'Waist training' o la historia de cómo regresamos al siglo XVI

Con ayuda de las hermanas Kardashian, la práctica del corsé ha vuelto a ser popular entre las mujeres.


En el siglo XVI la práctica del corsé era el pan de cada día para las mujeres adineradas, quienes alrededor de los 12 años de edad –y por el resto de su vida– se ajustaban a incomodísimas estructuras metálicas con tal de moldear su figura a los estatutos de belleza de la época. La moda se extendió durante varios siglos sometiendo a la cintura femenina a un estricto control, tal y como se aprecia en una inolvidable escena de Lo que el viento se llevó, en la que Scarlett O'Hara, se encuentra frustrada por lucir una cintura de 20 pulgadas (50 centímetros) en vez de la de 18 y medio que tenía antes de dar a luz. Esa diferencia de pulgada y media bastó para desmoralizarla y lograr que prefiriera quedarse encerrada en su cuarto.

Afortunadamente, en los años 1900, después de la llegada de Paul Poiret y Coco Chanel con sus diseños holgados, el uso del corsé pasó de moda y surgió un nuevo prototipo de cuerpo femenino. Fueron días felices, días de libertad para la cintura femenina, hasta que llegaron las hermanas Kardashian y lo echaron todo a perder.

Tras años de vivir olvidado en el cajón de las tendencias que no queremos ver de regreso, el waist training (entrenamiento de cintura) se ha convertido en una práctica cada vez más común entre celebridades como las Kardashian, Kylie Jenner, Amber Rose, Lindsay Lohan e incluso Jessica Alba, quienes se sirven de fajas y corsés para lograr una cintura diminuta, realzar el busto y conseguir una figura de reloj de arena. Y con la influencia que estas mujeres tienen entre sus seguidoras, no ha sido extraño ver cómo un séquito de mujeres comparten en redes sociales fotografías en las que también aparecen atrapadas en fajas con las que parece ser casi imposible respirar, todo con tal de obtener esas curvas que ven en la televisión.

La pregunta del millón es ¿funcionan? De acuerdo con los expertos sí, pero no. Pues aunque es posible ver resultados en la reducción de la cintura, se trata únicamente de un efecto temporal. De cualquier forma, honestamente dudamos que un método que requiera tener un pedazo de tela amarrado a la cintura durante más de 12 horas con tal de perder un par de centímetros valga la pena intentarse.