Así es de cerca Angelina Jolie, con y sin Brad Pitt

Descubre cómo es día a día la actriz, cómo piensa, cómo era su vida de casada.

No creo que, si Brad quisiera reconquistar a Angelina, le enviara un ramo de flores. Porque a ella no le gustan. Obviamente, si lo recibe lo acepta cortésmente, pero lo considera un despilfarro. En una ocasión, a una persona que quería enviarle un bouquet como felicitación de cumpleaños, le hizo saber que como regalo prefería una pequeña donación a una organización benéfica.

Tampoco se entusiasma con la ropa cuando, antes de algún evento, tiene que escoger lo que debe ponerse; prefiere no tener demasiada gente alrededor y pocas prendas entre las que elegir. Casi siempre viste con los mismos colores. Cada vez que me he encontrado con ella, iba completamente de blanco o de negro, sin joyas y sin maquillar, ni siquiera una gota de base de maquillaje, salvo que hubiera tenido que grabar algo para la televisión unos minutos antes. Estoy segura de que es una estrategia premeditada que busca no distraer a su interlocutor del contenido de la conversación.

Cada vez que alguien se presentaba en su suite con ropa y accesorios con vistas a una aparición pública, jamás la he visto emocionarse ante un par de zapatos o un bolso. Si algo no le gusta, lo dice sin medias tintas y, sea como sea, hace lo que quiere sin pedir su opinión a nadie. Excepto, en ocasiones, a sus hijos, si están presentes, para hacerles partícipes por un instante. Breve y puntualmente. Angelina siempre es puntual y si los demás no lo son se puede enfadar mucho. Cuando conversa con alguien está atenta y concentrada, no atiende llamadas, no pierde el tiempo ni se lo hace perder a los demás. Es rigurosa en todos los sentidos. Mientras que muchas actrices reciben (y a menudo demandan) regalos de los coordinadores de moda, ella raramente lo hace. La frivolidad no forma parte de su mundo.

Durante el rodaje de ‘El sustituto’, dirigida por Clint Eastwood, me dijo que aquel labial que el director le había hecho llevar durante toda la película “era verdaderamente exagerado”. Le repliqué que le quedaba muy bien y ella respondió: “Por favor, con esta boca tan enorme prefiero los colores claros que la hacen resaltar menos”.

Tanta discreción no significa que Angelina carezca del indispensable narcisismo estético de las actrices. Le gusta que la retraten y que la admiren, o al menos le gustaba cuando era aún una novata y no la superestrella mundial en la que se ha convertido. George Holz la conoció en 1999 en el estudio Primal Light de Chelsea, Nueva York. Tenía que fotografiarla para el semanario People, porque la habían elegido entre las 50 personas “más bellas del año”.

Llegó sola, sin séquito y se puso a mis órdenes —recuerda Holz—. Solo teníamos que hacer un retrato, pero seguimos durante horas. En un momento dado, Angelina vio un cuchillo en la cocina y quiso posar con él. Me dijo que le interesaban mucho los cuchillos, se fijaba en ellos, conocía sus nombres y los detalles de los materiales. Al final de la sesión nos despedimos con la promesa de volver a vernos, como se hace siempre en estos casos. Me contó que se regresaba a Los Ángeles y que desde allí partiría para recorrer los Estados Unidos en moto con un grupo de amigos. Me preguntó si quería unirme y disparar fotos. Le respondí que sí, pero al final nunca lo hicimos”.

Angelina de joven era así: espontánea, un poco tímida. Francesca De Michele, ahora en Sky Italia, pero que en los años noventa estaba en la oficina de prensa de una distribuidora cinematográfica, recuerda: “Pensar que hoy la delgadez de Angelina Jolie se ha convertido en tema de conversación me hace sonreír. En 1998 se encontraba en el festival de Berlín para presentar Jugando con el corazón y todos, especialmente nosotros los europeos, la consideramos una segundona.

Pregunté a varios periodistas italianos si querían entrevistar a la hija de Jon Voight, y solo recibí negativas. Estaba guapísima, con el pelo teñido de azul y algo mofletuda con sus mejillas redondas. Cuando pienso ahora en ello, tengo la sensación de que observaba el mundillo del festival y a todos los que trabajábamos en él con gran curiosidad, mientras que nosotros nos distraíamos con el resto de actores y perdíamos la ocasión de conocerla justo en el momento en el que comenzaba su carrera”.

Una década después, la atención de los europeos en torno a Angelina era de una naturaleza bien distinta. Un día, en París, le conté la noticia que circulaba en Italia. Ella y Brad Pitt, tras el tiempo que habían pasado en Venecia rodando ‘The tourist’, estaban intentando comprar una casa en el Lago de Garda, sobre las colinas de Valpolicella. Ella me contestó : “¡Ojalá!”

Esta ha sido siempre su manera de gestionar la popularidad: una sonrisa que esconde un cierto desprecio por el cotilleo, una sonrisa que afirma la férrea voluntad de acudir a la prensa cuando ella quiere y como ella quiere.

Angelina tiene pocos amigos y hay quien afirma, incluso, que “ningún amigo y sobre todo ninguna amiga”. Es un alma solitaria y leal a unos pocos escogidos. Por ejemplo, mantiene al mismo representante que se ocupaba de ella al comienzo de su carrera. Se llama Geyer Kosinski, y cuando se conocieron era el último de la escala jerárquica de la agencia William Morris. Muchos en Los Ángeles le llaman Geyer “The Liar”, Geyer el mentiroso, por su habilidad para manipular las noticias.

Jolie siempre ha sido fiel, no solo a Kosinski, sino a cualquiera que haya respetado sus instrucciones. Ha mantenido a lo largo del tiempo sus estrechos lazos con la maison Versace, que comenzó a vestirla cuando aún no era una celebridad. El día de su boda con Brad Pitt, el 23 de agosto de 2014, llevó un vestido bordado por Luigi Massi (con los dibujos de sus hijos), histórico maestro de la firma Versace, al que Angelina considera de la familia. En los meses previos, mientras dirigía ‘Inquebrantable’ en Australia, Massi tuvo que ir allí para discutir con ella los detalles del vestido pero, como ya sabemos, no trascendió a la prensa internacional. La noticia de la boda nos tomó por sorpresa. Otra sorpresa, aunque quizá habría que decir una conmoción mundial, ha sido también la demanda de divorcio de Pitt, aparecida el pasado 19 de septiembre; una cubeta de agua fría sobre nuestros sueños proyectados en aquella imagen de pareja perfecta.

Ni siquiera Andrew Morton, periodista y escritor inglés, que en 2010 publicó la muy bien documentada biografía no autorizada Angelina (St. Martin’s Press), se esperaba este epílogo. Desde Londres, explica por teléfono su tesis sobre el divorcio del año: “Creo que en la base de todo hay un grave conflicto sobre la educación de los hijos. Como ya se sabe, Brad y Angelina vienen de familias muy diferentes. Los padres de Brad llevan más de 50 años casados; la madre, Jane Etta, es orientadora familiar, y él creció en un mundo de valores tradicionales. Es posible que beba alcohol y fume, pero la esencia de su formación no ha cambiado. Angelina procede de una familia desestructurada. Su madre, Marcheline Bertrand, dejaba libertad absoluta a sus hijos y la adolescencia de Angelina, como es conocido, fue más que turbulenta”.

La actriz me contó una vez: “Mamá se comparaba con una nube de golosina rosa y blandita. Era una mujer que nunca alzaba la voz, que tenía dificultades para expresar sus sentimientos. Ni siquiera cuando era pequeña y me regañaba porque mi habitación era un desastre, llegaba a gritarme. Pero cuando se trataba de defender a sus hijos sacaba una fuerza sobrehumana”.

Morton prosigue: “En estos doce años —y eso es un periodo muy largo para lo que ella está acostumbrada, considerando la corta duración de sus dos matrimonios anteriores [con Johnny Lee Miller y Billy Bob Thornton]—, Brad Pitt ha sido su punto de apoyo. Pero Angelina es una especie de criatura de aire, una mujer que antes o después se aburre y se desengancha para recuperar la libertad”.

Hay una Angelina del antes y el después de Brad, una Angelina del antes y el después de su toma de conciencia humanitaria, una transformación que ella me describió así: “Mi vida es mucho más caótica y llena de aventuras ahora, que cuando se me definía como una joven rebelde. Brad y yo hemos pilotado aviones, hemos viajado sin descanso y hemos ido a lugares muy complicados, y lo hemos hecho llevando con nosotros a nuestros hijos. Me siento mucho más valiente hoy que cuando era una chica furiosa y angustiada. Crecí entre Los Ángeles y Nueva York, sabía muy poco del mundo y estaba encerrada en mí misma. Solo cuando salí de mi cascarón y empecé a preocuparme por los demás encontré a la verdadera Angelina”.

Adoraba a su madre (“a su muerte, me quedé destrozada”, me dijo en una ocasión), pero Angelina ha tenido durante mucho tiempo una relación conflictiva con su padre, Jon Voight. En 2005, el actor se encontraba en Italia rodando una serie sobre el Papa Juan Pablo II. Lo entrevisté y le pregunté si no tenía ganas de conocer a sus nietos que, en ese momento eran dos, porque después de Maddox, de Camboya, había llegado Zahara, de Etiopía. Me dijo que le habría encantado pero que no era a él a quien tocaba decidirlo. Angelina siempre ha sido un hueso duro de roer, una mujer muy decidida, y la relación con su padre se dulcificó solo cuando ella decidió que había llegado el momento.

La tesis de los orígenes familiares opuestos, de un lado la armonía burguesa, del otro los dramas con tintes bohemios, siempre ha estado presente en el permanente escrutinio al que ha sido sometida la pareja. Bernie Brillstein, agente desde hace tiempo de Brad Pitt, y socio de Brad Grey, amigo y a su vez socio durante mucho tiempo de Pitt, decía que la relación entre la pareja no duraría nada si no fuera precisamente por la incompatibilidad entre ambos mundos, el más convencional de Brad y el de la excentricidad de Angelina. Brillstein murió en 2008, pero si viviera hoy podría exclamar: “¡Lo dije desde el principio!”.

Precisamente: el principio. Siempre se ha dado por supuesto, y Andrew Morton lo confirma en su libro y de palabra, que Brad y Angelina se conocieron en 2004 durante el rodaje de ‘Sr. & Sra. Smith’. En mi opinión, es posible que las cosas sucedieran de otro modo.

En 2004 entrevisté a Mariane Pearl, autora de las memorias ‘Un corazón invencible’, en las que narra la historia de su marido, periodista de The Wall Street Journal capturado y decapitado por Al-Quaeda mientras trabajaba en Pakistán. Plan B, la productora de Brad Pitt, acababa de adquirir los derechos del libro. Mariane Pearl me dijo: “Fui a comer a casa de Brad Pitt y Jennifer Aniston. Mi hijo Adam estaba conmigo, ellos hicieron la comida y bromearon con él. Se notaba que querían tener un hijo. Después nos sentamos y charlamos. Tenemos más o menos la misma edad y nos caímos bien. Brad es inteligente y carismático. Los dos leyeron el libro con atención y lo entendieron. Si ruedan una película lo harán con la mejor de las intenciones. Me han preguntado si me gustaría participar en el guión, pero rechacé la propuesta. Sin embargo, me reservé el derecho de supervisarlo absolutamente todo”. Le pregunté si tenía en mente a alguien en particular para el papel de Mariane. Pearl respondió: “¿Qué le parece Whoopi Goldberg?”.

Un mes más tarde me encontré en Roma con Jennifer Aniston, que estaba promocionando la película ‘Y entonces llegó ella’. La actriz había rechazado una entrevista conmigo a solas y únicamente aceptó hablar junto a su compañero de reparto, Ben Stiller. Un clásico truco que las estrellas de Hollywood usan cuando quieren evitar cuestiones demasiado personales. Sin embargo, le pregunté en qué punto se encontraba el proyecto de ‘Todo corazón’. Aniston me respondió de un modo tajante, casi gélido, que me pareció excesivo: “No hay todavía fecha para comenzar a rodar. Estamos buscando el guionista perfecto y desde luego no seré yo quien interprete a Mariane Pearl”.

El 21 de mayo de 2007, Angelina Jolie subía la famosa escalera del Festival de Cannes de la mano de su compañero y productor Brad Pitt como protagonista de ‘Todo corazón’.

No tenemos pruebas, pero quizá Brad y Angelina se conocieron antes de rodar ‘Sr. & Sra. Smith’. Puede que se encontraran precisamente para hablar de ‘Todo corazón’, una película que, desde luego, ella deseaba interpretar y de cuyo libro Pitt custodiaba los derechos. ¿Es posible, entonces, que rodaran ‘Sr. & Sra. Smith’ porque querían pasar tiempo juntos? Por lo demás, como recuerda Andrew Morton, Angelina siempre había sentido debilidad por Brad. “Nunca le interesó mucho el mundo de las estrellas de Hollywood, probablemente también porque es el ambiente en el que creció, pero siempre estuvo enamorada de tres actores: Johnny Depp, Willem Dafoe y sobre todo Brad Pitt, y todo esto muchos años antes de que sucediera nada de lo que estamos hablando”.

Que la mecha prendiera en una reunión sobre el proyecto de ‘Todo corazón’ o en el estudio de rodaje de ‘Sr. & Sra. Smith’, cambia muy poco las cosas. El resto es historia, como suele decirse.

Y es una historia que se desarrolla rápidamente, con Brad acompañando a Angelina a Etiopía para adoptar a Zahara y continúa con el nacimiento de Shiloh, su primera hija natural, en Namibia, el 27 de mayo de 2006.

Angelina decidió dar a luz en esta parte de África, de la que se enamoró cuando rodó Más allá de las fronteras con Clive Owen. Shiloh nació en la Welwitschia Clinic de Walvis Bay, estrechamente vigilada por las autoridades namibias. Se taparon las vistas a los periodistas durante la última fase del embarazo, y el feliz acontecimiento se convirtió en un asunto de Estado para este pequeño país. Aquel verano visité Walvis Bay y toda la ciudad, desde los hosteleros a los dueños de las tiendas, bendecían la elección de Angelina, que había dado un impulso al turismo nunca visto hasta entonces. En aquel momento, y durante mucho tiempo después, la familia Jolie-Pitt se convierte en un modelo de conducta, un ideal de belleza, una marcha triunfal de buenos sentimientos y de esplendor.

Un esplendor que se ha hecho añicos. ¿Solo por “diferencias irreconciliables” en la educación de los hijos? ¿Solo porque, como se dice, ella ha despedido una tras otra a todas las niñeras porque no quería que se encariñaran demasiado con los niños o, lo que es peor, con Brad? ¿Solo porque él bebe y se fuma un porro de vez en cuando?

Nunca lo sabremos.

*Lee el texto completo en la edición impresa de noviembre 2016.