Hemos visto el 'reality' de Caitlyn Jenner y tú deberías verlo también

Es un cuento sobre una heroína, pero también una comedia de enredo y un drama sobre la aceptación familiar.

Etiquetas:

A veces olvidamos que Caitlyn Jenner, una de las mujeres más famosas del mundo, es también, como quien dice y en la práctica, una mujer jubilada. A sus 65 años lo tiene todo (ahora más que nunca) y se enfrenta a una vida nueva. "¿Qué debo hacer?", se pregunta en un momento dado. Este reality no trata de su transición, como se dijo. De hecho comienza cuando la portada de Vanity Fair es publicada y el mundo conoce a su verdadero yo. El reality va sobre otra cosa: responde a una pregunta que siempre nos ha aterrorizado a todos: ¿qué hago una vez he conseguido todo lo que quiero? Caitlyn decide convertirse en una superheroína, en la representante de un colectivo que todavía sufre y es acosado y denostado en el mundo entero. Eso es un gran poder y conlleva una gran responsabilidad. También es una revelación. Y eso es mucho más bonito que una transición.

Esto es todo lo que hemos aprendido de Caitlyn Jenner

I am Cait es, pues, la historia de una heroína
Y cuenta con un centro de operaciones al que se accede por un camino de tierra y está rodeado de mareas agresivas (la casa de Jenner en Malibú). Caitlyn cuenta con casi metro noventa de estatura y con un fiel séquito (sus asistente Rhonda, su madre y sus hijas) para salvar el mundo. Y tiene una misión: conseguir que los transexuales sean aceptados por la sociedad. "¡Otro suicidio!", exclama Caitlyn en su cocina mientras escucha en las noticias que un adolescente transgénero llamado Kyler Prescott se ha quitado la vida. Y se suben al coche y corren a su casa. Eso sí, en el coche Caitlyn debe viajar recostada para ocultarse de los paparazzi, que saben que su imagen se cotiza a 250,000 dólares la pieza. Solo hay una cosa contra la que ni una superheroína puede luchar y se llama TMZ.

I am Cait es una comedia de enredo femenino
Caitlyn sus hijas y su asistente Rhonda bromean sobre la incomodidad de andar con tacones, sobre lo molesto que resulta tener pechos grandes a la hora de jugar al tenis y sobre la inconveniencia de que Caitlyn enseñe "demasiado escote" cuando está a punto de ver a su madre, Esther, por primera vez tras su transición. Kim Kardashian, en una aparición absolutamente inútil pero que el público esperaba y había que ofrecer sí o sí, entra con Caitlyn a su vestidor. Esta le enseña los vestidos que le han enviado Diane Von Furstenberg, Tom Ford y toda la aristocracia de la alta costura norteamericana. "Este es precioso", le dice sacando uno gris. "Lo tiene igual mamá", responde Kim.

Guía: el clan de los Kardashian explicado para principiantes

I am Cait es absolutamente creíble en su artificio
Si algo nos está enseñando el reality show de nuevo cuño es a aprender de nuevo aquello de la suspensión de incredulidad, ese principio que nos permite creernos la ficción porque nos hace olvidar que son actores recitando líneas previamente aprendidas. Lo que tenemos que intentar creer ahora es que todo lo que dice y hace la gente real en un entorno lleno de focos y cámaras es efectivamente real. Todavía nos cuesta. Pero cuesta poco en I am Cait, obra cumbre del montaje, de los tiempos y de los gestos. La madre de Caitlyn se revela como la auténtica estrella, representando en el primer episodio a esa parte de los espectadores que quieren entender a Caitlyn pero a los que todavía les cuesta. A esos que aún se hacen un lío con su nombre. La escena en la que Caitlyn tira toda la ropa de hombre que había pertenecido a Bruce es posiblemente la explicación más sencilla para todos ellos.

 

¿Qué más hemos aprendido de I am Cait? Descúbrelo haciendo clic aquí.