‘La creación es de Dios, yo solo hago cositas’

Adolfo Domínguez es conocido por diseñar encantadoras prendas ropa, pero en entrevista habló de cine, libros, política y más.

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Se formó en cine, pero desvió el camino hacia la moda. Se anticipó al eco-boom y decir que “la arruga es bella” fue el despegue de una compañía de alcance mundial, pero Adolfo Domínguez asegura que no se trata de un reinado. “Es una empresa, no un imperio”. En una parada en México y con libro de ficción ya en edición, el diseñador sostiene una charla poco convencional. Física de partículas, reducción de la huella de carbono y la forma en que se desprendió de la envidia dominan la conversación.

VANITY FAIR:
Tiene en manos un nuevo libro, ¿de qué irá?
Adolfo Domínguez: Es ficción. Está con mis editores pero ya te contaré.

VF: Iba para cineasta, ¿cómo terminó en la moda?
AD: Estudié cine en París y luego torcí porque no había hueco o era uno en que había que tener mucha paciencia para entrar, y como nací entre costuras me volví al taller de mi padre.

VF: Aún así produjo en 1995 la cinta 'La Moños'. ¿Qué huella le dejó el cine?
AD: Me dio una riqueza. Pero me influyen muchísimo más esas mujeres que te cruzas en la calle y que te hacen torcer la cabeza, las mujeres que hacen de vestirse un quehacer poético, esas te influyen muchísimo más que cualquier película.

VF:
Ha afirmado que quien crea es Dios. Entonces, ¿qué hace Adolfo Domínguez?
AD: ¡Cositas! Crear solo Dios. Hemos devaluado la palabra creación. Los griegos no creían en esa palabra, la veían absurda. Para mí creadores hay pocos. Y en la historia crean cuatro: Einstein, Newton, Mozart, Cervantes... Shakespeare, Juan Rulfo, Sor Juana, ellos también son creadores.

VF: Con esas “cositas” ha gestado un imperio.
AD: Una empresa que tiene presencia importante. Pero es una empresa, no un imperio. Un imperio es el romano y el que ejercen hoy los estadounidenses. Nos influyen a todos; los aparatos que usamos: iPhone, iPad, vienen de California, nos han cambiado enormemente. Es un imperio, blando, no es guerrero pero es imperio.

VF: Ahí podría estar Donald Trump.
AD: No veo a Trump de Pericles del siglo XXI. Creo que EUA es un país muy culto para no escogerlo. Y si lo escoge, ¡ostras! Pero tiene anticuerpos: hasta los republicanos votarán por Hillary.

VF: Lleva más de 40 años en la industria. ¿Cómo sobrevive?
AD: Es un ejercicio perpetuo de adaptación. Incluso la manera en que veo las cosas ya no está de moda, pero si no te adaptas mueres.

VF: ¿Ha habido azar en su carrera?
AD: Si está presente en la física de partículas, cómo no va a serlo en la vida. ¿Es lo mismo nacer en Uganda que en Nueva York? ¿Es lo mismo tener de profesor, como tuve, a Jacqués Lacan? ¡Joder, qué diferencia! Te cambia la vida tener un buen profesor o padres. Eso es azar y te toca dónde te toca.

VF: ¿Le ha abrumado la moda en algún punto?
AD: No. La vida es cansada. Pero digo: “ya descansaré cuando me muera y por toda la eternidad”. ¿Hay oficios que no sean cansados? Estamos diseñados para sobrevivir, no para ser felices. En biología es así.

VF: Se anticipó al eco-boom.
AD: Fui ecologista antes de tiempo. Tenemos que tener un discurso sostenible porque somos demasiados en la Tierra mientras no nos vayamos a Marte, y nos iremos, lograremos colonizar el sistema planetario y la galaxia. Mientras tanto tenemos que reparar las heridas que le hemos infringido por exceso de consumo y gente.

VF: Viscosa, lino, celulósicas. ¿Fue difícil convencer al mundo?
AD: El lino me costó y aún hoy lo devuelven porque se arruga. Pero más las fibras celulósicas, que son muy sostenibles y se mezclan maravillosamente con la lana, que no es sustentable por antonomasia, pero mezclada le bajas su huella de carbono a la mitad y la haces sostenible.

VF: Se ha dicho que el digital eliminará al papel ¿Sucederá lo mismo en la moda?
AD: Para los que vendemos un oficio tan sensual, seguirá habiendo tiendas, menos pero habrá.

VF: ¿Se visualiza como un hito?
AD: Soy consciente de dónde estoy. Cuando te gusta Mozart y la música desarrollas humildad. No me importa no haberla compuesto yo. El sentimiento de envidia lo experimenté de joven, pero aprendí a admirar.

VF: ¿Hasta cuándo será bella la arruga?
AD: Siempre, es definitivo. Es como Burt Lancaster: ¿De trapecista o Marqués de Salinas? Yo lo prefiero de Marqués y ya estaba bastante arrugado.

*Texto publicado en nuestra edición impresa de julio 2016.