Katy Perry, Taylor Swift y el tiburón arrítmico de la discordia

Novios compartidos, puñaladas por la espalda, sabotaje industrial y un tiburón robado...

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Aún a riesgo de caer en esa visión machista de la industria que tanto molesta a cantantes como Lily Allen, que en su último disco ‘Sheezus’ criticaba la manía de los medios de enfrentar a estrellas femeninas por el simple hecho de ser mujeres, a veces es inevitable comparar la industria del pop con los pasillos de un instituto americano cualquiera. Algo así como un corredor repleto de taquillas por el que de vez en cuando se cruzan las más populares de cada clase lanzándose, sin perder nunca la sonrisa, miradas asesinas. Se odian, aunque un día fueron amigas. Se odian porque solo una de ellas será coronada reina del baile. Se odian porque en el fondo son iguales.

Pero como bien dijo hace años Madonna cuando le preguntaron si su enfrentamiento con Lady Gaga tenía algo que ver con lo mucho que se parecía ‘Born This Way‘ a su ‘Express Yorself’: “Eso es muy reduccionista”. O lo que es lo mismo: no creas que, tal y como se ha contado en varios medios, un tiburón bailando en el Super Bowl (ojo, no uno cualquiera, sino el izquierdo) es el responsable de que las en apariencia siempre dulces Katy Perry y Taylor Swift no se lleven bien. No, lo suyo viene de atrás. De mucho más atrás de lo que se imagina. Pero cuando se trata de contar cosas de jóvenes siempre es mejor seguir el consejo de las viejas: empecemos por el principio.

ROUND I: DEMASIADO IGUALES

Antes de conocerse, Katy Perry y Taylor Swift ya tenían carreras paralelas. La primera, hija de pastores evangélicos, se crió en la ciudad californiana de Santa Barbara cantando en el coro de la iglesia hasta que, con 15 años, unos cazatalentos seducidos por su voz la convencieron para que se trasladara a la cuna del country en Nashville, Tennessee, para enseñarle a componer con la guitarra. A los pocos meses firmó su primer contrato discográfico con el sello de música cristiana Red Hill Records, bajo el que publico en 2001 su primer disco homónimo, Katy Hudson, su nombre artístico antes de adoptar el apellido de soltera de su madre con el que la conocemos ahora.

Criada también en un pequeño pueblo de Pensilvania llamado Wyomissing, la pasión de Swift cuando era niña era escribir poesía y cantar en concursos de karaoke. Una combinación que pronto despertó su interés por la música hasta el punto de que, con 14 años, como Perry, también se trasladó a Nashville para iniciar una carrera profesional como estrella del country en 2003. Carrera que no comenzó hasta 2006 con la grabación de su primer disco homónimo. Ambas tardaría unos años más en captar nuestra atención.

ROUND 2: LAS NUEVAS DE LA CLASE

Y así, cada una con su álbum homónimo bajo el brazo cocinado en Nashville, llegamos a 2008, el año en el que entraron como alumnas aventajadas en el gran instituto del pop. Fue por aquel entonces cuando Katy Perry pegó el pelotazo con I Kissed a Girl, primer sencillo que mantuvo en el número uno de las listas durante siete semanas que le sirvió para que su segundo disco, One of the boys, vendiera más de cinco millones de copias en todo el mundo. Trabajo divertido e irregular que, entre otros premios, le valió la nominación al Grammy a la Mejor interpretación pop femenina en 2009.

No lo ganó, algo que sí hizo un año después Taylor Swift cuando su segundo disco, Fearless, estuvo nominado a ocho galardones en la edición de 2010 a pesar de haberse publicado pocos meses después que el One of the boys de la Perry. A pesar de su aspecto de mosquita muerta, Swift no solo se llevó a casa cuatro Grammys, entre ellos, el de Mejor álbum del año; sino que además vendió en todo el mundo más de 18 millones de copias.

ROUND 3: AMIGAS DE LA MUERTE

Cualquier compañera de promoción se habría sentido celosa por el éxito de la otra, pero Perry, por aquel entonces, llevaba meses forjando su amistad con Taylor. Una amistad que oficialmente comenzó el 3 de mayo de 2009, fecha de la primera interacción en Twitter entre ambas artistas que, a falta de poder pasarse cartas escritas en hojas perfumadas, intercambiaban mensajes. “@taylorswift13 te quiero. Te mereces todos los premios del mundo. Eres un ángel” confesaba Katy en aquel primer tuit.

Una muestra de amor que continuó durante todo 2009 con menciones en sus respectivas cuentas como “Estoy en un hotel de Los Ángeles esperando que comience todo. No puedo parar de pensar en ti, Katy Perry”, escrito por Swift el 19 de mayo.

O también: “Taylor, ¡eres tan dulce como una tarta! Escribamos una canción juntas para mi nuevo disco. Sería brillante”, publicado por Perry el 6 de julio.

Y esto es solo una pequeña selección de sus piropos mutuos. Basta por hoy. Si los leyese usted todos seguidos correría el peligro de sufrir una grave subida de azúcar.

ROUND 4: APARECE JOHN MAYER

Y entonces llegó él y puso patas arriba el país feliz (de la casa de la gominola y de la calle de la piruleta) que tanto les había costado construir a Katy y Taylor. En noviembre de 2009, un mes después de publicar en su Twitter que el cumpleaños de Perry había sido la mejor fiesta de su vida, Swift comenzó a salir con el cantante John Mayer. Una relación que acabó en febrero de 2010 de la que Taylor ya no se acordaba en abril cuando se unió a Katy para cantar su éxito Hot n Cold en el Staples Center de Los Ángeles.

O al menos eso creía ella, porque cuando en agosto de 2012 Perry comenzó a salir con Mayer, el ‘perrohortelanismo’ de Swift hizo acto de presencia... Por cierto, ¿existe alguna norma escrita que diga cuánto tiempo debes esperar antes de enrollarte con el ex de tu mejor amiga?

ROUND 5: MALA SANGRE

Tuviera razón o no, lo cierto es que aquel romance no hizo ninguna gracia a Taylor, que en un principio se esforzó para que no se le notara el cabreo a pesar de que gestos como saludar a Perry con la mano en lugar de abrazarse cuando se encontraron en los Grammy de 2013 ya nos daban pistas de que algo iba mal. Y lo que faltaba por llegar: para una estrella del pop una cosa es que le robes el novio, y otra muy distinta, que le robes a sus bailarines. Por ahí sí que no pasa ninguna.

Por eso, cuando en mitad de la gira de presentación de su disco Red Taylor se enteró que tres miembros de su cuerpo de baile la abandonaban “por aburrimiento” para irse con Perry después de que esta les preguntara si estaban interesados en participar en su ‘Prismatic Tour', la hasta entonces cándida rubia liberó a su yo más salvaje para vengarse de su ‘amiga’. ¿Cómo? Dándole la misma medicina que le había dado a todos su ex: dedicándole una canción.

Se trata de ‘Bad Blood’, incluida en su último álbum, 1989, y descrita por Rolling Stone como la canción más violenta del disco. Tanto que incluso le preguntaron por su significado en una entrevista publicada a finales del año pasado. “Nunca he estado segura de si éramos o no amigas”, explicaba Taylor sin mencionar nunca el nombre de Katy Perry. “Ella solía venir a saludarme en las galas en las que nos encontrábamos, me hacía alguna broma y se iba. Yo no sabía si lo hacía porque me conocía o porque era una manera sutil de insultarme. En cualquier caso, el año pasado finalmente hizo algo horrible, algo que me confirmó que éramos abiertamente enemigas... ¡Y curiosamente un chico no era el culpable de ello! Básicamente intentó boicotear mi tour contratando a un grupo de gente a mis espaldas, así que ahora, como odio la confrontación, simplemente me toca evitarla”.

Al día siguiente de hacerse públicas estas declaraciones, Perry contestó igual de misteriosa en su cuenta de Twitter. “Cuidado con las Regina George vestidas de corderas”. Si has visto ese clásico del cine llamado ‘Mean Girls‘ entenderás lo acertado de la referencia.

ROUND 6 Y FINAL: EL SUPER BOWL

Desde aquel día, la guerra entre ambas estrellas está oficialmente declarada. Al menos lo suficiente como para que personas de su círculo tomen partido en la batalla. Gente como Diplo, que por aquello de haber tenido lo suyo con Perry, se posicionó del lado de la cantante de Roar pidiendo ayuda para arreglar el culo de Swift. Un insulto que se ganó la respuesta inmediata de Lorde, amiga íntima de Taylor y que no se cortó ni un pelo en contestarle con un directo “¿Deberíamos hacer también algo respecto a tu diminuto pene ya que estamos?”.

Y esto parecía todo hasta que un tiburón le robó el espectáculo a Katy Perry durante el concierto que dio durante el descanso del Super Bowl. Un tiburón a la izquierda que no se sabía la coreografía y que en cuestión de horas se había convertido en el meme de la semana. Un tiburón que escondía bajo su piel a Scott Myrick, uno de aquellos tres bailarines que abandonaron a Taylor en mitad de la gira. ¿Casualidad? ¿Mala leche? Solo ellas tienen la respuesta. “En el mundo de la música todos somos personajes”, ha declarado Perry recientemente. “Y como figuras del pop todos tenemos nuestro papel: Taylor es la princesita, Kanye West el villano... Esa es la narrativa”.

Si se confirma que Taylor será la elegida para tocar en el Super Bowl de 2016, nos morimos de ganas de saber qué personaje le adjudicará a Katy ahora que sabemos que, además de bailar con el tiburón robado, salió del estadio agarrada de John Mayer cuando todos creíamos que habían terminado.

A 5 de febrero de 2015, el marcador está así: Katy Perry 1 - Taylor Swift 0.