Los actores que encabezan la revolución en Hollywood

Ellos redefinen las reglas del camino al éxito; son las estrellas más inconformistas que brillarán próximamente.

Se puede identificar, pero nunca programar. Como esa lluvia que en el soleado Hollywood fingen con aspersores, simplemente sucede. El éxito en la industria del cine es tan esquivo como caprichoso. No hay una fórmula para alcanzarlo. “Me han dado muchos consejos, pero solo uno me ha servido: si vas a fracasar, que sea a lo grande”, recordaba hace unos años Cate Blanchett. La australiana, ganadora de dos Oscar y nominada en 2016 por su papel en el drama ‘Carol’, es uno de los mejores ejemplos de cómo desafiar las reglas del viejo Hollywood. Ha hecho las películas que ha querido, tanto entregas de ‘El señor de los anillos’ y películas de arte y ensayo como ‘I´m not there’, en la que se transmutó en Bob Dylan.


También ha conseguido rodar cuando y donde ha querido, como sucedió con ‘La verdad’, un filme ambientado en los cuarteles de la cadena estadounidense CBS y cuyo rodaje logró trasladar a Australia. “No quería estar lejos de mi marido y mis hijos, y me pusieron facilidades”, sonreía al contarlo. Su último hito, conseguir que el gigante Marvel acepte sus condiciones salariales para aparecer frente a Chris Hemsworth y Tom Hiddleston en ‘Thor: Ragnarok’.

En una de las capitales mundiales del éxito a cualquier precio, actores y actrices como los que ilustran este reportaje han decidido no pagar peajes ni acumular deudas. La sudafricana Charlize Theron, que había entrado en el cine por la puerta de servicio destinada a las modelos, decidió destrozar su imagen de chica Martini para acceder a papeles de mayor enjundia. Con ‘Monster’ (2003) endureció sus facciones y engordó lo suficiente para convertirse en una asesina. “Sentí una corazonada con ese papel, aunque no era el que me aconsejaban hacer”, ha explicado.


“Lo malo fue que muchos comenzaron a esperar transformaciones físicas extremas en cada nueva película”. Por supuesto, Theron no sucumbió a esa presión, aunque tampoco tuvo reparos en raparse la cabeza e implantarse una prótesis en el brazo en ‘Mad Max: Furia en el camino’. “Me he guiado siempre por este tipo de impulsos para decidir los papeles que quería hacer. Y, curiosamente, cuando no lo he hecho —no diré cuáles, pero cualquiera que conozca mi carrera los identificará— las películas no me han hecho crecer ni ganar dinero a sus productores”, revelaba Theron cuando le preguntaban por las claves secretas del éxito.

Las mismas cuestiones que un jovencísimo Bradley Cooper, entonces estudiante del Actor’s Studio, le hizo a Sean Penn a mediados de los años 90 sobre la profesión. Debió de tomar buena nota porque aquel joven aspirante es hoy uno de los intérpretes más respetados de la industria, por su talento como actor pero especialmente por su ojo para definir su carrera. “Sobriedad, eso es lo que marcó la diferencia para mí”. No habla solo de una actitud. El protagonista de ‘¿Qué pasó ayer?’ dejó de beber a los 29 años (hoy tiene 41) y comenzó a vislumbrar su camino: “Trabajar con los mejores, cuantas más veces mejor, hasta crear un círculo artístico y personal muy fuerte”, asegura.


Otras veces un éxito temprano puede ser un lastre tan pesado como una cadena de fracasos. Jennifer Jason Leigh, hija de actor y guionista, a los 20 años ya era una de las habituales del star system. En 1992 con ‘Mujer soltera busca’ fue la respuesta femenina al Anthony Hopkins de ‘El silencio de los inocentes’. Podría haber sacado más partido a ese registro, pero prefirió trabajar con Robert Altman, los hermanos Coen o Stanley Kubrick, aunque su contribución en ‘Eyes wide shut’ se perdió cuando el cineasta insistió en repetir sus escenas y ella no tuvo tiempo ni paciencia. “Los actores elegimos papeles para ampliar nuestro repertorio, pero con el paso del tiempo lo único que importa es la historia y quién la va a dirigir”, contaba recientemente. “Me obsesionaba con no hacer personajes parecidos, por lo que el público pudiera pensar sobre mí. Absurdo, la única persona que recuerda tu carrera eres tú”.


A Benicio del Toro le exigían siempre que fuera otro, hasta que se dio cuenta de que debía ser él mismo. Mucho más que una cara perfecta para un narcotraficante o un asesino a sueldo con acento latino, el puertorriqueño ahora puede ser un excéntrico coleccionista de joyas espaciales en Guardianes de la galaxia, cuya secuela se estrenará a finales de 2017, o un cooperante en el Kosovo recreado por Fernando León de Aranoa en Un día perfecto.


“Mis padres estaban totalmente en contra. Querían que fuera a la universidad. No conocían a ningún actor. Tenían miedo”, cuenta Carey Mulligan. Casi igual que Brie Larson que a los tres años le dijo a su madre: “Quiero ser actriz”, empezó a estudiar arte dramático a los seis y veinte años después se alzó con la estatuilla dorada por su empeño en salir de una habitación.

Un ejemplo de cómo abrirse las puertas del cine con pequeños papeles es Eddie Redmayne. Tras interpretar el papel de ‘Marius Pontmercy’ en el musical ‘Los miserables’, salió por la puerta grande de la 87 edición de los premios Óscar gracias a su protagónico en La teoría del todo.
Ahora son ellos los que con sus actitudes sinceras están escribiendo las reglas del nuevo juego que se libra en Hollywood.