Cómo unas fotos #tbt en Instagram han salvado la campaña de Hillary Clinton

Con Bill durante su noviazgo, con sus padres en su infancia. Así ha construido Hillary su imagen en redes sociales.

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Hillary Clinton quiere pulir su imagen. Sacarle brillo a sus viejas fotos para acercarse a los votantes y demostrar la larga y ajetreada trayectoria vital de una mujer con tres décadas de flashes a la espalda como figura pública, antes hija modelo y estudiante ejemplar.

Su equipo ha desempolvado los álbumes familiares para llenar las redes sociales de instantáneas, del blanco y negro al color, que de alguna forma repasan también la historia de Estados Unidos de los últimos 67 años, los mismos que tiene la candidata a las primarias demócratas.

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Su generación es la del boom de los 50 (Hillary nació en Chicago en 1947). Y las primeras fotos son de una niña rubia en triciclo, o con sus padres y un hermano, acompañada de una de esas leyendas que tan bien funcionan en ese país. “Me habría encantado que mi madre hubiera podido estar más tiempo entre nosotros y ver la América que vamos a construir juntos. Una América en la que un padre le puede decir a su hija: ‘sí, puedes ser todo lo que te propongas, incluso la presidenta de EEUU’”.

La ex primera dama, ex senadora y ex secretaria de Estado cuenta en sus memorias Living History que en el colegio era vista como una tomboy, con fama de no amedrentarse cuando tenía que enfrentarse a los chicos más rudos de la clase. En el instituto tenía look de nerd, como ella misma reconoce en Instagram. Y en Wellesley College, de buena estudiante. También hay una bonita foto de Bill y Hillary en el verano de 1975 (el año que se casaron) que parece sacada de un anuncio de Coca-Cola. Y otra de la pareja con un Bill muy hippy, en sus felices años universitarios.

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Con Chelsea fueron padres. “Nació tres semanas antes de lo previsto. Bill la cogió en brazos por todo el hospital. Le cantaba, se la enseñaba a todo el mundo y básicamente sugería que había inventado la paternidad”, bromea Hillary en las redes, donde también ha subido una foto con su hija en un pony, y otra de la pareja en su época de Arkansas: “La moda de los 80 no estaba tan mal”.

La obsesión por las fotos vintage llega hasta la campaña en televisión, donde una niña con coleta aparece agarrada de la mano de su madre. Son imágenes poco conocidas de una mujer sobreexpuesta a los focos desde hace tres décadas. Y todo con el objetivo de hacerla más cercana a los votantes. Más vendible. Más ciudadana que marca global. Más fiable que una millonaria con ropa cara. Lejos queda la época en la que estas fotos podían darle algún que otro disgusto, cuando el activismo de los Clinton en la universidad era motivo de polémica en los 90, o cuando su look de los años 70 podía recordar a batallas generacionales todavía en la mente de algunos votantes. Ahora todo eso se ha esfumado. Y su equipo aprovecha este momento revival para colarle a los electores las imágenes con más gancho.

 

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