Vacaciones sin pudor

Así ha evolucionado el turismo erótico en América Latina.

Atrás quedó el morbo que provocaba la playa nudista. Tal vez porque en realidad no representaba gran cosa después de todo. Si la gente creía que el simple hecho de estar sin ropa propiciaría una orgía, ¡oh, decepción! Aunque otras reacciones bien podían suscitarse —porque la naturaleza es canija, incontrolable y a veces vergonzosa—, los asistentes tienen muy claro a lo que van; tomar el sol y disfrutar sin pena, prejuicios o “sucios pensamientos”.

Sin embargo, puede que este espacio sea el eslabón más light del turismo erótico. Todavía hace algunos años se practicaban otras actividades de forma furtiva. Parecía que el encanto radicaba precisamente en ese rasgo, en lo prohibido. En 2011, el diario Clarín destapaba el osado y discreto circuito de Punta del Este; fiestas swingers en el parador Chihuahua y un “performance” estático en el Divas Le Club, en el que toda la acción recaía en la audiencia.

Ese mismo año, en la también conocida Saint Tropez sudamericana, por fin se presentaba el primer paso para impulsar abiertamente esta categoría turística con la inauguración de dos hoteles, el Chihuahua Nude Beach Hotel y el Paradise, enfocado en la población gay. Aunque sus programas de entretenimiento destacaron en su momento por las fiestas temáticas, shows en vivo y karaoke, el qué hacer seguía limitado a satisfacer a un público promedio “guapachoso”.

En Río de Janeiro, el Azamara Journey, bautizado como “el crucero del deseo”, fue otro cómplice en la perpetuación del cliché. No es raro que la gente tenga la idea de que lo salvaje y lo vulgar sean los únicos caminos válidos o fructíferos cuando se habla de diversión sexual. Así como una despedida de soltera cuenta con su respectivo estríper, este viaje consideró indispensable la impartición de clases de tubo, silla, yoga (seguramente estilo kamasutra) y masajes con el famoso final feliz.

Es lógico que este tipo de planes, si no le apetece en absoluto, diste mucho de las vacaciones de ensueño y le lleven a seguir satanizando al turismo erótico. La buena noticia es, aunque parezca mentira, que México se perfila como salvador al haber apostado por el lujo y la exclusividad con el Temptation Cancún Resort, una multimillonaria obra (en dólares) del reconocido diseñador egipcio Karim Rashid, creador del minimalismo sensual.

Además del aspecto arquitectónico y la decoración, su oferta culinaria es el otro factor que eleva el nivel de la experiencia. Abarca las 15 cocinas más representativas del mundo en siete restaurantes con menús afrodisíacos y platillos que hacen honor a sus nombres. Si la comida no llegara a ser suficiente, se suman sofisticados playgrounds (para adultos, obviamente), un spa, gimnasio, cinco bares y un club nocturno. ¿Ya vio? La esperanza no está perdida, emprender una aventura erótica chic todavía es posible.