Los maridos invisibles de las más célebres

Estos respetados profesionales han sabido mantenerse a la sombra de sus famosas esposas.

Dice el refrán que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer. Pero, ¿alguien sabe qué hay detrás de una gran mujer? Les presentamos el club de los maridos a la sombra, esos raros especímenes masculinos que, yendo a contracorriente, permanecen siempre un paso por detrás de sus esposas, que son las famosas de la casa por su trabajo, sus cualidades y su proyección pública. Y ellos, tan tranquilos.

Ellas son actrices, políticas, escritoras, empresarias y cantantes, acostumbradas a ser el centro de atención, y comparten su vida con hombres que caminan y se mueven lejos de los focos, las alfombras rojas y los flashes. Son anónimos y, cuando hace falta, las acompañan sabiendo que, si alguien habla de ellos, no es por sus logros, sino por los de sus esposas. En definitiva, son hombres ligados a mujeres importantes.

Y, como en todo, también en esto ha habido precursoras en blanco y negro. Nos referimos a la actriz Mauren O’Hara, que estuvo casada con el aviador y general de brigada Charles F. Blair, que fue su tercer marido; Joan Crawford, cuyo último esposo fue Alfred Steele, ejecutivo de Pepsi Cola, o la escritora inglesa, Agatha Christie, que se casó en segundas nupcias con un arqueólogo, Max Mallowan.

1. Dolly Parton y Carl Thomas Dean

Es el caso con más duración. La cantante de country y Carl contrajeron matrimonio en 1966. Ella tenía 20 años y él 23. Casi medio siglo después, su historia de amor podría inspirar un tema country que, como su matrimonio y con el paso de los años, llegaría a ser un clásico. Carl es “ese gran desconocido”, porque mientras Parton está siempre en el ojo del huracán, él, que dirige una empresa de pavimentación de carreteras, prefiere quedarse en el “backstage” y dejar que los focos la iluminen sólo a ella.

La pareja se conoció en Nashville, la capital del country, en 1964, cuando ella estaba en una lavandería, la Wishy Washy Laundromat. Carl pasó por delante conduciendo su Chevrolet pickup –todo muy country– y, al verla, volvió a pasar para echar otro vistazo a aquella joven que estaba sacando la ropa de una inmensa secadora. Desde el primer momento, la cantante le dejó muy claras sus condiciones: no iba a quedarse en casa fregando platos ni limpiando, sino que iba a intentar conquistar su sueño de ser cantante de country. Él no puso objeciones y ella aceptó casarse.

2. Meryl Streep y el escultor Don Gummer

La actriz que más veces ha estado nominada al Oscar (19), ganadora de tres estatuillas y capaz de escribir una carta a los 535 congresistas de EEUU –lo hizo el pasado 22 de junio con motivo de su 66 cumpleaños– pidiéndoles una mayor dosis de feminismo en sus políticas, está casada desde 1978 con Don Gummer. ¿No les suena? Lógico, lo hemos visto poco en las revistas en las que aparece su esposa.

Don es escultor, nació el 12 de diciembre de 1948, es un chico del medio Oeste, de Kentuchy, que obtuvo un máster en Bellas Artes en la universidad de Yale. En 1973, debutó como artista en Nueva York y, entonces, conoció a Meryl, cuya carrera estaba despegando y cuya vida personal estaba hecha un lío: su pareja, el actor John Cazale (intervino en las dos primeras películas de la saga "El Padrino"), acababa de morir de cáncer, y a ella y a su hermano les habían echado de la casa que compartían con el actor. Gummer, que era amigo del hermano de Streep, les ayudó con la mudanza y, más tarde, cuando Meryl se quedó sin un lugar en el que vivir, le propuso que se quedara en su apartamento mientras él estaba fuera unos meses con una beca que le habían concedido. Ella aceptó. Y empezaron a escribirse casi cada día. Cuando él regresó, Meryl seguía en el loft. Dos meses después se casaron.

La pareja tiene cuatro hijos (tres mujeres y un varón), que nacieron entre 1979 y 1991. En este tiempo, Meryl ganó dos Oscar y rodó 17 películas. Por suerte, Don asumió el rol de “papá que se queda en casa” sin ningún complejo. Curiosamente, el escultor, que estudió con el artista abstracto David von Shlegell, es un número 1 en lo suyo.

3. Marcia Cross y el corredor de bolsa Tom Mahoney

Bree van der Kamp existe
. Y contrajo matrimonio, en una ceremonia perfecta, en junio de 2006, a los 44 años. Muchos pensarán que era una mujer desesperada por pronunciar el “sí, quiero”. Nada más lejos de la realidad, porque Marcia supo esperar pacientemente y sin desesperación a que un corredor de bolsa y fan de la serie “Esposas desesperadas”, llamado Tom Mahoney, se cruzara con ella en una florería de Los Ángeles. Por eso, en su boda, las flores inundaron cada uno de los rincones de la iglesia de San Gabriel (California) y del salón donde celebraron el banquete: todo era un tributo a su primer encuentro. En sus nueve años de matrimonio, Tom se ha adaptado perfectamente al trabajo de su esposa, comparte con ella la educación de sus hijas gemelas, Savannah y Eden, y, sobre todo, acepta algunos inconvenientes de su fama, como convivir con las cámaras sin alterarse. Y es que para un corredor de bolsa los flashes son mucho menos inquietantes que el índice Nikkei la mañana de un lunes negro.

4. Scarlett Johansson y Romain Dauriac, periodista francés

La joven de la perla lo intentó con dos actores. Primero, se casó y se separó de Ryan Reynolds y, después, lo intentó con Sean Penn en un efímero romance. Así que debió pensar que, para estar casada, mejor alguien que estuviera alejado de los sets de cine. Ahora está felizmente casada con Romain Dauriac, un periodista francés de 33 años, al que conoció en noviembre de 2012 y con quien contrajo matrimonio después de tener a su hija, Rose Dorothy, en septiembre de 2014. Romain fue redactor jefe de una revista urbana de París, Clark Magazine, que desapareció en 2011, y, después, creó su propia agencia creativa. Conoció a Scarlett en la Ciudad de la Luz, a través de su tatuador, Fuzi Uvtpk, que le tatuó la romántica expresión “Illusions perdues” en el antebrazo y que fue responsable, también, de la herradura y la frase “Lucky you”, que luce la actriz en su costado. En esta historia, la conexión “tattoo” funcionó perfectamente.

5. Lisa Kudrow y el publicista Michel Stern

Cuando la actriz de «Friends» –la extravagante Phoebe en la ficción– vio por primera vez al que hoy es su marido, pensó: “Es el hombre perfecto, pero…”. Había un gran “pero”: que Michel estaba saliendo con una amiga con la que Lisa compartía apartamento. Como tenía miedo de quedar en evidencia y de que se notara que aquel francés le encantaba, cada vez que Michel iba a recoger a su amiga al departamento y la saludaba, ella se hacía la escurridiza, se limitaba a decir “Hola” y, acto seguido, huía hacia su habitación. En fin, que se comportaba como si fuera Phoebe, su extraño personaje en la famosa serie televisiva que le dio la fama. Seis años más tarde, cuando Michel ya no salía con su amiga, se reencontraron en una fiesta de cumpleaños. Los “peros” habían desaparecido y Lisa y el publicista francés contrajeron matrimonio en 1995.

6. Julianna Margulies y el abogado Keith Lieberthal

La célebre Alicia Florrick de la serie “The good wife” podría titular su vida privada como The good husband. Julianna Margulies, una de las 100 personas más influyentes del planeta según la revista Time, también lo intentó con un actor, Ron Eldard. Pero después de 12 años, el amor, nadie sabe cómo fue, desapareció. Entonces, en una cena, a la que al principio no quería asistir porque la organizaba un agente al que había rechazado, conoció a Keith Lieberthal. “Lo vi claro desde el principio”, recuerda Julianna, que afiló sus armas de mujer sin disimulo diciéndole: “Me pareces guapísimo. ¿Eres modelo o actor?”. La pregunta no era gratuita; ella adora a los actores, pero para trabajar a su lado, no para vivir con ellos. Simplemente, quería asegurarse. Y Keith, que estudió en Harvard, ha trabajado como fiscal en Wall Street y no sabe nada del mundo del cine ni de la TV, pronunció la frase mágica: “No, soy abogado”. Keith y Julianna se casaron el 10 de noviembre de 2007. Desde entonces él es The good husband para Julianna.

7. J.K. Rowling y el doctor Neil Murray

La escritora, que ha vendido más de 400 millones de libros de Harry Potter, consiguió que la magia llegara, por fin, a su vida, de la mano de un médico: el doctor Neil Murray. Se conocieron en casa de un amigo en el año 2000, cuando él estaba trabajando como residente en un hospital de Edimburgo. La escritora, con la fama que le dieron los alumnos de la escuela de brujería de Hogwarts bajo el brazo, ya estaba separada de su primer marido, un periodista portugués, Jorge Arantes, padre de su hija Jessica y que le había hecho la vida imposible. Neil, por su parte, también estaba libre porque acababa de romper con su esposa. Esa noche, Joanne Rowling vio claro que aquel hombre tranquilo, que hoy se dedica a ser médico de familia, iba a ser su Albus Dumbledore –el director más famoso y querido de Hogwarts– particular. La madre de Harry Potter y Neil se casaron el 26 de diciembre de 2001.

8. Angela Merkel y el químico Joachim Sauer

Desde que se convirtió en canciller de Alemania en el 2005 dicen que es la mujer más poderosa del mundo y la han comparado con otra de armas tomar, Margaret Thatcher, la ya desaparecida premiere británica. Existen muchos parecidos entre las dos líderes: su ideología conservadora, las dos fueron científicas antes que políticas, su capacidad y sus dotes de mando y también y, en el caso que nos ocupa y lo más importante, tener unos maridos que siempre se han mantenido a su sombra. Merkel está casada con Joachim Sauer, un catedrático de Química que se dedica a la investigación (química cuántica, química computacional…) y que siempre ha declinado cualquier entrevista que no se centrara en su trabajo como científico.

Angela y Joachim se conocieron en 1981, en una academia de ciencias del barrio berlinés de Adleshorf. Pero en aquella época, tanto él como ella estaban casados (ella con el físico Ulrich Merkel y él con una química con la que tiene dos hijos). Sin embargo, en los 90, sus caminos volvieron a cruzarse y, esta vez, ya no se separaron. Merkel y Sauer se dieron el “sí” en 1998, y han demostrado que su fórmula –física y química– funciona a la perfección.

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