Honestamente, deberíamos ser los wedding planners de Lady Gaga

Del vestido de novia a la lista de invitados, lo hemos planeado todo para la boda de la cantante con Taylor Kinney.

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Desde que nos enteramos que Lady Gaga se comprometió con su novio, Taylor Kinney, el pasado febrero, no hemos podido dejar de imaginar qué clase de espectáculo surrealista será su boda. Pues si algo está claro, es que la cantante no sabe hacer las cosas de manera convencional. Por eso mismo, nos hemos dado a la tarea de crear un escenario ideal para el gran evento, desde el vestido de novia hasta la lista de invitados. Estamos seguros de que si Gaga lo lee nos contratará.

Aquí nuestra sugerencia:

Gaga es famosa por cambiar de vestuario incontables veces durante sus conciertos, así que no vemos por qué, en un día tan importante como su boda, no habría de hacer lo mismo. Estimamos que necesitará, cuando menos, cinco atuendos. Un outfit de Viktor & Rolf para la red carpet a las afueras de la iglesia; un vestido diseñado por Christian Lacroix para la ceremonia religiosa; otro de John Galliano para la fiesta; uno de Vera Wang para el vals con su esposo y, por último, Vivienne Westwood para el afterparty. ¿El único requisito? Prohibido el color blanco.

Para el pastel de bodas, no habrá mejor opción que recurrir al famoso repostero Buddy Valastro ('Cake Boss'), porque, ¿quién más podría hacer un pastel de ocho pisos con miniaturas de Lady Gaga y Taylor cabalgando sobre un unicornio blanco robótico? Y ya que hablamos de comida, creemos que Lady Gaga debería honrar sus raíces italianas con un exquisito menú creado por el célebre chef Massimo Bottura, dueño del restaurante con tres estrellas Michelin 'Osteria Francescana', en Modena.

¿Las flores? Rosas rojas, algo igual de cursi que dar un anillo de compromiso Lorraine Schwartz con un diamante en forma de corazón el Día de San Valentín (que fue como le propusieron matrimonio a la cantante).

¿El fotógrafo? Por supuesto, David LaChapelle.

Ahora bien, pasemos a lo verdaderamente interesante: la boda.

Debido sus sacrílegas canciones, herejes presentaciones y explícita desnudez, dudamos que algún sacerdote quiera oficiar la misa de Lady Gaga. Pero no hay problema, porque le pediríamos a David Bowie –que todos sabemos que es mitad dios y mitad alienígena– que celebre la ceremonia cantando en mallones de terciopelo… en el nombre del amor.

Y como sin drama no hay Lady Gaga, y viceversa, a mitad de la ceremonia habría un performance en el que Kanye West entraría por el pasillo de la iglesia con una máscara de Maison Martin Margiela para intentar detener la ceremonia, mientras la cantante flota por los aires sujetada con un arnés. “I'm gonna marry the night I won't give up on my life I'm a warrior queen”, cantaría al tiempo que salen fuegos artificiales, bailarines en patines y calzoncillos plateados, y una lluvia de plumas de ganso. La gente aplaude y la ceremonia continúa con normalidad.

Después del “Sí, acepto”, las lágrimas de emoción y el shot de vodka, los nuevos esposos, Stefani Joanne Angelina Germanotta y Taylor Kinney, saldrían de la iglesia triunfantes, mano a mano, mientras sus pajes, North West, Blue Ivy y Justin Bieber, avientan pétalos de rosas a su camino.

Cabe aclarar que todo el evento será transmitido vía live streaming para que sus “little monsters” puedan ser parte de la celebración.

Tras la misa, la recepción, celebrada en la mansión Playboy de Hugh Hefner, comenzaría con una big band liderada por Tony Bennett (obvio). Después, Gaga y su esposo llegarían al centro de la pista de baile a bordo de una esfera de cristal transparente, para realizar su primer baile como marido y mujer, el cual incluirá una particular coreografía de estilo renacentista. Posteriormente, y para abrir oficialmente la pista, Dita Von Teese haría uno de sus característicos actos burlesque.

Algunos de los invitados en potencia son Elton John, Kelly Osbourne, Donatella Versace, Beyoncé Zombie boy (Rick Genest), Terry Richardson, Nicola Formichetti, Perez Hilton, la rana René y Miley Cyrus, a quien convocaríamos con el único propósito de que los invitados puedan tomar, desinhibirse y alocarse sin temor a ser los más ridículos de la fiesta.