Su satánico heredero

Se llama James y es hijo de Mick Jagger y de la modelo Jerry Hall; desde una aparente oscuridad, saltó a una fama gracias a su trabajo en ‘Vinyl’.

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El hijo de Mick Jagger y de la modelo Jerry Hall era prácticamente un desconocido hasta que irrumpió en la pantalla gracias a ‘Vinyl’, la serie sobre la industria musical en los locos años 70. En ella, James Jagger interpreta al líder heroinómano de una salvaje banda punk. Un papel a medida de este neoyorquino que lidera su propio grupo de rock y creció rodeado de leyendas como David Bowie... o papá Mick.

Es algo rápido, es indecente, ¡como un golpe en la cabeza!”, exclama el productor Richie Finestra, protagonista de ‘Vinyl’, puesto hasta arriba de cocaína. La escena resume una serie ambientada en el mundo musical neoyorquino de los años setenta, creada por Mick Jagger y Martin Scorsese. Una de las grandes producciones televisivas de 2016. ¿Y quien mejor que el hijo de Jagger y Jerry Hall para encarnar a Kip Stevens, el líder rabioso y carismático de un grupo de punk de ascensión imparable?

En las escasas entrevistas que ha concedido da la impresión de ser un joven reservado que trata de labrarse un nombre. A diferencia de su hermana Georgia May y de su hermanastra Jade, ambas modelos, James mantenía un perfil bajo apenas enturbiado por alguna salida de tono. Como cuando hace un año publicó un selfie en Facebook en el que sus gafas oscuras no alcanzaban a ocultar un gesto algo descompuesto acompañado por las palabras “Stoned again” [Drogado otra vez]. Pero ni siquiera su reciente boda con la artista de origen indio Anoushka Sharma, de 28 años, suscitó demasiada atención.

Ahora la situación ha cambiado. Al menos esa es mi impresión después de hablar con él por teléfono mientras viaja entre París y Texas. Está rodeado de gente, como ocurre con los artistas que se convierten en la sensación del momento. Encontrar un hueco en su agenda resulta casi imposible. Arañar un minuto más para la entrevista, también. Como toda estrella que se precie colabora con una ONG, Project Zero, que protege los océanos. “Nado, buceo y hago surf. Siempre he mantenido una relación muy estrecha con el mar”. No se considera ecologista —“no abrazo ninguna bandera”—, pero prefiere la verdura a la carne y la bicicleta, al coche. Y sí, tiene un acusado lado stone.

“Siempre he creído que mi apellido tenía más de maldición que de bendición. Pensaba que me iban a criticar sin piedad de forma incesante. Hiciera lo que hiciera. Así que me asombró recibir buenas críticas”, declaró en 2007 a la prensa británica. Entonces Jagger interpretaba su primer papel teatral en Lone Star & Pvt. Wars, dos oscuras obras sobre la guerra de Vietnam. “En los últimos años los directores me habían tratado con mucho desprecio. Mi confianza estaba por los suelos. En esta industria tienes que ganarte el respeto”, añadió.

Jagger nació en Nueva York en 1985, pero habla con un fuerte acento fresa adquirido en Inglaterra (no empezó a vivir en su ciudad natal hasta que cumplió los 20 años). Estudió Arte Dramático en Cambridge durante un breve período. Después asistió a la escuela de interpretación Lee Strasberg, en Nueva York, y remató su formación con Susan Batson, profesora de Nicole Kidman y George Clooney. También toca el piano y es cantante y guitarrista del grupo de metal Turbogeist: “Obviamente, esa experiencia me ha facilitado las cosas para abordar la serie. Sé qué se siente al estar sobre un escenario”. Por el momento, ha pausado sus actividades musicales. “Es una pasión que siempre me acompañará, pero mi prioridad ahora es la interpretación”.

—¿Cómo llegó a la música?

—El ambiente en el que creces siempre influye, pero mi padre nunca me empujó en esa dirección. Es un hombre muy pragmático. Sabe que no es fácil ganarse la vida con una profesión artística. Hice lo que muchos adolescentes: me puse a tocar con amigos, y la gente empezó a pedirnos que actuáramos para ellos. Seguidor de The Dammed, The Pixies y The Clash, tuvo una infancia normal. Sus padres aspiraban a que sus hijos estudiaran. Pasaba las noches viendo películas del oeste, y desde entonces admira a Paul Newman: “Mi madre era muy fan. A mí me encantaba la forma en que encarnaba los antihéroes”.

—‘Vinyl’ retrata un mundo artístico corrompido. ¿Ese entorno hostil es ya pasado?

Las cosas se han estandarizado y la música se ha convertido en un negocio. Pero sigue habiendo casos de explotación y artistas a los que se estafa. He visto a amigos atados a contratos que habían firmado sin consultar con un abogado.

—¿Ocurre lo mismo con la industria cinematográfica?
—Todavía no tengo suficiente experiencia, pero aún hay personas dispuestas a cualquier cosa por cumplir sus sueños, como congelarse en biquini en la nieve por exigencias del guion.

Antes de colgar, le pregunto por uno de los iconos musicales del siglo XX, con quien su padre protagonizó un famoso trío.
—¿Conoció a David Bowie?
—Sí. Tendría cinco años. Me impresionaron sus dientes, eran blanquísimos... (ríe).

Ahora sé que era un maestro. Un personaje decisivo para su época.