Lo que siempre quisiste saber de la playa y no te atreviste a preguntar

¿Cuál es la distancia mínima aceptable entre toallas? ¿Dónde tiro las colillas? ¿Cómo cambiarme de traje de baño?

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Ya sabemos que no tener una playa para ti solo es una contrariedad impropia de tu categoría pero, ¡anímate! y piensa en la cantidad de impuestos que te ahorras. Si tienes que compartir arena con otras personas es fundamental que no pierdas los modales y conozcas las reglas elementales de la urbanidad playera. Estas son algunas preguntas que ni tú –ni nadie– se atrevió a hacer. Y sus respuestas.

¿Cuál es la distancia mínima aceptable entre toallas?
Dependerá de la densidad de la playa en la que pretendas pasar el día pero, por tu bien y el de tu reputación, descarta cualquier playa en la que el diámetro entre tú y otros seres sea menor de un metro. Mejor dos. La relación toalla/toalla es también válida para los binomios pie/cabeza y cabeza/cabeza… ajenas, se entiende.

Me gustan todos los salvavidas ¿es normal?
Sí, sí. Los socorristas están ahí para que a ti te gusten. De hecho, es extraño que todavía ningún ayuntamiento costero haya puesto una tasa para que la contemplación de tanta belleza y tal bronceado tenga su rendimiento.

¿Puedo hablar por celular?
Puedes y dependiendo de los días, debes. Pero entiende que estás en una playa, que la brisa transporta las ondas de tu voz y las amplifica. Hazlo bajito y no abandones esta norma en ningún lugar que no sea tu casa cuando estás solo.

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¿Qué hago si, de pronto, tengo ganas de hacer pis?
Haz pis. Pero busca un baño. Si no lo encuentras, haz pis. Pero haz como que no haces pis. Sobre todo, ten a bien no hacer pis cerca de otras personas si aquello ya es incontrolable. De todos modos, tranquilízate, todo el mundo sabe que nadie hace pis en la playa, tú tampoco.

¿Puedo escuchar música?
Claro que sí, amigo. La música es cultura y la cultura hay que llevarla a todas partes. No así los radios o cualquier otro reproductor que obligue al prójimo a escuchar la misma música que tú. Con audífonos mejor, culturízate solo.

¿Dónde tiro las colillas?
¿Todavía eres fumador? Deberían prohibirte el acceso a la playa y la pensión si llegas a jubilado. Pero ya que estás allí, solo una regla: jamás en la arena ni en el agua. Te las guardas o las tiras a un basurero. Sí hay. O en esas latas de cerveza vacías de las que tampoco deberías abusar, amiguito.

¿Cómo cambiarme de traje de baño?
A veces hay que exponerse a la enfermedad y al frío para no parecer un gañán, un exhibicionista o, lo que es peor, alguien torpe y poco coordinado. Esta es una de esas veces.

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¿Puedo comer en la playa?
Hay pocas cosas tan encantadoras como quitarse el hambre frente al mar, arena mediante. Está permitido todo lo que se pueda comer sin cubiertos. Los bocadillos de calamares o de tortilla, quizá un buen filete empanado con sus pimientos. Una bolsa de papas repleta de grasa poliinsaturada, un helado… ¡haz locuras y toma una pieza de fruta! Pero por el amor de Dios, ni se te ocurra llevar una de esas neveras que refrigeran la ensaladilla rusa.

¿Puedo discutir con mi familia en la playa?
No, por favor, recuerda lo de la brisa reverberando tus palabras. Ahora imagina que esas veinte personas que te rodean se enteran de que no bajas la tapa del inodoro.

¿Puedo tener conversaciones delicadas en la playa?
Sí ¡por favor! No hay nada más divertido en un aburridísimo día de playa que enterarse de que un tal Jaime se está viendo con su cuñada o que una tal Mariví va a plantar al marido por WhatsApp.

 

¿Aún tienes más dudas sobre cómo comportarte en la playa? Las resolvemos aquí.