Ivana Trump, la mejor ex que un candidato puede desear

Una esposa como la de Obama puede hacer ganar una presidencia, pero una exesposa como la de Donald Trump…

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Si Donald Trump asegurara que él es Dios, tal vez Ivana Trump diría que ella fue quien le dio la receta mágica de cómo ser Dios. Casados en 1977 y divorciados en 1992, tras uno de los pleitos más sonados y uno de los acuerdos legales más jugosos, esta pareja vive en la actualidad una relación casi envidiable.

Aquella furia con la que Ivana enfrentó a Marla Maples (segunda esposa de Trump, quien quien se “interpusiera” en su hogar) y después exigiera la mitad de la fortuna del millonario por 15 años de matrimonio y tres hijos, ahora parece haberse disipado, son amigos y se aconsejan.

En una entrevista dada a The New York Post se describió como una de sus principales asesoras, dice estar feliz de ser la exmujer y de vivir sin presiones (claro, con un acuerdo de divorcio que le dejó 25 millones de dólares en cash, una mansión de 41 habitaciones y una pensión anual que supera los 5.3 millones de dólares, muchas lucirían así de amenas).

“Yo le sugerí su lema de ‘tú lo crees, yo lo digo’”, aseguró al periódico estadounidense, un comentario que hasta ahora no ha ni afirmado ni desmentido su exmarido, pero que da fe de la egolatría de esta mujer que en algún tiempo fue modelo, diseñadora, esquiadora, ahora funge de empresaria y se ha dedicado a sacar provecho de su figura de divorciada (en dos ocasiones más además del candidato) y escribir libros de superación personal. Ah sí, y también se da tiempo para vivir la buena vida.

Y desde su papel cercano, pero a la vez con una distancia sana, Ivana Trump cuenta que ella habla con el republicano antes y después de cada discurso, “él me pregunta qué pienso y yo le digo que debe ser más calmado”, y le da su opinión acerca de cómo lo vio en acción. “Si eres una mujer casada, usualmente haces lo que tu esposo quiere que hagas. Yo puedo puedo hacer lo que yo quiera”, describe así su envidiable posición.

Pero también muestra una cara más avispada que la de su expareja, al menos en cuanto a la forma de simpatizar con los votantes. Ella, nacida en la República Checa, muy dentro de sí sabe que pertenece a esa masa de inmigrantes que se establecieron en los Estados Unidos y que “algo” de consideración merecen, incluso, los latinos.

“Mientras vengan aquí de forma legal y trabajen de forma apropiada… necesitamos a los inmigrantes. Si no, ¿quién va a ordenar y limpiar nuestras estancias? A los americanos no nos gusta hacer eso”, afirmó en la entrevista. Ivana reconoce que el candidato republicano fue quien le dio la oportunidad de establecerse en EUA, pero ella hizo lo suyo: “vine a este país y, aunque no era rica, me puse en altos cargos”. Quién como ella.