Tlatelolco, el indestructible

A 48 años de la matanza del 68, Tlatelolco se sobrepone al sufrimiento y el dolor con un huerto orgánico, un museo y actividades físicas y culturales a disposición de todos.

2 de octubre no se olvida. No se ha olvidado nunca. No se olvidará ahora. No se olvidará jamás. Tlatelolco significa “montículo de arena”. Fue el centro comercial más grande e importante de los aztecas y era visitado por más de 30 mil personas a diario. No en vano, cuando Hernán Cortés llegó a México, fue uno de los lugares que más llamó su atención.

Si bien quedó sumido en el dolor por la matanza de los estudiantes en 1968 y los daños causados en varias edificaciones –sobre todo el derrumbe del edificio Nuevo León- luego del terremoto de 1985, ha decidido desde hace un tiempo mostrar su cara más amable a los citadinos.

Y no para cerrar las puertas al recuerdo. Es, más bien, un esfuerzo de los propios habitantes de la zona, siempre viva y activa, que siempre se han levantado de las calamidades, incluida por supuesto la del devastador temblor de hace 31 años. Con ese apoyo popular, y alguno que otro empujoncito del gobierno capitalino, Tlatelolco presenta muchas caras nuevas.

Los varios miles de ciudadanos que viven en el enorme complejo habitacional –la Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, diseñada por el arquitecto Mario Pani y descrita alguna por Carlos Monsiváis como “la utopía del México sin vecindades-, al propio costado de la Plaza de las Tres Culturas, lograron hacer sonar la fuerza vecinal y atraer diversos proyectos culturales, gastronómicos y de entretenimiento. Justo ahí donde cada 2 de octubre se reúne gente de toda la ciudad a conmemorar la masacre estudiantil de 1968.

En el edificio Oaxaca, por ejemplo, se encuentra el Huerto Tlatelolco. Es, nada más y nada menos, que el renacer de la agricultura urbana. Son cerca de 650 metros en donde puedes aprender a cosechar tus propios alimentos como lo hacían nuestros antepasados. Sí, ve por esos guantes, una pala y a trabajar se ha dicho.

 

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Una foto publicada por CCU Tlatelolco (@ccutlatelolco) el

 

El maíz es una de las especies que se siembran en el Huerto Tlatelolco, así como algunos árboles frutales y chiles, además lechuga, betabel, espinaca y col. En tanto, las semillas son importadas de Veracruz y se utiliza abono natural. Nada de pesticidas.

El poder del arte

Un velo de luces rojas y azules adornan la Torre Tlatelolco, sede hasta 2005 de la Secretaría de Relaciones Exteriores. El edificio, visto desde cualquier extremo de la Ciudad de México, conmemora la nueva vida del Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM. Ahí mismo se encuentra Memorial 68 –creado en el 2008-, un espacio del propio museo destinado a construir conciencia por medio de la reflexión de lo acontecido. Un espacio de memoria colectiva. Una manifestación cultural que simboliza ese grito memorial de “2 de octubre no se olvida”. Pero también, el CCU Tlatelolco participa dentro del programa Noche de Museos mensualmente con actividades distintas. Actualmente cuenta con una exposición temporal hasta el 19 de febrero de 2017, con motivos prehispánicos llamada "In Tlilli In Tlapalli", disponible de martes a domingo de 10 a 18 horas en el pasillo del centro cultural que da a la zona arqueológica.

¿Un poco de emoción nocturna? Se llevan a cabo conciertos colaborativos de canto, rock, poesía e improvisación liderados por el artista Todd Clouser, un apasionado del rock ácido y el jazz eléctrico que radica en México. La entrada es libre. Así que agenda la cita para el 27 de octubre.

Las exposiciones en Tlatelolco también valen la pena. En la colección Stavenhagen, por ejemplo, verás la diversidad, riqueza y creatividad de los grupos mesoamericanos presentes en más de 500 piezas. Chamanismo, ritualidad, enfermedades, sexualidad, la familia, la vida y la muerte son materia de interés en esta colección ecléctica.

Underground, ejercicio, manjares y baile

Ahora, Tlatelolco también ofrece espectáculos de danza, circo y teatro, un club de cine,  narraciones orales para niños y, hasta el 16 de octubre, un tour por el cómic underground de los años 60.

A las actividades se suman los talleres que se dictan. Hay para niños, jóvenes y adultos. El último miércoles de cada mes, por ejemplo, el zapateado y el son jarocho son los anfitriones de un fandango abierto al público. Lleva tus zapatos de baile para celebrar la cultura veracruzana.

Otra opción a visitar es el Museo de Tecpan, un gran referente cultural. Situado a 100 metros al Oriente de la Plaza de las Tres Culturas, junto al Jardín de Santiago, se aloja el mural de David Alfaro Siqueiros: “Cuauhtémoc contra el mito”, de 1944.

Una obra plástica que combina pinturas modernas y soportes de madera, además de esculturas hechas por Luis Arenal Bastar. Así aparece Cuauhtémoc oponiéndose al fin de su civilización a manos de los conquistadores españoles, además de la cabeza de un indígena decapitado y la desconcertada figura de Moctezuma II ante la caída de su imperio.  

Una civilización que hoy reconstruye su tradición con talleres vivenciales como el de “Manjares y metates”, impartido por el chef Jesús Roldan. Aquí se habla de la herencia culinaria prehispánica mientras se realiza la preparación de chiles, nixtamal y cacao, para posteriormente elaborar salsas, tortillas y agua de chocolate, mismos que podrás degustar al final del taller.

El movimiento estudiantil de 1968 es uno de los episodios sociales más significativos de la historia de México. La matanza ocurrida el 2 de octubre de ese año es, ciertamente, uno de los momentos más oscuros de esta propia historia. Y la vida de Tlatelolco, pese a tantos tragos amargos, se mantiene y se crece, como en un ímpetu por darle brillo a un lugar que fue rodeado de tanta oscuridad. Participar de este renovado esplendor es un modo sublime de honrar la memoria de todos quienes aquí perdieron la vida, tanto en 1968 como en 1985.