El oscuro –y bochornoso– pasado de los rockeros mexicanos

Antes de ser alabados por su música y alcanzar una gran fama, estos músicos estuvieron en zonas poco halagadoras.

Los vemos tan convencidos, tan profundos y contestatarios, que no nos imaginamos que el largo y sinuoso camino para ser célebres y con credibilidad en el mundo del rock, tuvieron que navegar por pantanosas aguas de las que algunos no quieren acordarse.

Leon Larreguí de Zoé no se arrepiente de nada
Sobreviviente del “Torito”, además de sus cósmicas incursiones en el grupo de rock Zoé, el cantante es célebre por el episodio donde fue arrestado en el alcoholímetro de la CDMX. Una de sus frases inmortales, “Ni que fuera Alex Lora, la pronunció cuando le preguntaron si plasmaría en una canción su experiencia. Lo que si sería interesante es que León escribiera una letra acerca de su vida previa a ser el chamán indie intergaláctico rodeado de “anémonas de luz y partículas de amor” que todos suponíamos que siempre ha sido. El front-man de Zoé fue modelo de Armani y además, actor de un video-clip de Shakira (‘Se quiere, se mata’ de 1995) y también se le vio en el promocional de ‘Mi dulce niña’ de Los Kumbia Kings. Bueno, ya lo aclaró en su canción ‘Reptilectric’: “no me arrepiento de nada”…


Natalia Lafourcade: sin coreografías… sí hay Grammys
Antes de ser la diva hipersensible, ganadora del Grammy al Mejor álbum de rock, música urbana o alternativa latina y de haberse dado el lujo de grabar incluso discos conceptuales instrumentales (“sinfónico-pop” dice ella que es su disco Las 4 estaciones del amor), la hoy respetada artista, tuvo un pasado tan de pop plástico, que hasta Jeans la hubieran pensado dos veces antes de cantar lo que Natalia cantaba con Twist, trio noventero que en su momento fue el gran lanzamiento de TV Azteca en el rubro de niñas haciendo playback y bailoteando a ritmos dance “Fey-style”. El grupo tuvo algunos hits menores como ‘Hello, hello’ y ‘Late mi corazón’, canciones que alguno que otro villamelón de la época debe conservar en casete o compact disc (y en su corazón). Ese pasado de pop intrascendente, fue tan solo unos pocos años previo a que Natalia decidiera que quería tener credibilidad que salir brincoteando en la TV no le daría.


Caifanes y los mismísimos ángeles

Saúl Hernández y Alejandro Marcovich ahora están muy peleados. Mientras el primero sigue explotando la veta llamada Caifanes y el otro vive al margen, hubo un tiempo en los 80 en que el par estaba tan unido que incluso se dieron ánimos el uno al otro para trabajar como el grupo de playback del mismísimo “’Ángel del rock”, el argentino Laureano Brizuela, quien (a pesar de su chamarra de estoperoles y su crespa cabellera) era más romántico que Mijares. Es curioso que una banda tan disruptiva en la historia del rock mexicano, tuviera que ser el acompañamiento de un artista que en apariencia era su antítesis, pero al parecer en la guerra y en el rock todo se vale para subsistir.

Hernández y Marcovich (junto a Alfonso André, el eterno cómplice de Saúl desde Las Insólitas Imágenes de Aurora, Caifanes, Jaguares e incluso con aquel efímero proyecto conocido como La Sociedad de las Sirvientas Puercas), también fueron el grupo que salía en la tele en las presentaciones de Alaska y Dinarama, cosa que quizás fue lo que los hizo plantearse emigrar a España al principio de la carrera de Caifanes, pensando que en México jamás iban a ser populares o que el público nos les perdonaría haber sido los querubines del ángel rockero (en realidad, eran casi de utilería porque salían atrás de Brizuela en los videos). Años después, Saúl tendría otros encuentros angelicales, pero de color azul y sin reproches.


Aleks Syntek: “¿Tú también, Brutus?”

Él no es precisamente un rockero. De hecho su estandarte siempre ha sido la defensa del pop “como un género serio que ha sido malinterpretado en México”. Y como para demostrar que no tiene prejuicios, ha colaborado lo mismo con Alan Parsons que con Margarita, La Diosa de la Cumbia. Lo que sí es que muchos no le creían su pose de artista y compositor cuando estaba fresca su participación en la serie ochentera mexicana ‘Chiquilladas’. Según él, le gustó mucho esa etapa haciéndola de Brutus o “el panda maloso”, pero cuando le han planteado un reencuentro (con Chiquidracula y Pituka y Petaka incluidos) el artista se ha negado rotundamente: “La verdad será decadente, creo que haríamos el ridículo”, comentó. Y de hecho, tiene razón.


Jay de la Cueva, todólogo profesional

Su pasado todo mundo lo conoce: tocaba en Microchips con un bajo más grande que él y luego, creció (es un decir) y formó parte de Fobia, fundó Molotov, tocó con Las Victimas del Dr. Cerebro en sus inicios y a la fecha, hace lo propio con Titán, uno de los pioneros del rock electrónico mexicano. Cuando a nadie le importaba ya mucho que digamos su pasado y comenzaba a tener credibilidad en el rock, se saca de la manga a Moderatto, grupo que de ser una broma se convirtió en uno de los baluartes del pop más rentables de la actualidad. De paso, lo acusaron de “destruye hogares” (se llevó a la mitad de Fobia a Moderatto ) y ahora además canta en un grupo tributo a Morrissey en español (Mexrrisey). “Gracias a Microchips estás en el subconsciente de todo México”, comentó en una entrevista que le dijeron sus compañeros en Titán. Lo cierto es que ese pasado siempre lo perseguirá, para bien o para mal.

 


Ely Guerra, seducida por los 80

A finales de los años 80, mucho antes de volverse la cantante “seria” que toca instrumentos y usa looks post-modernos (y anduviera de novia de un Molotov), formó parte de un proyecto pop llamado Carmín, que a pesar de letras como “en un helado mausoleo me siento derretir” y a sus guitarras con distorsión, no ocultaba su estirpe afín a esa música que seguro Raúl Velasco escuchaba cuando se quería sentir rebelde. En la agrupación, Ely hacia coros y coreografías que parecía que copiaba de Ilse de Flans. Digamos que eran como un prototipo dark de aquel trio mexicano. Dudamos que haya reencuentro ni club de fans que lo promueva (de hecho sí lo hay, se llama Carmin Fanclub y está en Facebook). Como curiosidad, en el grupo originario de Guadalajara, también tocó Iván González futuro Maná y Azul Violeta.


Botellita de Jerez… y sí, su caso fue al revés

Y es que ese pasado que hoy les da cierto pudor, fue cuando el grupo ya tenía relativo éxito con su rock a la mexicana. Entonces, los invitan a participar en la telenovela ochentera ‘Alcanzar a una Estrella’, donde además de no saber actuar, la hacían del grupo de cumbias que acompañaba al galán de la historia, Eduardo Capetillo. Según sus memorias, Angélica Vale tuvo un crush con uno de los integrantes y eso los catapultó a hacer una obra de teatro con ella. Cuando pasó su pequeño boom, volvieron a las catatumbas del rock mexicano donde aún se mantienen forjando patria.


Otros casos del rock en español

En realidad nadie le reprocha a Robi Draco Rosa que haya sido parte de Menudo, la boy-band latina por excelencia. Ni a los hermanos Cano, artífices del synth-pop ochentero en español, que en sus inicios hayan querido ser cantantes de trova (José María, específicamente, con una entonces gris Ana Torroja relegada a los coros).

Bunbury ya aclaró que nunca fue parte del casting para Parchis, pero los primeros videos no oficiales de su ex grupo Héroes del Silencio, los muestran como un grupo pop lejano a sus extravagancias existencialistas posteriores. O que unos músicos de sesión grabaran toda la música un disco de Duncan Dhu porque el productor determinó que el grupo estrella no tenía pericia (y que a la fecha parece no gustarles que se lo recuerden). Sí, muy a la usanza del pop de probeta del que Milli Vanilli fueron profetas.