Lillian Disney, la verdadera princesa de Walt Disney

La que comenzó como secretaria de la compañía se convirtió en el gran amor y musa del genio de la animación.

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Como muchas de las grandes historias, nadie sabía de antemano que la relación entre Walt y Lillian, además de ser una verdadera historia de amor como la que se relata en muchas de las películas de la compañía Disney, iba a dar como fruto al personaje animado más famoso de la historia de la animación. Estamos hablando ni más ni menos que de Mickey Mouse.

Fue en 1928 cuando Walt, quien ya había creado Walt Disney Studio, viajaba en tren desde Nueva York hasta Los Ángeles. Precisamente la compañía acababa de sufrir un importante golpe debido a que uno de sus clientes se había quedado con los derechos de autor del conejo Oswald, un personaje creado por Walt Disney. Consciente de que debía crear otro personaje animado que le ayudara a que sus estudios remontaran, Walt aprovechó el viaje para dar a luz a un ratón al que le puso el nombre de Mortimer. Nombre que le duró hasta que se lo comentó a Lillian, quien fue clara con su respuesta: “Mortimer, no. Es demasiado serio. ¿Qué te parece Mickey?” El resto es historia.

Sin embargo, a pesar de que esta es la anécdota más curiosa de Lillian, no hay duda de que lo que Walt sentía por su esposa era una auténtica adoración, quizá por eso todo lo que ella le proponía, nunca caía en saco roto.

Corría el año 1923 y Lillian, que contaba con apenas 24 años se trasladó de Lapwai, la reserva india del estado de Idaho donde se crió, a Los Ángeles en busca de trabajo. Allí encontró trabajo como secretaria y entintadora de fotogramas de animación en la compañía de Walt Disney. Pronto, se daría cuenta que además de trabajo encontró algo mucho más importante: el amor de su vida. No en vano, Walt se empeñó en conocer lo antes posible a la familia de su empleada y el 13 de julio de ese mismo año se casaron.

Durante los primeros años de casados y hasta que tuvieron a su primera hija, Diane Marie que llegó al mundo en 1933, Lillian fue el apoyo fundamental de su marido, siendo su compañera fiel en todos los viajes de negocios. Tres años más tarde, cuando el matrimonio descartó que pudiera tener más descendencia, adoptó a Sharon Mae. No obstante, el hecho de haberse convertido en madre de familia no hizo que Lillian se desentendiera del negocio de su marido, sino todo lo contrario: se convirtió en la fuente de inspiración del gran creador. Así por ejemplo, en La Dama y el Vagabundo, la imagen en que la dueña de Reina la recibe en una caja de sombreros es una historia real protagonizada por ambos, cuando Walt le regaló a Lillian un perrito.

Además, Lillian, de carácter reservado y conservador se convirtió en el punto de equilibrio de Walt, siempre mucho más atrevido. “Creo que mi padre se enamoró de ella de inmediato, era una señorita muy independiente”, confesó su hija Diane. Pero, lejos de cortarle las alas, su esposa dejaba florecer la creatividad de su marido. “Ella siempre estaba preparada para decir la verdad. Era dura, cálida y amorosa al mismo tiempo”, confesó Roy E. Disney, su sobrino y vicepresidente de The Walt Disney Company.

Después de haberle lanzado a la idea de montar un parque temático con todas sus creaciones, y tras la creación de Disneyland en 1955, y a pesar de que Walt Disney muriera en 1966 y no llegara a verlo, Lillian sacó fuerzas de flaqueza, dejó su timidez a un lado y se lanzó a la vida pública para que DisneyWorld se hiciera realidad. El parque más emblemático de la marca fue inaugurado en 1971 por ella misma y su cuñado Roy O. Disney. Ese mismo año la viuda de Walt también puso todo su empeño en el Instituto de las Artes de California, un proyecto de educación del que fuera su marido y en 1987 donó 50 millones de dólares para crear el Walt Disney Concert Hall.

Y es que, ahora que el día 15 de febrero se cumplen 115 años de su nacimiento y con motivo de San Valentín, que mejor manera que celebrar el amor haciendo un homenaje a una mujer enamorada de su marido, que fue su mejor apoyo y su aliada perfecta para que él llegara a hacer sus sueños realidad. El 16 de diciembre de 1997, 31 años después de la muerte de Walt, Lillian murió a los 98 años. Su historia, como si se tratara de un cuento de la factoría Disney, es una historia de amor con final feliz. El legado de películas y parques temáticos son prueba de ello.



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