Aaron Paul para rato

Después de Breaking Bad, participó en filmes independientes. Ahora compartirá créditos con los más grandes de Hollywood.

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Al advertir la presencia de Aaron Paul resulta absurdo no pensar en Jesse Pinkman, aquel popular personaje que encarnó el actor en la serie de televisión Breaking Bad. El rol infería en el típico antihéroe que el público simplemente adoptó por sobre el resto del reparto: un drogadicto carismático, quien difundiría con éxito términos como “yo” y “bitch” dentro del vocabulario de la cutura pop. En fachada, Aaron parece ser alguien muy ajeno a Jesse. “¿Prefieres hacer la entrevista afuera? No imagino realizarla en un cuarto de hotel, ¿qué te parece?”, me pregunta de inmediato el actor en la antesala del exclusivo hotel donde se hospedaba en carácter de invitado especial del Riviera Maya Film Festival. “Esta es mi primera vez en Playa del Carmen. Amo este país. He visitado la Ciudad de México y algunos resorts en la costa del Pacífico. Además te confieso que la comida mexicana es mi favorita”, dice sonriente.

Después de que concluyera su participación en Breaking Bad, Paul se ha visto inmerso en distintas producciones fílmicas, destacando algunas de carácter independiente. Algo totalmente opuesto a la atmósfera de abundancia que deriva del pertenecer a uno de los éxitos televisivos más importantes de la última década. De acuerdo con el actor, entre más grande es una película, “encuentras más chefs en la cocina”. Se refiere a ese grupo de productores que representan a los estudios y quienes toman las decisiones más importantes con respecto a un filme.

El cine independiente americano está vivo y sano. Creo que mi corazón está ahí. Hay algo extraordinario en llegar al set y conocer los nombres de las veintitantas personas que laboran en la cinta”, asegura emocionado cuando le pregunto sobre su trabajo en esta reducida fracción de la industria. Sin embargo, admite que el rol de Jesse le regaló una carrera en esta difícil profesión, además de concederle cierta estabilidad económica y emocional; de hecho, confiesa que fue complicado decir adiós al personaje. “Breaking Bad abrió las puertas para todos los que estábamos involucrados en esa producción. De alguna forma, esto ha facilitado que nos acerquemos a proyectos interesantes, pero paradójicamente existe una exigencia constante de demostrar que puedes interpretar otro tipo de personajes. Hoy trato de ir en sentido contrario y continuar buscando desafíos”.

En el último par de años, Paul se ha mantenido ocupado rodando de manera incesante algunas cintas, entre las que destacan Triple 9, de John Hillcoat, y Fathers and Daughters, en la que interpreta a la pareja de Amanda Seyfried, personaje en pugna con su padre representado en la figura de Russell Crowe.
“¿Regresar a la televisión? No lo veo como un plan a corto plazo. ¿Cómo superar lo logrado con Breaking Bad ? Pero tampoco rechazo la posibilidad de volver a la pantalla chica si encuentro el material conveniente”, agrega de manera tajante. El futuro parece algo impreciso. Por lo pronto, pretende relajarse, empezando por esta visita a México. “Quiero quedarme un poco más de tiempo en Los Ángeles, tomar las cosas con calma. Como actor creas cierta paranoia de no poseer un empleo seguro, pero por lo pronto, estoy produciendo una serie animada para niños con Netflix, donde presto mi voz a uno de los personajes. Es un proyecto muy divertido, además de que toda esta experiencia de ver una temporada completa vía streaming en sólo unos días me intriga. Te confieso que soy de los espectadores tradicionales que disfrutan ver un capítulo semana a semana, como Game of Thrones o Breaking Bad”, concluye. 

 

*Este artículo fue publicado originalmente en nuestra edición impresa de julio.