Lana Wachowski: una heroína transgénero digna de sus películas

El domingo cumple 50 años la mujer destinada a cambiar el cine de acción y que acabó cambiando radicalmente su vida.

Durante las dos alucinantes horas que dura Matrix, el Agente Smith utiliza su voz agotadora para referirse al siempre impasible Neo (Keanu no daba para más) como "una anomalía en el sistema" que debe ser eliminada. Durante su emotivo discurso al recibir una distinción del Consejo por los Derechos Humanos por la visibilidad trans-género, Lana (nacida Larry) Wachowski aseguró que siempre ha intentado vestirse de la forma más femenina posible, porque temía que cualquier desconocido pudiese cuestionar su género, y por tanto confirmar o negar su existencia como ser humano.

Cuando se estrenó Matrix, no sabíamos hasta qué punto esa obsesiva reafirmación de la identidad de Neo nos estaba contando la propia lucha de uno de sus directores. La obra de los hermanos Wachowski tiene muchos elementos comunes: hay explosiones desmesuradas, el cielo es de colores, ningún personaje lleva un peinado que le favorezca y los diálogos tienen demasiadas frases subordinadas (excepto en El destino de Jupiter, porque Channing Tatum y Mila Kunis probablemente no sepan leer).

Pero también hay dos características que dignifican su obra y convierten a Andy y Lana en verdaderos autores. Su integridad artística y sus héroes, siempre buscando un destino distinto al que el mundo tenía preparado para ellos.

Los Wachowski creen en su obra más que el resto del mundo


El cariño que los Wachowski profesan por su obra es implacable. En 1995, tuvieron su primera oportunidad en Hollywood cuando escribieron el guión de Asesinos, una estupidez protagonizada por Stallone y Banderas que fue reescrita por Brian Helgeland (ganador del Oscar por L.A. Confidential). La versión final del guión era tan diferente de su concepto original que los Wachowski intentaron eliminar su nombre de los créditos, en vez de callarse y recoger su cheque. Para ellos lo más importante, ya en los inicios de su carrera, ha sido siempre estar orgullosos de su obra.

Desde entonces, esta actitud de "solo juego con mis reglas" ha marcado su carrera. En Matrix disfrutaron del control total sobre cada aspecto de la película, y básicamente cambiaron el cine de acción para siempre. Mezclando sin ningún disimulo historias universales como Alicia en el País de las Maravillas y la de Jesucristo con plagios de obras minoritarias (como bien sabe Tarantino, si vas a robar ideas que sean de películas que no ha visto nadie) como Ghost in the Shell o El cuervo, Andy y Lana revistieron su universo de infinidad de letras verdes, efectos de sonido que parecían un módem de principios de los 2000 intentando conectarse, demasiada gomina y ropa de cuero brillante. Y de paso, nos abrieron la puerta a escenas de acción con unas posturas y unas cámaras lentas y una ausencia de gravedad que simplemente no habíamos visto jamás.

Los Wachowski parecían los elegidos. Elegidos para salvar el cine de acción. Pero no. A partir de ahí todo fue cuesta abajo. Las dos secuelas, Reloaded y Revolutions, daban pistas de hacia dónde querían llevar los Wachowski su carrera. Escenas de acción apabullantes se alternaban con diálogos eternos sobre el destino, la capacidad de elegir y una cursilería que siempre concluía que el amor era la única y verdadera fuerza que mueve el mundo.

La falta total de vergüenza de Andy y Lana queda patente en la figura de El Arquitecto, un señor que recitaba lineas y lineas sin respirar en un monólogo que pretendía profundizar en la filosofía del universo Matrix, pero que solo consiguió que los espectadores desconectaran (aquí la palabra "desconectar" viene muy a cuento) de lo que les estaban contando, y directamente reírse de la pretenciosa y carísima jalada que los Wachowski intentaban darnos.

Pero ellos se mantuvieron fieles a su visión. Supervisando cada producto del ahora tan de moda "universo cinemático expandido": videojuegos, webseries, cómics, novelas, websites... Mientras la saga perdía seguidores a millones, su universo se mantenía coherente y protegido por sus creadores. Tras la debacle de El Arquitecto, los Wachowski no han vuelto a recuperar la conexión con el público, pero sí han seguido defendiendo ese otro elemento intrínseco a su obra que mencioné más arriba: la fábula sobre el intruso rescatado.

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