La historia detrás de Gypsy, el nuevo drama psicosexual de Netflix protagonizado por Naomi Watts

Billy Crudup y Blythe Danner coprotagonizan esta nueva apuesta.

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Cuando Lisa Rubin estudió cine en la Universidad de Columbia, se hizo famosa por escribir buenas escenas de sexo. Ellos fueron testigos de sus guiones, centrados en mujeres con defectos que lidiaban con cuestiones como el control, la obsesión, la identidad y la sexualidad. Así que cuando Rubin se mudó a Los Ángeles en 2013, después de ganar su M.F.A., los productores de Hollywood se apresuraron a instar a la guionista de Long Island a demostrar su fuerza de la manera más comercializable y contemporánea posible.

“Conocí a algunos agentes y todos querían que yo escribiera, básicamente, Cincuenta sombras de Grey”, dijo Rubin por teléfono esta semana, haciendo referencia al éxito de E.L. James que ha recaudado con sus propios temas de control, obsesión y sexualidad la suma de 125 millones de dólares en ventas de libros, y 950 millones en taquilla. “Leen mis ideas alternativas y tratan de hacerlas comerciales. Yo siempre decía: ‘Está bien, pero eso no es lo que realmente quiero escribir’”.

Rubin se aferró a su tendencia alternativa, e irónicamente, después de vender un drama psicosexual de 10 episodios llamado Gypsy a Netflix, Sam Taylor-Johnson llegó para dirigir y producir los dos primeros episodios. La aclamada cineasta también dirigió la primera película de Cincuenta sombras de Grey. A pesar de la naturaleza sexual, la protagonista femenina y la participación de Taylor-Johnson, los proyectos son muy distintos.

Por un lado, Taylor-Johnson disfrutó trabajar en este proyecto, después de un documentado choque con E.L. James en Cincuenta sombras. “Está escrito de una manera brillante”, declaró la cineasta a The Guardian este mes. “Y la protagonista es tan multifacética y compleja y oscura y misteriosa e inteligente y retorcida. Fue muy emocionante ser parte de algo tan diferente”.

El proyecto —el primero de Rubin en realizarse— atrajo a una estrella igualmente impresionante: Naomi Watts, quien interpreta a Jean Holloway, una terapeuta que, sintiéndose atrapada por su vida suburbana en Connecticut, comienza a cruzar los límites que predica a sus pacientes al rastrear el objeto de sus obsesiones y desarrollar sus propias relaciones con ellos.

Los espectadores de televisión han visto una y otra vez cómo hombres de mediana edad con defectos pierden sus cómodas vidas en familia a causa de los peligros y los demonios que los tientan desde las sombras. Pero las mujeres no suelen tener la misma oportunidad para este tipo de búsqueda en pantalla, por lo que Gypsy es aún más especial. Aquí, nuestra protagonista de la crisis de la mediana edad, además de ser mujer, tiene el triple de complicaciones: un esposo, una hija y, la mejor parte, una carrera en la que guía a los pacientes a través de sus propios problemas psicológicos.

A algunos críticos no les ha gustado la lentitud con la que se desarrolla el drama. Pero a nosotros el ritmo nos parece una referencia deliberada de la velocidad a la que una mujer realmente podría desatar la identidad que ha pasado más de una década construyendo.

Rubin, cuya hermana es una terapeuta del comportamiento cognitivo, dijo que quería “crear un personaje femenino fuerte, con defectos, que vive lleno de deseo, toma algunas malas decisiones, pero es humano. Tengo mucho instinto y quería ver un personaje femenino que fuera así”.

Tomando al personaje de Diane Lane de Infidelidad, de 2002, como inspiración, Rubin expresó: “Realmente me gusta la idea de ‘líneas prohibidas’ y lo que eso significa. Estuve pensando en los terapeutas y en el poder que tienen al conocer estos detalles íntimos sobre sus pacientes. En cierto modo, es un trabajo súper voyeurista… La idea de que alguien tuviera ese poder y actuara a partir de él, para bien o para mal, podría ser realmente oscuro, un poco excitante, y si [el terapeuta] tomara los pasos necesarios para desarrollar una relación usando la información que tiene, podría ser bastante peligroso”.

“Pensé mucho acerca de las personas que se dedican a la terapia [como profesión], y sé por mi hermana que ellos también tienen defectos”, comentó Rubin. “Algo en ellos mismos les da curiosidad, y esto es lo que los lleva a convertirse en terapeutas. Me gustó la idea de que la audiencia vea a Jean como si ellos fueran los terapeutas, diagnosticándola y tratando de entenderla… tratando unir las pistas para que todo tenga sentido.

El esquema del drama surgió mientras Rubin estaba trabajando en el Caffe Vita en Silver Lake, California. Un día Gypsy, de Fleetwood Mac, empezó a sonar, y Rubin escuchó la letra de una mujer que sentía nostalgia de su vida pasada; entonces la serie y el personaje principal, que vuelve a la libertad de su juventud, cobraron sentido. (Stevie Nicks grabó una versión simplificada de la canción para el tema de la serie, un poco de magia negra cortesía de las conexiones en el mundo de la música de la productora ejecutiva Liza Chasin).

Después de terminar el piloto, Rubin se lo mostró a su hermana, cuya respuesta era de esperarse: “Un terapeuta no puede hacer esto”. Después de explicarle que el hecho de que Jean traspasara esos límites era lo importante de la serie —“No es por las drogas, la bebida o una adicción común, es la idea de escapar hacia la vida de otras personas”.— su hermana trabajó como una especie de consultora técnica, para asegurar que el lenguaje que Jean empleaba con los pacientes fuera realista.

“Le pregunté si en su diagnosis Jean tendría un trastorno”, dijo Rubin. “Pero ella respondió que todo el mundo tiene trastornos en algún espectro y que no creía que Jean fuera diagnosticable, y estoy de acuerdo. Esta no es la historia de una mujer con una enfermedad mental… todos somos capaces de hacer cosas oscuras o malas. La mayoría de las personas no son buenas o malas; caen en una zona gris y hacen cosas malas. Y mostrar mujeres [en la pantalla] que siempre son alentadoras, buenas o simpáticas no es ser honesto”.

Rubin envió su serie a Netflix, que compró el programa antes de que Taylor-Johnson o Watts fueran parte de él.

“Creo que se sintieron igual de emocionados que yo acerca de por qué era una historia que vale la pena contarse”, dijo Rubin sobre la compañía. “Estaban totalmente de acuerdo con la perspectiva femenina, y el hecho de que Jean a veces no iba a ser simpática. Les gustaba la idea de traspasar límites. Muchas otras cadenas habrían querido que Jean matara a alguien en el piloto, pero eso es justo lo que no quería que fuera el programa”.

Netflix también apoyó la petición de Rubin para que la directora fuera una mujer.

“Me encontré con Sam y me sentí como si hubiera interiorizado el material”, dijo Rubin. Ella conocía al personaje. Todo se sentía muy natural. Fue amable con Naomi, quien leyó el guión y creo que se conectó con el personaje. Cada paso del camino ha contribuido a crear este equipo”.

En el estreno de la serie, después del torbellino que fue su primer proyecto de Hollywood con un elenco, un director y un lanzamiento de primer nivel, Rubin expresó: Estoy emocionada, pero ni siquiera sé si entenderé de inmediato todo lo que ocurrió. Y lo mismo pasa con Jean. A veces las emociones se demoran, y las cosas suceden con tal frenesí que simplemente lo vives para entenderlo más tarde".

*Texto originalmente publicado en Vanity Fair U.S.