Este año no dejarás de escuchar la historia de esta pionera transexual

(Y no, no es Caitlyn Jenner).

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Está claro que La chica danesa será una de las películas de la temporada. A los nombres de prestigio asociados al proyecto –el oscarizado director Tom Hooper o el también premiado actor Eddie Redmayne– se une la potencia de su tema, la historia real de la primera mujer transexual en operarse de la que tengamos constancia. Y todo comenzó por un hecho casual.

Einar y Gerda Wegener eran un matrimonio de pintores de razonable éxito que vivían en la Dinamarca de principios del siglo XX. Un día, la modelo que tenía que presentarse en el estudio de Gerda para posar en uno de sus cuadros no se presentó, por lo que se sugirió que fuese Einar, vestido con ropas de mujer, el que ejerciese de modelo ocasional. Ese hecho cambió la vida de ambos para siempre. En palabras del propio Einar, al probarse el vestuario femenino, “me sentí en casa”.

A raíz de los turbadores sentimientos que habían visto la luz gracias al episodio y animado por su esposa, Einar comenzó a vestir de forma asidua ropas de mujer y a presentarse en fiestas y actos sociales con el nombre de Lili Elbe. Lo que comenzó como un juego de travestismo e impostura pronto quedó claro que era algo más: Lili comenzó a comerle el terreno a Einar, que cada vez se sentía más cómodo en su identidad femenina.

Todo esto ocurría con la aquiescencia de Gerda, que pintó a su marido ya convertido en Lili en varias ocasiones y se convirtió en su principal valedora, presentándola en ocasiones como “la hermana de Einar” y defendiéndola ante sus amigos y conocidos que, escandalizados por la historia, la rechazaban, pese a que Lili decía que cuando aparecía como Einar su figura y rasgos femeninos la hacían parecer más una mujer vestida de hombre que no un hombre de verdad.

En busca de una sociedad más abierta ambas se mudaron en 1912 a París, donde Lili podía presentarse abiertamente como mujer y la obra de Gerda –ejemplo prefecto del art decó, influenciada por el cubismo y las vanguardias, pródiga incluso en una delicada ilustración erótica- despegó y llegó a aparecer en revistas como Vogue y La Vie Parisienne.

Juntas, la pareja formaba un extraño triángulo amoroso: cuando Einar estaba presente, ambas hablaban de Lili como una tercera persona, y en esos mismos términos se refería Einar en sus notas y diarios a su otra parte. Además, cuando vestía ropas masculinas Einar se sentía cada vez más deprimido e infeliz, mientras que cuando era Lili su sensación de plenitud era total e incluso manifestaba haber olvidado hechos de su existencia que habían tenido lugar cuando vivía como Einar. La conclusión parecía obvia: Einar era, de facto, una mujer, y estaba dispuesta a desarrollar esta identidad hasta sus últimas consecuencias.

En 1930 Lili comenzó un proceso de cinco operaciones para extirparse el pene y los testículos y conseguir implantarse en su lugar útero y ovarios. Para entonces su caso se había hecho famoso en Dinamarca y Alemania, país pionero en los estudios sobre transexualidad. De hecho, el rey danés anuló el matrimonio de Gerda y Lili al tratarse de una unión entre dos personas del mismo sexo (algo prohibido) ahora que la segunda se había convertido en la protagonista de la primera operación de cambio de sexo de la historia.

Lili había abandonado su carrera en la pintura por considerarla una reminiscencia de su vida como Einar y detrás de su deseo de tener útero y ovarios también estaba su esperanza de lograr ser madre. Uno de los médicos que la trataron fue Magnus Hirschfeld, pionero de los estudios sobre sexualidad humana y activista por los derechos de los homosexuales. Cuando los nazis llegaron al poder en 1933, una de sus primeras acciones fue destruir el Instituto para la ciencia sexual por él creado y quemar su biblioteca. La Alemania científica capaz de realizar en Lili la primera operación de reasignación de sexo se convertía así en uno de los países que más activamente iba a perseguir todo lo que se saliese del comportamiento sexual canónico.

En los años 30 la medicina de los trasplantes estaba todavía en estado embrionario (tendrían que pasar más de 20 años para que el primer trasplante de riñón tuviese éxito), por lo que en septiembre de 1931 Lili Elbe, nacida Einar Wegener, fallecía sin haber llegado a cumplir cincuenta años.

Una de las cosas más sorprendentes de esta historia es precisamente que no sea más conocida. Sus elementos no pueden resultar más seductores: un personaje auténtico que desafía todas las convenciones para asumir su identidad real en los albores de los estudios sobre sexo y género, un matrimonio más allá de lo convencional que nos hace preguntarnos por las complejidades de la sexualidad humana y el siempre fascinante trasfondo del París de los años 20 y de la burbujeante escena artística del período de entreguerras.

Conoce más sobre la historia de Lili Elbe.