Juliana Awada, la 'negrita hechicera' de Mauricio Macri

A la primera dama y al presidente de Argentina se les compara con Carla Bruni y Nicolas Sarkozy.

"A cada persona le toca un destino, este es el nuestro”, me escribe Juliana Awada. La nueva primera dama de Argentina, esposa del recién elegido Mauricio Macri, me envía mensajes desde la Patagonia mientras yo me protejo del sol en una playa de Uruguay. Fue precisamente aquí, en la costa uruguaya, donde conocí a Awada hace unos diez años. Entonces salía con el multimillonario belga Bruno Barbier y ambos habían asistido a la boda de unos amigos que teníamos en común. Era una fiesta pequeña y distendida que terminó con los invitados bailando en la arena. Juliana y Bruno, altos y esbeltos, se movían de manera sensual, girando solos con la puesta de sol de fondo y el pelo oscuro de ella se movía en la brisa como un anuncio de shampoo a cámara lenta. Se habían enamorado en un vuelo transoceánico cuando ella volvía de Europa, donde solía acompañar a su madre a estudiar las tendencias de moda, y él viajaba a Argentina para comprar terrenos con la enorme fortuna familiar. No era la primera relación de Awada. A los 22 años se había casado con Gustavo Capello, de quien se sabe muy poco, pero el matrimonio fue breve. La relación de Juliana y Bruno, sin embargo, duró una década. Juntos tuvieron una hija, Valentina, que ahora tiene diez años.

“Gracias por haberme elegido negrita, mágica, única y hechicera”. Con estas palabras Mauricio Macri presentó a su mujer ante la opinión pública. Era 2010 y el alcalde de Buenos Aires acababa de contraer matrimonio con Juliana Awada, quince años más joven. La pareja se había conocido un año antes en uno de los gimnasios más exclusivos de la ciudad. Pero los comienzos de la relación no fueron fáciles porque la madre de Awada desconfiaba del pretendiente: “No te hagas el vivo con mi hija porque te corto los huevos…”, le habría dicho Elsa Esther Baker a Macri según el diario Clarín. Madame Awada, como se la conoce en el mundo de la moda, se define como “controladora” y ejerce de matriarca del clan, sobre todo desde que en 2012 falleciera su marido. Y en este caso, a su aviso no le faltaba razón. La fama de seductor de Mauricio Macri es conocida.

El primogénito de los seis hijos de Alicia Blanco Villegas y el empresario italiano Franco Macri —inmigrante romano y dueño del Grupo Macri (un holding vinculado a la construcción y la industria automovilística, entre otras actividades)— contrajo matrimonio por primera vez a los 22 años con Ivonne Bordeu. Juntos tuvieron tres hijos: Agustina de 35 años, Gimena de 30, y Francisco de 27. Todos se han mantenido ajenos a los medios. Después de diez años se divorció y se casó de nuevo con la exuberante modelo Isabel Menditeguy. Entonces el empresario se recuperaba de una depresión tras pasar doce días secuestrado y pagar un rescate de seis millones de dólares.

Macri y Menditeguy se convirtieron en un clásico de las fotos de revistas de fin de año en el balneario uruguayo de Punta del Este. Se separaron en 2005. Ese mismo año empezó su relación con la uruguaya María Laura, Malala, Groba, a quien también conoció en un gimnasio y quien se mantuvo a su lado durante parte de su mandato como alcalde, que empezó en 2007. Acabaron de una manera muy discreta, y como el resto de sus ex, salió del ojo público para siempre. Sin embargo, la relación de Awada y Macri iba en serio. Se casaron por lo civil y la fiesta se celebró en un salón frente al Río de la Plata. Asistieron amigos, políticos y modelos. Macri, que había sido presidente del club de futbol Boca Juniors, le pidió a su equipo que ganara el derby que iba a jugar esa tarde: “Así no me arruinan la noche de bodas”, bromeó. Aunque rara vez aparecía en los medios, Awada empezó a relacionarse con frecuencia con la sociedad argentina, con su look elegante y estudiadamente desenfadado que hoy la caracteriza.

“No transpira”, resumen gráficamente sus compañeras del club de tenis en Buenos Aires. Desde entonces, las demostraciones públicas de afecto han sido una marca registrada del matrimonio Macri. La más famosa fue el beso en la boca —entre cariñoso y apasionado— que Awada le estampó a su marido tras el debate presidencial del pasado 15 de noviembre después de un tenso enfrentamiento con su oponente Daniel Scioli. La imagen se hizo viral y despejó toda duda sobre quién había ganado el debate: el beso.

*Descubre la historia completa en nuestra edición impresa de febrero 2016.

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