Retratarse de perfil

Angélica Fuentes ha hablado con claridad de su presente y con contundencia de su pasado. Me enorgullece que lo haya hecho en Vanity Fair.

Nuestra portada es la historia de una mujer envuelta en un tsunami. Escrita y fotografiada en mitad del ciclón. Una exclusiva en la que coinciden el interés del personaje, pero también lo agitado del momento. Una historia con mucha cocina, sorpresas, idas y venidas, cambios, sobresaltos. Se ha escrito mucho sobre Angélica Fuentes estos días, se han imaginado los motivos de Jorge Vergara, se ha especulado sobre su historia, su matrimonio, su posible divorcio. Me enorgullece que nosotros hayamos conseguido la confianza de su protagonista y que a ustedes les llegue en primera persona.

En Vanity Fair, las historias tardan en cocerse, las sesiones de fotos son largas, las entrevistas duran varios días, van y vienen. Ésta se ha enredado en el torbellino y Angélica ha tenido la generosidad y la valentía de contarnos antes, durante y después. Preguntas directas, respuestas valientes.

Angélica ha hablado con claridad de su presente y con contundencia de su pasado, de relaciones tóxicas, de situaciones insostenibles. Me van a permitir que les hable de una noticia que también parece surgir de un tsunami. Hace unos días supimos que Juan Fernando López Aguilar, ex ministro español de justicia, declarará por un presunto caso de violencia de género. La investigación comenzó después de dos conatos de incendio en su domicilio, donde se encontraban su mujer, Natalia de la Nuez, y sus dos hijos pequeños. A partir de ahí, la policía interrogó a los vecinos, a familiares cercanos. Entre otros, a la cuñada del exministro, quien abiertamente habló de insultos y hasta golpes.

En la web de Vanity Fair España fuimos los primeros en entrevistar a Natalia. La periodista recordaba en la entrevista que López Aguilar había sido ministro de Justicia precisamente cuando se aprobó en España la Ley de Protección Integral Contra la Violencia de Género. ¿No le resulta muy paradójico?, le preguntó. “Es como cuando un neumólogo sabe que el tabaco es muy perjudicial, pero continúa fumando”.

López Aguilar, mientras negaba todas las acusaciones y como parte de su argumentación, dijo: “No es el perfil de una maltratada declarar en Vanity Fair”. No sabemos muy bien cómo imagina que debe ser el, al parecer, perfil único de las mujeres que sufren maltrato. Teniendo en cuenta que nuestros lectores son en general personas de un nivel cultural y económico medio alto, interesadas por la información y lectores de medios nacionales e internacionales, parece que López Aguilar supone que las mujeres maltratadas son, por definición, ¿poco cultas?, ¿directamente analfabetas?, ¿escasamente inteligentes?, ¿pobres?, ¿incapaces de expresarse en un medio de comunicación?, ¿poco interesantes para un medio de comunicación?, ¿quizá de carácter callado?, ¿todo lo anterior?

Si algo hemos aprendido de años de lucha contra el maltrato es que las maltratadas no tienen perfil. No son de una manera ni hablan de una forma ni conceden o dejan de conceder entrevistas en un tipo de medio concreto. Por supuesto, respetamos la presunta inocencia del exministro. Desde luego, deploramos su perfectamente machista y simplona declaración. Tan manida, tan obvia, tan decepcionante. Y nos quedamos con una certeza . Nuestros lectores acogen a nuestros entrevistados con la inteligencia y el respeto que merecen.