Jennifer Garner, después del escándalo

La actriz habla del escándalo mediático, de su divorcio y de la infidelidad de Ben Affleck.

Espero a Jennifer Garner (43 años) en un sencillo restaurante italiano de Santa Mónica. El estilo relajado y nada pretencioso de esta mujer de Virginia Occidental la ha convertido en una de las madres famosas más respetadas de Estados Unidos y en una intérprete que sigue llenando las salas de cine. Camina de forma enérgica, sin dar rodeos, para reunirse conmigo en una mesa al fondo del local. Ella cumple con las expectativas: piel perfecta, nada de maquillaje, una gran sonrisa.

En junio de 2015, después de que sus hijos (Violet, de diez años; Seraphina, de siete; y Sam, de cuatro) acabaran el curso escolar, Garner y su marido, Ben Affleck, anunciaron que iban a divorciarse un día después de su décimo aniversario de boda. Un mes más tarde, en la prensa surgieron rumores de que él mantenía una relación con la niñera de la familia, Christine Ouzounian, de 28 años, algo que el actor niega tajantemente. (Tras varios episodios desafortunados en Instagram, la nanny ha desaparecido de la esfera pública).

“Cuando no puedo dormir, algo que solo me sucedió el año pasado, y necesito desconectar, recurro a Tina Fey y Amy Poehler —revela Garner—. Que Dios bendiga a estas chicas.
Antes creía que jamás vería la televisión por el móvil, pero empecé a hacerlo porque dormía al lado de mi hija”. Violet y ella comparten habitación temporalmente. “Me alegra estar a su lado, y a ella estar conmigo”.

La combinación de dos estrellas de cine y su familia perfecta era una mina de oro para los tabloides y un ideal. Al fin y al cabo, Garner y Affleck eran una versión glamurosa de la normalidad, algo que casi resultaba inverosímil en Hollywood. “Nuestro matrimonio era de verdad —afirma—. No vivíamos para las cámaras. Y para mí era una prioridad enorme que no se rompiera. Cosa que no sucedió”.

Las páginas web de chismes bautizaron el episodio que vivió la actriz como el nannygate [el caso de la niñera]. “Le voy a contar una cosa. Ya llevábamos meses separados cuando me llegaron esos rumores sobre nuestra niñera. En cualquier caso, ella no tuvo nada que ver con nuestra decisión de divorciarnos. No formó parte de la ecuación. No es precisamente bueno para tus hijos que [una niñera] desaparezca de sus vidas”. Meses después, Garner todavía sigue evaluando los daños causados. “He tenido que mantener ciertas conversaciones con mis hijos sobre lo que significa la palabra escándalo”.

Fue en el mismo período complicado del verano pasado cuando la intérprete rodó ‘Milagros del cielo’, cinta dirigida por la mexicana Patricia Riggen, una cineasta relativamente novata. Quizá no sea una coincidencia que Garner ofreciera una de sus interpretaciones más desgarradoras hasta la fecha en su primer papel protagonista desde hace años. La película (estrenada en marzo en México) situó a Garner bajo el escrutinio público por primera vez desde el anuncio de su divorcio, y la obligó a enfrentarse a todo tipo de comentarios sobre su vida privada. “El verano pasado me juré en silencio que no iba a entrar en internet. No tengo la menor idea de nada de lo que está pasando sobre este tema”.

En esta época en que los medios funcionan las 24 horas, mantenerse al margen requiere disciplina, algo que algunos pueden interpretar como indiferencia. “Ben dice: ‘Ah, es que te da igual’. Y yo contesto: ‘No, me pasa lo contrario. Me duele muchísimo y me afecta muchísimo”. Por ello decidió que no le “importaba una mierda” lo que el mundo exterior pensara de su divorcio. “No puedo dejar que esto me influya. No puedo permitir que me muevan la rabia o el dolor. Tengo que actuar sin olvidarme del contexto general y lograr que los niños sean la máxima prioridad”.

Garner enamoró a EUA hace 14 años cuando fue la estrella de la popular serie ‘Alias’, de J. J. Abrams. “Es graciosa e inteligente, y sabes que cuando le ofreces lo mejor que llevas dentro logrará convertirlo en algo todavía mejor. Nadie es perfecto. Pero nadie es Jen Garner”, defiende Abrams, cuya cinta 'Star Wars: El despertar de la fuerza' rompió récords de taquilla el año pasado. El director y productor reconoce que quiere volver a colaborar con Garner. “Sería un sueño. Ahora está en ese momento de su carrera en que empieza a interpretar sus papeles más complejos y satisfactorios”.

También fue en ‘Alias’ donde Garner conoció al veterano intérprete Victor Garber, que daba vida a su padre y con quien todavía mantiene una estrecha amistad. (El actor es el padrino de Violet). “Es una de las personas más importantes de mi vida”, explica Garber. El sentimiento es mutuo, ya que él fue el elegido para oficiar la boda de la actriz cuando se desplazó a las islas Turcas y Caicos sin que nadie más lo supiera, en 2005. “Fue una de las mejores experiencias que hemos vivido —añade él—. Y por muy difícil que sea este momento, hay muchísimo amor entre ella y Ben y siempre lo habrá”.

Garner confirma este sentimiento: “Yo no me casé con el superastro de cine: me casé con el hombre —aclara—. Recorrí aquella playa para unirme a él, y lo haría de nuevo. De lo contrario, no habríamos tenido tres hijos ni habríamos vivido tantísimas cosas. Es el amor de mi vida. ¿Qué voy a hacer al respecto? En cualquier entorno, Ben es siempre la persona más brillante, la más carismática, la más generosa. Pero también un hombre complicado. Siempre digo: ‘Cuando su sol te ilumina, lo notas’. Pero cuando ese sol brilla en otra dirección, pasas frío. Ben puede proyectar una sombra muy grande”.

Garner acaba de terminar de rodar ‘Wakefield’, largometraje escrito y dirigido por Robin Swicord, basado en la reinterpretación que hizo E. L. Doctorow de un relato de Nathaniel Hawthorne. En esta película dramática, que se estrenará este año, interpreta a la esposa del protagonista (encarnado por Bryan Cranston), que finge su muerte para espiar a su mujer desde el desván de su casa. Para el papel tuvo que rodar una escena amorosa. “Cuando no te han besado en ocho meses resulta extraño. Pero es mi trabajo. Son las nueve de la mañana y pienso: ‘La verdad es que no me vendría nada mal un trago de alcohol’. Después, tras un par de tomas, cuando todo el mundo te ha visto los pechos y los gorditos, lo único que quieres es hablar con el equipo técnico y decirles: ‘¡Por favor, apiádense de mí!”.

La familia siempre ha sido lo más importante para la intérprete, quizá porque creció en una de clase media y tradicional en Virginia Occidental. Su madre era profesora de literatura inglesa y su padre ingeniero químico. “No me criaron en un hogar en el que se apreciara la vanidad —rememora—. Eso no era lo más importante para nosotros”.

*Lee el texto completo en la edición de junio 2016.