Así se hace un homenaje no oficial a Juan Gabriel

La plaza Garibaldi reunió a fanáticos del compositor, alrededor de su estatua cantaron hasta que la voz se les terminó…

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Los fanáticos no esperan, si su ídolo se fue, se vale hacer honores donde se pueda, con lo que esté al alcance, pero eso sí, con mucho sentimiento; así fue ese homenaje improvisado la noche del 28 de agosto en Garibaldi, la plaza del mariachi en la Ciudad de México no tenía oídos mas que para el que recién se fue, para el prolífico compositor Juan Gabriel.

Ramos de rosas, flores de banqueta, fotos compradas en algún puesto de revistas, poco a poco las personas comenzaron a dejar recuerditos de su cariño a Juan Gabriel en el pedestal de la estatua que tiene en el Paseo de la Canción Mexicana. Hace una semana, una pareja de amigas visitaba este lugar y una le decía a otra que en ese pasillo estaban todos los compositores y cantantes de música vernácula que ya habían fallecido, al reconocer a Juan Gabriel supo que había un error porque él seguía vivo, ahora fue certera su “predicción”.

Era domingo, y de noche, pero poco importó que el lunes comenzara la semana laboral; jóvenes y adultos se colaron entre los típicos turistas que acuden a esa plaza no importando el día o la hora, pero pocos iban a los centros nocturnos, el foco de atención era la estatua del “Divo de Juárez”, donde una pequeña multitud coreó uno, y otro y otro más de sus temas: ‘Querida’, ‘La diferencia’, ‘Hasta que te conocí’, ‘No tengo dinero’ y muchas más.

El alcohol corrió de mano en mano: cerveza, Tonayan, mezcal, tequila en una copa de champán, así se brinda en un homenaje improvisado. Los puestos de tacos y los de chicharrones también hicieron su agosto, ya casi a final de mes, pero agosto al fin. Así también los mariachis sin clientela, que gracias a una colecta hecha al vapor en un vaso de plástico, los reunidos cooperaron con 20 pesos, 50, 100, para que los cantos fuesen acompañados por música.

Las porras también lo fueron, “sin maricones, no hay revoluciones”, gritó un grupo LGBT que rellenaba los huecos entre canción y canción con esas consignas. Juan Gabriel nunca dijo que fuese o no gay, pero todos los sabíamos, y no importaba. En su caso, importó más la revolución que armó por más de 40 años con su música. No faltó tampoco la protesta política “Juan-ga, sí, Pe-ña, no”; a lo mejor muchos olvidaron que el compositor tenía simpatía por el partido al que pertenece el presidente de México, fue incluso vocero del PRI, pero esto tampoco importa, al menos no tanto como los cientos de versos en esas canciones que hacen que un mexicano se sienta más orgulloso de serlo pese a su situación política.

Porque Garibaldi está antes que Bellas Artes —y no hablamos de las estaciones del Metro, sino de los homenajes—, para despedir a uno de los más prolijos compositores que ha tenido México, la noche del día de la muerte de Juan Gabriel, la gente se adelantó al gobierno. El palacio de mármol estará a disposición de que la familia quiera darle ese honroso adiós, pero mientras tanto, ellos ya le dijeron hasta pronto a su manera.
 

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