hermana de su tía política por parte materna y era diez años mayor que él. Su familia no aceptaba este enlace y él tuvo que hacer muchos méritos al trabajar (hasta poniendo letreros a lapidas); después de años tormentosos, se mudaron a París, donde él comenzó a crecer como escritor y la vida los llevó al divorcio en 1964.

Un año más tarde, él se casó con su prima Patricia Llosa, con quien tuvo tres hijos: Álvaro (1966), Gonzalo (1967) y Morgana (1974). Hasta entonces, ella fue la esposa más conocida del autor, mantuvieron un matrimonio de 40 años.

Sin embargo, en junio de 2015, el escritor reconoció estar separado de su segunda esposa y pidió respeto por su vida privada que ahora se sabía había iniciado con la exesposa de Julio Iglesias, Isabel Preysler.

En una cita amorosa para unos y escalofriante para otros, el escritor aseguró que el último año —junto a Isabel— había sido “el año más feliz” de su vida. A lo que la filipina completó: “El nuestro es un amor de una buena novela romántica”.