'Tengo muchísimo más miedo al declive físico que al intelectual'

Polémica y sincera, Carla Bruni habla para Vanity Fair sobre cómo vivió ser madre con 44 años.

"Para mí el lujo es el silencio absoluto y la soledad”, dice Carla Bruni (Turín, 1967). De fondo se escucha la voz aflautada y saltarina de una niña. “Cariño, estoy haciendo una entrevista”, le dice a Giulia Sarkozy, la hija que la modelo, cantautora y ex primera dama tuvo con el expresidente de la República Francesa hace solo cuatro años. Hoy, su esposo, tras haber sido desbancado por François Hollande en las últimas presidenciales, vuelve a presentarse a las elecciones, ella lanza un nuevo disco y Francia vive bajo la conmoción de un brutal ataque terrorista. Pero cuando se desarrolla esta conversación, el ISIS aún no ha golpeado París y Bruni está de vacaciones en la playa, en un destino que no desea revelar, así que contesta a cada pregunta relajada y risueña después de dar una larga calada a un cigarrillo, perceptible incluso a través del teléfono.

“Amo España. El año pasado estuve tocando en Barcelona en un parque maravilloso”. En 2016 volverá a salir de gira para presentar su propio LP y una colaboración con el músico estadounidense David Foster. ¿Volverá también a ser la esposa del presidente? “No echo de menos aquel tiempo en absoluto. Fue extraordinario, una gran experiencia, pero como todos los momentos extraordinarios, tenía que acabar”.

Por qué Sarkozy necesita volver a ser presidente

Aunque Bruni nació en el seno de una riquísima familia de la alta burguesía piamontesa de la que es heredera, ha sido modelo de las principales firmas de alta costura (“El desfile en el que más me gustó participar fue uno en el que Karl Lagerfeld rindió homenaje a todos los artesanos de Chanel”) y ha ejercido como primera dama de Francia casada con un político conservador, ella siempre se ha considerado una militante de izquierdas. En cierta manera, aún hoy, sigue presumiendo de una actitud ligeramente hippy. A pesar de que habla con nosotros en calidad de embajadora de Bulgari, asegura que su bien más preciado no se adquiere con dinero. “A alguna gente le gusta comprar cosas caras. Para mí, la obsesión es el tiempo. Necesito más tiempo”. ¿Para qué? “Para retrasar el momento de la muerte”. Se ríe con ganas mientras dice esto. Contesta con esa voz característica, entre ronca y susurrante, que convierte los interludios dubitativos en un placer para los oídos.

Bruni nunca se ha tomado a sí misma muy en serio (al fin y al cabo esta es la mujer que dijo que la monogamia le aburría mortalmente), así que sorprende la posibilidad de que le tenga miedo al paso del tiempo. “Uy, sí. Y tengo muchísimo más miedo al declive físico que al intelectual”. ¿Y tener un hijo más allá de los cuarenta le ha hecho rejuvenecer? “Te hace sentir más joven pero, de hecho, te hace más vieja porque estás siempre cansada. Si no tienes hijos, por favor, duerme. Es mi consejo. ¡Duerme!”. Esto no quiere decir que Bruni se arrepienta de su maternidad tardía: “Ya no era joven cuando tuve a Aurelien [su primogénito, de 12 años] Pero antes no hubiera estado preparada. No quería renunciar a mi carrera profesional, a mi vida como modelo, a viajar. En realidad una nunca está preparada, pero llega una edad en la que no tienes otra opción”.

La vida amorosa de esta mujer no ha sido precisamente tranquila. Entre sus conquistas se cuenta, entre otros, el editor literario Jean Paul Enthoven l hijo de este último, Raphael Enthoven. Él fue quien consiguió que Bruni se replanteara el tema de la maternidad. Y a él le dedicaba una canción en Quelqu’un m’a dit, el disco con el que vendió dos millones de copias en todo el mundo. A pesar de que ella siempre ha sido una máquina de generar titulares e historias jugosas, cuando el mundo se enteró de que Carla Bruni y Nicolas Sarkozy vivían una historia de amor la reacción de la prensa mundial fue de escepticismo. Una década después, siguen juntos.


*Descubre el resto de esta historia en nuestra edición impresa de enero.